Monday, January 25, 2010

La gran paradoja

Cuando la asignación de recursos del país se orienta más por el poder adquisitivo de cada uno que por el presupuesto nacional que se nutre de los impuestos, el aparato productivo y de servicios se pone al servicio de los más ricos. El ochenta por ciento de los chilenos experimenta los frutos más amargos de las políticas sectoriales donde los votos monetarios han pasado a decidir qué, cómo y para quien producir. Es lo que ocurre en salud, donde los buenos hospitales, clínicas y profesionales de la salud están mayoritariamente al servicio de quienes tienen los planes más costosos con las organizaciones privadas; lo mismo ocurre en la educación, en la previsión para la vejez y en la movilidad de las personas.

 

Como fruto de las visiones económicas instaladas hace más de treinta años, mantenidas y profundizadas en el tiempo, la gran mayoría de la población del país sufre a diario continuas frustraciones: por las larguísimas esperas en los hospitales, por los resultados en la educación pública, por el hacinamiento en el metro y por las pensiones misérrimas. Pero una cosa es percibir los efectos y otra interpretar sus causas. Así, la mayor parte de las personas asocia las políticas concretas – producto de esas visiones – con los sucesivos gobiernos de la concertación que han sido los responsables del país desde hace veinte años. Es decir, gobiernos que se identifican con la centro izquierda en las palabras y en la composición política del conglomerado de partidos que lo sustenta, han aplicado políticas de derecha cuyos resultados concretos son criticados por buena parte de la población. Como la crítica a los desastres en educación, salud, transporte y previsión ha sido liderada – aunque sólo de manera genérica - por la derecha política, ha sido este sector el que ha cosechado el descontento. La paradoja tiene una fuente adicional: el conglomerado gobernante no podía denunciar tal aprovechamiento demagógico de los errores cometidos; ¿se imagina el discurso? “nuestros errores son fruto de haber aplicado políticas de derecha, así es que vote por nosotros, no por ellos”. Notable.

 

No debe extrañar, por lo tanto, el desbarajuste al interior de la coalición gobernante. Por una parte, hay quienes ya se han acostumbrado a las concesiones viales, a la desregulación, a la idea del cobre privado, a la inestabilidad laboral, al autofinanciamiento del transporte público, a los votos monetarios; para ellos no hay errores. Por otra, hay quienes creen haber hecho lo mejor que se podía y no parecen tener muy claro tales errores. No nos sorprendamos si los primeros aparecen oportunamente en ministerios y secretarías a partir de marzo. Ojalá que los otros, todos los otros, ordenen la cabeza y se pongan a buscar el Bello Sino.

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Sunday, January 10, 2010

No estamos solos (en la madrugada)

Tras la muerte de Franco a fines de 1975 se produjo una brusca apertura cultural que significó, entre otras cosas, el libre ingreso a la cartelera española de varias películas previamente censuradas. Paradójicamente, tal proceso me favoreció durante mi primera visita a Madrid en 1976, pues tuve la fortuna de poder ver La Caída de los Dioses, un clásico del cine de Visconti que fuera estrenado en 1969, y La Tregua, estupenda adaptación de la novela homónima de Benedetti, filmada en 1974. Pero el fin de la dictadura también permitió que los cineastas españoles pudiesen tratar temas previamente prohibidos con menor temor. Ese proceso, sumado al descuido de los censores nacionales, nos permitió ver Asignatura Pendiente de José Luis Garci en Santiago, aunque varios años después de ser filmada y estrenada en España en 1978. Allí, un joven abogado laboral dedicado a representar dirigentes sindicales perseguidos – personificado por José Sacristán - se reencuentra con una casi novia de la época escolar, con quien tiene un romance que se mantiene hasta poco después de la muerte del caudillo. Me gustó tanto que desde hace algunos años he buscado el DVD, infructuosamente hasta hace poco pues lo encontré finalmente (y en oferta) en la Fnac de Madrid como parte de una colección recién editada de películas de Garci.

 

Repasé los títulos y las descripciones de otros filmes del autor sin la intención de llevar más que aquel que tanto había buscado. Pero hubo uno que me llamó la atención, pues la portada mostraba al mismo José Sacristán hablando frente a un micrófono en lo que parecía un estudio de radio. La síntesis en la contraportada del DVD decía que, efectivamente, la cinta – también de 1978 - narraba la historia del conductor de un programa radial nocturno titulado Solos en la Madrugada, donde combinaba música y muy personales comentarios acerca de las actitudes en realidad española de entonces; es decir, una estructura muy parecida a mi programa Bello Sino. No pude evitar adquirirlo y lo vimos hace poco con mi mujer en casa. Quedamos sorprendidos. En medio de canciones de la década del sesenta tanto en inglés como en castellano, el personaje dirigía a sus auditores comentarios contundentes y ácidos - aunque también amenos -  contra un pasado que había frustrado el desarrollo intelectual de toda una generación de españoles. El paralelo con mi viejo programa Con Los Ojos del Sesenta nos resultó evidente. Pero mayor sorpresa nos causó observar el giro que experimenta el programa una vez que su conductor pasa por varias experiencias, incluyendo su rechazo a un ofrecimiento para irse a la BBC de Londres. Con una nueva actitud, se le escucha llamando a encontrar maneras de construir un mejor futuro, es decir, lo que usted y yo entendemos por un Bello Sino.

 

Alguna vez argumenté que la cantidad de aliados en la búsqueda de un mejor destino colectivo eran muchos, unos conocidos y otros anónimos; músicos, escritores y pintores, pero también dueñas de casa, estudiantes, oficinistas, obreros, profesores y jubilados. Deberé ahora incluir a personajes de ficción, fruto de la imaginación realista de un director de cine. Es que no estamos solos, ni en la madrugada ni a plena luz del día.

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Sunday, January 3, 2010

Señales para un Bello Sino

Luego de treinta y siete años de control de los medios de comunicación por nuestra derecha – mediante la fuerza primero y el poder del dinero después – no deja de ser notable que sigan en pie visiones alternativas a la poderosa ideología dominante que, tras la promoción de las bondades de la competencia y el mercado, provee sustento subjetivo a la perpetuación de privilegios e inequidades. No estoy pensando en nuevas visiones articuladas que pretendan explicaciones holísticas, ni en posibles construcciones intelectuales que podríamos – legítimamente – haber desarrollado quienes maduramos en ambientes de mayor libertad. Me refiero a manifestaciones concretas de intranquilidad juvenil con las acciones que deben realizarse para sobrevivir en esta nueva forma de organización social.

 

A fines de los ochenta, cuando Los Prisioneros interpretaban las percepciones de un amplio sector juvenil (y no tan juvenil) poniendo música al rechazo intuitivo de los valores que se estaban instalando en nuestro país, el cineasta Luc Besson nos hizo llegar su película aquí llamada Azul Profundo (The Big Blue). En su momento no le asigné prioridad a lo que percibía como una historia de buzos en Grecia. Me llamó la atención que todos mis alumnos no sólo la habían visto, sino que la habían hecho su película favorita del momento, por su música, su fotografía y su fondo argumental; sentí un deber exponerme a la nueva estética juvenil. Lo sorprendente del asunto es que, más allá de sus posibles méritos visuales y musicales, el filme resultó valóricamente novedoso. En lo que entiendo fue su primer papel protagónico, Jean Reno personifica a un campeón mundial de buceo que busca denodadamente vencer a un amigo de infancia quien, siendo mejor que él, no quiere competir. El amigo ama el mar y sus secretos; el buceo es para el una forma de vida, un placer. Así, la película resulta ser una denuncia a la actitud competitiva ulcerante, mostrando la cara del gozo creativo tras las tareas no alienadas. En medio de la vorágine competitiva que se enseñoreaba en nuestro país, los jóvenes estudiantes que me recomendaron el filme rescataban la posibilidad de algo mejor.

 

Veinte años después del episodio anterior algo semejante me ocurrió recientemente con Hacia Rutas Salvajes (Into the Wild), película cuya descripción gruesa no me convenció lo suficiente como para verla. Nuevamente mis alumnos me hicieron recapacitar; “buena”, me aseguraron unánimemente. La oportunidad se dio en un vuelo fuera del país. Así vi la saga de un joven norteamericano que en 1990, tras terminar sus estudios universitarios, decide alejarse de la sociedad y convertirse en errante, renunciando a las posesiones materiales y quemando sus ahorros (en sentido literal: prende fuego a los billetes). Atraviesa los estados de la costa Oeste en un viaje que dura algo más de dos años, interactuando con múltiples personas con evidente aprecio e interés por ellas, a pesar de lo cual termina por aislarse en Alaska, en íntimo contacto con la naturaleza viviendo en un bus abandonado ¿Qué mecanismos activarán la mirada positiva de los jóvenes de hoy hacia tan radical actitud?

El aprecio de jóvenes chilenos por la denuncia que el séptimo arte hace de la competencia angustiosa hace veinte años y del camino marcado por el dinero hoy, me hace pensar que hay algo indestructible en nosotros los humanos: la capacidad de intuir los efectos nocivos de tales valores como fundamento de la vida en sociedad. Levanto esta observación como una señal de que un Bello Sino es posible.

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Sunday, December 27, 2009

Pelotas otra vez

Fue a comienzos de los ochenta cuando conocí esta historia navideña que he contado tantas veces desde entonces. Preparábamos una pequeña celebración en la oficina como suelen hacerlo en todos los lugares de trabajo. Mientras conversábamos acerca de la dificultad de encontrar regalos adecuados para los niños, uno de los muchachos que apoyaba profesionalmente en los proyectos nos miraba sonriente. Cuando le hicimos notar que ya sabría de esas cosas cuando tuviera hijos, nos dijo que su papá nunca había tenido problemas con él. Ante nuestra mirada interrogadora continuó, recordándonos primero que venía de una familia de ingresos más bien bajos. “Todos en el barrio éramos fanáticos del fútbol”, nos dijo, “y la pelota de cuero que yo recibía en Navidades era la única del lote de amigos; la usábamos todo el año en las pichangas de la calle”. Nos contó que el partido del 24 de Diciembre se jugaba con mucha moderación ya que la pelota de la Navidad anterior estaba en las últimas, y que el 25 en la mañana todos estaban esperando en la puerta de su casa a que él apareciera con la pelota nueva. Y así - durante muchos años – él y su padre fueron los héroes-proveedores de la sana diversión de la patota vecinal.

 

Hace una semana estábamos en similares preparaciones para comenzar el tradicional “amigo secreto”, que nosotros jugamos en una entretenida versión probabilística, descrita en una crónica anterior (ver http://www.radio.uchile.cl/notas2.asp?idNota=42869). Uno de los muchachos preguntó si habíamos visto en la tele el reciente comercial de una compañía de telefonía celular. Expliqué – una vez más – que no podría haberlo hecho ya que no veía televisión. Cuando me describieron – muy críticamente - el contenido del comercial, les dije que me resultaba difícil creerlo, a pesar de los tiempos que corren. Al día siguiente el mismo muchacho me envió a mi correo electrónico el comercial de marras, que resultó ser tal como lo habían descrito: dos niños reciben una pelota de fútbol cada Navidad, la que aceptan con una aparente sonrisa de felicidad que resulta ser una máscara. Y el comercial llamaba a terminar con estos regalos tan vulgares, promoviendo el regalo de un celular de la compañía respectiva. Quedé perplejo; no debido a la promoción de un producto en Navidad (todos los comerciales hacen eso) sino al evidente desprecio por el regalo sencillo que muchas veces esconde historias tan reales como la que describí al comienzo de esta crónica o la que me tocó protagonizar cuando mis chicos estaban en el colegio y me pidieron un Atari, el primer juego de consola. Cuando indagué por la razón de tal pedido me dijeron que era muy entretenido y que todos sus compañeros tenían uno, lo que los obligaría a estar permanentemente en las casas de los amigos. Cuando les dije que no teníamos por qué hacer lo que los demás hacían, me contestaron astutamente que tampoco era sensato dejar de hacerlo siempre. Hice notar que había muchas cosas que hacíamos como los demás: comer, ir al cine, conversar, cantar, leer, y así. No quedaron convencidos y vi que la situación no era sencilla de enfrentar. Y se me ocurrió una de las buenas ideas que he tenido: les regalamos un sencillo taca-taca, lo que provocó una avalancha de compañeros de curso en nuestra casa por las tardes y en fin de semana. Y cuando se rompió, pues hubo que reemplazarlo… por otro.

 

Tal vez ese comercial - que manifiesta abiertamente el desprecio por el regalo de una pelota y el aprecio por el engaño mediante una falsa sonrisa - fue concebido por alguien con algún tipo de trauma infantil. O tal vez fue la forma en que el publicista pudo convencer al ejecutivo que lo encargó y que lo encontró genial. Y tal vez al contarle esta historia estoy contribuyendo a que ese ejecutivo se congratule pensando que ha tenido gran impacto. Pero usted y yo sabemos que la búsqueda del Bello Sino está llena de pelotas de todo tipo. No claudique. Que tenga usted un hermoso 2010.

 

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Saturday, December 19, 2009

Amores y café cargado

Mientras escribo esta crónica, Ella Fitzgerald me canta que se siente muy sola, que no ha podido dormir, que camina y vigila la puerta mientras toma café muy cargado, y que es lo único que hace desde que se fue su hombre. Su interpretación de “Black Coffee” - con la sola compañía de un piano – me convence, tanto como Vargas Llosa cuando me cuenta del aparentemente unilateral amor que un traductor siente por la traviesa niña mala, quien se cruza intermitentemente en su camino y se mete en su cama mientras busca la estabilidad del dinero y el poder en otros brazos. Pero el traductor la quiere y la protege, tanto que ella lo busca cuando las cosas no pueden irle peor.

 

El amor dependiente, inseguro, aparece continuamente en el arte. Cuando el lechero Tevye, personaje central del Violinista en el Tejado le pregunta a comienzos del siglo veinte en Rusia a su mujer Golde si lo quiere, ella contesta: “Por veinticinco años he lavado tu ropa , cocinado tus comidas, limpiado tu casa, engendrado tus hijas y ordeñado la vaca; ¿Por qué hablar de amor ahora?” Claro, cuando el matrimonio ha sido arreglado por los padres el pobre tiene todo el derecho a preguntarse si su mujer lo ama ¿O no? Ya no se qué pensar. Una querida amiga me contó que, en un viaje a la India, tuvo oportunidad de visitar a una pareja de ancianos, amigos de su hermana quien vivía allí temporalmente. Aunque los ancianos se habían casado por arreglo de las familias, mi amiga quedó simplemente asombrada por el evidente cariño que la pareja mostraba al cuidar detalles domésticos que sólo tenían por fin el bienestar del otro.

 

Hace poco conté mi usual chiste malo en una mesa de amigos lejanos, en el extranjero: “mi mujer es bonita, inteligente, gana buen dinero y cocina delicioso; si me amara sería perfecta”, dije. Todos rieron, celebrando el chascarro, salvo un colega grandote, de ojos cansados y hombros que mostraban el paso de los años. Sin enojo pero con firmeza comentó que lo que yo planteaba era una chorrada, que las inseguridades en el amor eran mala fuente de bromas: “No tienes derecho a dudar de ese cariño después de treinta y cuatro años”, apuntó. Por alguna razón me acordé de la acotación de una amiga - esposa de un amigo muy compinche - al comentar nosotros acerca del pololeo de juventud de su marido con una presidenta de la república. “Pocas pueden decir que le ganaron a la presidenta”, nos dijo sonriente; “fui yo quien me casé con él”.

 

Complicada cosa esta del amor maduro. O tal vez no. Tal vez es simplemente que la vida en pareja está llena de recovecos, detalles, ambigüedades y ternuras incompletas. O puede que - como ahora me canta Ella en la tercera repetición del CD - “me estoy poniendo sentimental por ti”. Por eso tengo una foto de mi mujer en la pared frente al escritorio donde escribo; porque allí, junto a los hijos, los Beatles, la Romy Schneider y el Che, su imagen me recuerda que la difícil búsqueda del Bello Sino tiene amores que ayudan. Feliz Navidad.

 

 

 

 

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Sunday, December 13, 2009

Favoritos revelados

En la jerga del estudio del comportamiento económico de los individuos se habla de preferencias declaradas y reveladas. Las primeras se refieren a lo que decimos preferir, en tanto que las segundas se muestran en lo que efectivamente elegimos, no siempre coincidente con lo declarado. Las preferencias reveladas se manifiestan de mejor manera cuando nos vemos enfrentados varias veces a optar entre las mismas alternativas, reflejando cierta consistencia. Cuando visitamos una ciudad por primera vez, por ejemplo, nos guiamos por datos de variadas fuentes para conocerla. Pero nuevas visitas nos llevan a elegir con mayor conocimiento de causa, a optar entre lugares ya conocidos, aunque la accesibilidad (cercanía) y la inercia (el hábito) juegan un papel no menor

Si bien es imposible conocer todos los rincones potencialmente atractivos de ciudades grandes, mis lugares favoritos revelados han ido decantando de manera muy consistente. De los muchos sitios que conocí en mi primera visita a Caracas, la segunda vez mis preferencias me llevaron caminando desde mi hotel – pasando bajo horrendas autopistas urbanas – hasta Sabana Grande, el paseo peatonal que nació alrededor de la estación de Metro del mismo nombre, donde desde tempranas horas se juntan los viejos a jugar damas y dominó; parece que la tradición social me resulta atractiva. Si una visita a Madrid incluye un domingo, voy sin falta a las librerías de la Cuesta Moyano, cerca del Prado, donde los libros, los libreros y los visitantes forman un conjunto irresistible; y la Fnac de Callao es el complemento imprescindible. En París son mandatarios un almuerzo en el Polidor y un par de horas en la tienda de discos de Gibert Joseph, una de las más completas que conozco, con muchos adeptos que intercambian información musical en forma discreta mientras repasan un anaquel tras otro.

En Londres desapareció lo que fue visita obligada durante un par de décadas: Mister CD, el local de música cuyas paredes estaban completamente cubiertas de estantes enfrentados a no más de tres metros de distancia. Hoy la elección es compleja; sin embargo, he descubierto que nunca ha faltado el plato contundente en The Crypt, el autoservicio instalado sobre antiquísimas tumbas en el subterráneo de la iglesia de St. Martin in the Fields, junto a Trafalgar Square. Creo que el mercado en Camden entrará fuerte a la pelea.

Pero los deberes no siempre dejan el tiempo necesario para revelar las preferencias. Me ha ocurrido que, en ciudades a las que acudo con cierta frecuencia por razones profesionales, como Santander en España, pasan los días y no salgo del circuito laboral salvo para responder a esporádicas invitaciones de mis anfitriones. Debo confesarle, sí, que el trabajo no me impide escuchar el noticiario matinal de nuestra radio ni el comentario del director, que en el invierno europeo se capta al mediodía. No puedo evitar contarle además que en la medianoche de un miércoles un tabernero amigo hizo escuchar Bello Sino a los parroquianos de su bar en la hermosa capital de Cantabria. Es que mis preferencias reveladas son muy nítidas en el ámbito radial.

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Monday, December 7, 2009

Se lo compro

En el último festival de la canción de Viña del Mar un humorista, imitador realmente agudo, personificaba al candidato presidencial de la derecha dirigiéndose a los chilenas: “Señora, no quiero que me de su voto; se lo compro”. El chascarro provocó primero carcajadas y luego sonrisas amargas, reflexiones. Es que el chiste representa lo más profundo de la alienación hoy imperante en nuestro país, donde hasta los feriantes son comprados para vender frutas y verduras con las poleras de los candidatos del dinero.

La modificación del comportamiento para Skinner es el cambio permanente de conducta a través del reforzamiento positivo. Dentro de estos, el dinero – el salario - parecería ser un instrumento muy efectivo, pues es de fácil manejo: puede graduarse, suprimirse o aumentarse dependiendo de los resultados. No sólo se trata del contrato mediante el cual uno se compromete a realizar una labor por un pago; también está la coima, herramienta privilegiada de la corrupción. Le hago notar que el carácter reforzador del salario, del pago por una labor, no sólo está presente en aquellos trabajos desagradables, aquellos que no haríamos si no nos pagaran; también influye en la cantidad de horas que uno asigna a trabajos en principio agradables: la música, la escritura o la investigación científica.  

Como en muchos otros campos, el arte también ha rescatado el carácter instrumental del salario. En la segunda parte de la saga de El Padrino un grupo de gángsters, jefes de sus respectivas “familias”, se reúne en La Habana pre-revolucionaria de los cincuenta. En algún momento celebran el cumpleaños de uno de ellos, quien maneja los negocios en Cuba - incluyendo las coimas al presidente – y les ha informado de lo estable de la situación en este país con un gobierno amigo. Michael Corleone, el joven Padrino, les dice que ha presenciado un enfrentamiento entre soldados  y un grupo de rebeldes. Alguien señala que estos “son sólo unos locos”. “Puede ser”, dice Corleone, “pero se me ha ocurrido que a los soldados les pagan por combatir, a los rebeldes no”. Cuando el gangster celebrado le pregunta por el significado de sus palabras, Michael responde: “Pueden ganar”. Para quienes la lealtad comprada es la base de su poder, las personas que realizan acciones sin mediar pago resultan potencialmente peligrosas, muy peligrosas.

Por eso el salario fijo y estable es fuente de libertad. También lo es el manejo del consumo superfluo y angustioso. Ambas cosas apuntan en la dirección de superar la esclavitud del salario. Claro que en la medida que nuestro patrón de consumo responde al sabio manejo de nuestro ingreso pasamos a ser menos comprables y, por lo tanto, más peligrosos para quienes quieren usar el salario como fuente de dominación sobre nuestras voluntades. Le hago notar que esto nos debería hacer amigos del avance tecnológico que contribuye a reemplazar trabajos desagradables por procesos automatizados, lo que requiere de organización para que tal cosa se transforme en más tiempo libre y creativo y no en cesantía.

¿Será posible que el manejo del salario modifique irreversiblemente la conducta, generando actitudes permanentes con respecto al trabajo? Puede que no directamente, pues aunque el dinero es un reforzador positivo, es artificial en el sentido de que su presencia parece ser requerida permanentemente. La distribución de volantes de un candidato por un pago no significa que el joven vaya a votar por ese postulante; y qué decir de aquellos que trabajan por lo que su candidato representa en educación, salud, previsión, cultura, sin mediar pago alguno. El verdadero reforzador en el trabajo es la conexión positiva, satisfactoria, con el resultado concreto: un alumno bien formado, un cuento bien hecho, un mueble apropiado, una canción que nos refleja. Y el castigo más efectivo no es el encarcelamiento o las multas sino la censura de nuestros pares. Difícil batalla esta, que requiere estar alerta. Tal vez debiésemos dar una mirada cada cierto tiempo a la portada del disco Nevermind, de Nirvana, donde el bebé inmerso en el agua es estimulado por un billete enganchado en un anzuelo. Eso nos recordará que la búsqueda del Bello Sino está plagada de tentaciones.

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Sunday, November 29, 2009

Carambolas presidenciales

Una pareja joven, profesionales inteligentes, me contaba de sus preferencias presidenciales. “Nos gusta el candidato A pero estamos pensado en votar por C, ya que si este saca pocos votos podría pasar B a segunda vuelta y perdería contra D, que es el peor de todos”, me explicaban. Un estudiante recién inscrito en los registros electorales también me daba sus razones: “C representa más de lo mismo; y aunque B no tiene equipo, las encuestas muestran que tiene más apoyo que A y que podría ganarle a D”. Y un joven hijo de profesores me dice que no quiere la vuelta de la Unidad Popular ni la continuación del estilo del pituto; “es cierto que D se parece a Berlusconi, con mucha plata y medios de comunicación, pero sin las putas” me explicaba. Y la gentil pareja de la tercera edad planteaba que “el señor A es vecino y nos gusta mucho, pero va muy atrás en las encuestas”. Interesante.

Ninguno de estos testimonios suena muy extraño ¿Verdad? Pero una mirada rigurosa logra detectar algo peculiar común a tres de ellos: el resultado que se cree más probable en primera vuelta condiciona el voto que finalmente… decidirá el resultado de primera vuelta. Puesto de otra manera, nuestro voto estaría influido por cifras probabilísticas que se suponen habrían representado el total de los votos, incluido el nuestro. Como estas cifras varían en el tiempo, cabe preguntarse si este proceso dinámico - en que la intención influye el voto y el voto a la intención – permite realmente predecir. Le propongo romper este proceso.

Le propongo rescatar la idea misma de una elección, donde se supone que vamos a manifestar nuestras preferencias y no a jugar billar donde lo importante son las carambolas. Veámoslo de otra manera: si usted quiere influir con su voto en lo que pase en este país, deje que su voto refleje lo que usted desea en educación, en salud, en las leyes laborales, en la cultura, en la previsión y en todas esas dimensiones de la vida en sociedad que no pueden sino resolverse colectivamente. Salga o no salga elegido su candidato, usted habrá manifestado hacia dónde quiere que vaya el país y cómo debemos organizarnos para ello. Tal vez sin carambolas resultemos muchos los que buscamos un Bello Sino, y en una de esas…

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Sunday, November 22, 2009

Reflejos domesticados

Cuando se dice que los niños y los borrachos dicen siempre la verdad se alude a la inocencia de unos y a la incapacidad momentánea de urdir mentiras de los otros. En ambos casos afloran las verdaderas percepciones y juicios. Los infantes aún no desarrollan la cautela que induce el sistema educativo social que nos hace guardar las formas con personas que no apreciamos u ocultar hechos que puedan causar conflicto. Y el alcohol reduce esa cautela permitiendo que asome la expresión demasiado cariñosa, la agresión directa, la mirada lasciva o la actitud permisiva. En ambos casos actúan con más fuerza los reflejos de todo tipo.

 

Los reflejos básicos son aquellos que se producen sin mediar la voluntad ni el grado de exposición al medio social. Como usted bien sabe desde el colegio, la pupila actúa regulando la entrada de luz a nuestro sistema óptico, contrayéndose o dilatándose según reciba más o menos luz. Eso que llamamos “acostumbrarse a la oscuridad” no es sino la adaptación de las pupilas que se dilatan lentamente para recibir más luz al igual que el diafragma de una cámara fotográfica. También recordará el reflejo rotuliano que nos hace levantar la pierna cuando, estando sentados, el médico nos golpea levemente bajo la rótula de la rodilla. Distintos son los reflejos condicionados, en los que la repetición de seudo estímulos los convierte en estímulos verdaderos, como la campanilla de los animales de Pavlov, quien la hacía sonar simultáneamente con la llegada del alimento; la asociación del sonido con el alimento hacía generar jugos digestivos a los animales al escuchar la campanilla aún sin que el alimento llegara. Esta relación causa-efecto también puede ser provocada por asociaciones espurias casuales, fuente de no pocas supersticiones en deportistas o actores que usan cábalas para “obtener” buenos resultados.

 

El estudio de los reflejos condicionados dio origen al conductismo, escuela que muestra que el comportamiento puede ser visto como la suma de una serie de estímulos que actúan como reforzadores o inhibidores de determinadas conductas, como el terrón de azúcar que premia al caballo cuando repite cierta rutina circense induciendo la obediencia al entrenador. Le hago notar que el uso de este tipo de mecanismos de premio y castigo es muy frecuente en los humanos, lo que llevó a Burrhus Skinner – el padre del conductismo – a identificar el uso del salario como el reforzador positivo mas efectivo. Es posible descubrir todo tipo de estímulos en las relaciones conyugales, de amistad o laborales.

 

Los medios de comunicación han permitido masificar este sistema de inducir comportamiento, mediante el premio o alabanza de quienes son funcionales a la dominación de los poderosos y el castigo al indócil o al rebelde. Y aunque los mecanismos son variados, el uso del lenguaje es muy interesante, como la calificación de un extranjero como activista si ayuda a defender el medio ambiente o canta canciones comprometidas con los pobres, o de emprendedor si viene a administrar las ganancias de una transnacional. Incluso un miembro del cuarteto gobernante en los setenta y los ochenta en nuestro país inventó la calificación de “humanoides” para quienes sostenían políticas de izquierda, sugiriendo sin ambages la licencia para eliminarlos. Y este tipo de lenguaje actúa de manera tan efectiva que ha domesticado incluso a buenas gentes que siguen pidiendo certificación de demócratas a los “humanoides” en vez de pedirla a quienes avalaron el término, coordinaron consultas fraudulentas o expulsaron a intérpretes populares.

 

La domesticación de las conciencias es tarea permanente de los poderosos y sus medios. Contrarrestar esa labor mediante la conversación, el canto, la discusión o la lectura, es tarea diaria de quienes queremos un Bello Sino.

 

 

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Sunday, November 15, 2009

Presente, Profesora

A raíz del movimiento de los profesores por sus salarios he observado gran cantidad de discusiones con muchos matices en torno a tales reivindicaciones y sus fundamentos. Aunque todo el mundo parece estar de acuerdo en que hay que rescatar la educación pública, por ahí escucho que sólo los profesores bien evaluados deberían acceder a mejores remuneraciones. Por otro lado me llega el testimonio de una profesora que no entiende cómo la podrían evaluar por el rendimiento de sus alumnos si muchos de ellos tienen deficiencias que no dependen de sus esfuerzos pedagógicos; además no le parece correcto abandonar a esos muchachos para subir su puntaje (y su salario). He consultado por los sueldos de los profesores de los colegios particulares del barrio alto y descubro que al menos ellos están bien pagados. Entonces no puedo sino concluir que las personas de altos ingresos están dispuestas a pagar altas mensualidades que permiten pagar buenos sueldos a los profesores. Es decir, parece que hay acuerdo en que hay que tener buenos profes y buenos salarios.

 

Mientras recibía todas estas señales informativas, en mis lecturas era el turno de Paul Auster – el magnífico escritor norteamericano - y su novela Hombre en la Oscuridad. El personaje central es un hombre en sus setenta, escritor y crítico literario, que tiene dificultades de movilidad debido a un reciente accidente. Vive con su hija separada y su nieta cuyo novio ha muerto hace poco. Por las noches tiene dificultades para dormir y se entretiene creando historias, una de las cuales ocupa buena parte del libro de Auster. En ella un individuo es rescatado de un pozo y entra en un Estados Unidos paralelo, en otra dimensión, donde no hay guerra en Irak pero si una guerra interna de secesión, donde los estados se han ido separando del gobierno federal formando nuevas confederaciones más pequeñas en el Noreste o en el Pacífico. El personaje se las arregla para que le cuenten qué ha ocurrido en este país alternativo. Se entera de los cambios a partir del año 2000 en que, a raíz de unas cuestionadas elecciones presidenciales, comienza el secesionismo acompañado de nuevas e interesantes políticas. Traduzco literalmente; “ Política exterior: no interferir en ninguna parte… Política nacional: seguro de salud universal, no más petróleo, no más autos ni aviones, incremento en cuatro veces del salario de los profesores (para atraer a los estudiantes más brillantes a la profesión), estricto control de armas, educación y perfeccionamiento laboral gratuito para los pobres…” Hay aquí una clara posición por una salud solidaria, por el transporte público y por un trato salarial privilegiado con los educadores para estimular el ingreso de los más altos puntajes a las pedagogías ¡Notable! En el centro del Imperio se plantea hacer hoy exactamente lo contrario de lo que se comenzó a hacer en Chile hace 35 años, cerrando facultades de educación en buenas universidades y entregando al poder del dinero el salario de los profesores, terminando por destruir la educación pública.

 

La educación es un proceso de largo plazo y la recuperación de un sistema público que lo sostenga en el tiempo requiere de políticas contundentes. Quienes creen que el sistema financiero es la fuente de toda riqueza estuvieron dispuestos a asignar recursos centrales para evitar la quiebra de instituciones bancarias que se mostraron incapaces de cumplir su presunta tarea. Lo que hoy vivimos en el campo de la educación pública es fruto de la miopía imperante durante ya casi cuarenta años; quienes decimos creer que es sobre este sistema que descansa el futuro del país, quienes buscamos el Bello Sino, debemos presionar para que el presupuesto de la nación refleje un verdadero compromiso en este sentido.

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