Lunes, Agosto 25, 2008

Esperanza de Vida

Si usted saca el promedio de la edad a la que han fallecido las personas en un cierto año, tendrá una estimación conservadora - en general - de la edad que, en promedio, tendrán al fallecer las personas que nacieron ese año, debido a los avances tecnológicos que se espera ocurran de ahí en adelante, particularmente en medicina. Esta esperanza de vida al nacer (EVN) es una figura estadística que varía bastante entre continentes y países. Según las últimas cifras (2006), África tiene el índice más bajo (49,1 años) y el de Chile – 76,6 años – es comparable al promedio de los países en Norte América (77,6). Con afán ilustrativo, sepa usted que hay sólo nueve países con esperanza de vida superior a 80 años, entre los que se encuentran Japón, Suecia, Australia, Canadá y Singapur.

La EVN normalmente crece en el tiempo, con la notable excepción de varios países africanos que muestran un descenso en los últimos treinta años (atribuible al virus del SIDA). Así, por ejemplo, España y México más que duplicaron su índice durante el Siglo XX y Chile lo subió en un 30% en los últimos 40 años. Esto plantea nuevos desafíos en el terreno de las pensiones y los planes de salud, puesto que habrá más gente de mayor edad en la mayoría de los países. Viviremos más años desde la jubilación, y no sólo requeriremos alimentos, techo y abrigo sino también deberemos cuidar nuestra salud y ocupar nuestro tiempo. Ya que en nuestro país andamos al debe tanto en los planes de retiro – hoy mayoritariamente en manos privadas – como en los de salud para buena parte de la población, me pareció útil acudir al debate que se está llevando a cabo en el gran país del norte.

Quienes defienden la cobertura universal de salud en EEUU plantean que el resto de los países ricos ya tienen alguna forma de protección de salud garantizada para todos. Como es evidente, esto requiere de mecanismos solidarios que hagan que quienes ganan más aporten más al fondo común, lo que – según los detractores del sistema - no estaría en la naturaleza de los norteamericanos, quienes serían individualistas y amantes del riesgo, rechazando un sistema que hiciese de la salud una responsabilidad colectiva. El destacado economista Paul Krugman entrega evidencia de que esto no sería así, dando como ejemplo dos programas solidarios de salud, uno de nivel nacional en el que todos los que trabajan aportan para cubrir las prestaciones a los mayores de 65 años, y otro de nivel estatal en el cual han extendido la cobertura universal a todas las edades con arrolladora aprobación de la población a pesar de algunos problemas con su administración. Según Krugman, el principal problema para instalar este segundo plan a nivel nacional es subjetivo: superar el miedo al cambio hacia una actuación colectiva.

En el país de los votos monetarios, donde el autofinanciamiento “con ayuda” genera carreteras urbanas para los ricos y el sin ayuda resulta en sistemas de transporte público mal diseñados, donde los sistemas privados de salud se llevan el 7% de los ingresos más altos, donde los planes se encarecen a medida que nuestro ingreso baja y nuestro riesgo de enfermedad sube, donde la pensión se acaba en la práctica a los 75 años, en este país, digo, el aumento de la esperanza de vida al nacer hace urgente recuperar la democracia representativa para elegir a los buscadores del Bello Sino y construir un mejor destino colectivo.

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Viernes, Agosto 15, 2008

Amores bancarios

Hace muchos años, estando en el cine con mi polola de entonces – ambos adolescentes – vimos a una pareja tan joven como nosotros que, varias filas más adelante se besaba primero con deleite y luego con furia apasionada, pasando a caricias mayores en un breve intervalo de tiempo. Se lo comenté a ella en tono de asombro, recibiendo de vuelta una lección, breve, tajante, precisa: no tendrán donde hacerlo, me dijo. Sólo entonces reflexioné acerca de las ventajas de la privacidad que otorgaba una sala de estar en una casa de familia relativamente acomodada, donde reinaba el acuerdo tácito de no actuar de manera demasiado impertinente cuando nos sentábamos a “pololear”. Es que en esa época aun no se había instalado la costumbre de invitar al cuarto de ella – o de él – cerrando la puerta, lo que hoy nos deja a nosotros – los padres -  en una suerte de indecisión estructural, preguntándonos si golpeamos antes de entrar o no. Si es que entramos, claro.

Las imágenes recién descritas llegaron frescas a mi mente cuando un amigo gringo, a quien no veía hace cuarenta años exactos, me comentó que en sus tiempos escolares en Chile se venía al histórico cerro Santa Lucía con sus compañeros de curso a ver las parejas “atracar”, como se llamaba entonces al intercambio intenso de caricias íntimas sin llegar a la culminación, al menos no a una evidente para un observador externo – voyerista, sería más preciso. Y me lo contaba cuando estábamos literalmente en la punta del cerro, observando Santiago – o lo que el smog permitía de él – junto a nuestras mujeres y sus dos hijos. Le comenté que esto no era un asunto del pasado ni exclusivamente local.

Las parejas que se abrazan y se besan en los parques o jardines públicos son hoy tan frecuentes como ayer. Y no sólo en los faldeos del Cerro Santa Lucía o en los bancos de la plaza cercana a nuestra casa aquí en la capital de Chile. Me ha tocado verlo mientras descendía desde la Acrópolis en Atenas, al cruzar un parque que tiene algunos bancos en rincones relativamente discretos. Y también en el hermoso jardín público a la entrada del museo de Bellas Artes en Lyon, Francia. Y en todas partes el asunto comienza a la misma hora, alrededor de las cinco y media de la tarde. No es extraño que Georges Brassens haya dedicado una de sus más bellas canciones a “Los amores de los Bancos Públicos”, donde nos cuenta que esos bancos verdes que vemos en plazas y paseos no son para descansar sino para albergar a los amantes modestos, que hacen allí planes para el futuro durante los momentos previos a esa intimidad pública que a ellos parece no importarles, mientras los transeúntes los miran de reojo o, algunos, de manera reprobatoria, mirada que en realidad oculta una profunda y razonable envidia.

No creo que se trate, ni aquí ni allá, de amores clandestinos. Es que, simplemente, como aprendiese en mi adolescencia, no deben tener dónde hacerlo. Los bancos públicos son aliados en la busca del Bello Sino.
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Lunes, Agosto 11, 2008

¡Pero si el muro era tuyo!

Cuántas veces no he escuchado la misma cantinela: ¡Pero si el muro cayó hace tanto tiempo! Y quienes nunca tuvimos muros ni creímos en ellos miramos perplejos a quien nos entrega tan peregrino argumento para – aparentemente – convencernos de dejar de pensar en un mundo mejor, sin zozobras laborales, angustias por el plan de salud o por la educación de los niños. Lo más sorprendente es que no pocas veces el intérprete de la cantinela defendió no sólo el muro de marras sino la forma desconfiada, vertical y represiva en la que se organizaban las sociedades que lo representaban. Me costó bastante tiempo darme cuenta de que, en realidad, no me hablaban a mí: se hablaban a sí mismos.

En medio de la lectura de uno de los mejores libros disponibles acerca de la Cuba contemporánea, Cuando Dios entró en La Habana de Manuel Vázquez Montalbán, me encontré con una frase estupenda que resume mucho mejor lo que intenté decir en el párrafo anterior. Al referirse a la disidencia cubana, el autor hace notar que un disidente propiamente tal necesariamente tiene que haber sido – alguna vez - afecto al régimen cubano. Pues bien; Vázquez Montalbán se refiere a uno de estos entrevistados como “un disidente apostólico, que nos riñe por insuficientemente anticastristas, por no habernos desprogramado tanto como él, quizá por que nunca estuvimos tan programados como él.” Y cómo da en el clavo el creador de Pepe Carvalho.

Quienes siempre desconfiamos del partido único y de la coerción de la libertad en representación de los oprimidos, pero que buscamos el fin de la explotación y de la alienación de todos nosotros, quedamos situados a la izquierda del espectro cuando los que hablaban a nombre de los oprimidos deciden que se han equivocado, que este es el mundo donde sobrevive el más fuerte, presentado ahora como el audaz, el emprendedor, el exitoso. Notable: me provocan más aprecio los que - aún creyendo en instrumentos y estructuras que no comparto – siguen defendiendo lealmente la organización de los que no están favorecidos por el actual orden de cosas, viviendo modesta y consecuentemente. Yo, por mi parte, buscaré el Bello Sino con quienes suman a esa defensa la de la libertad intelectual, con ustedes, si me aguantan.

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Sábado, Agosto 02, 2008

Deudas Mortales

Cada vez que menciono las estadísticas chilenas de suicidios, recordando la duplicación del número total cada diez años o las alarmantes tasas de crecimiento en los estratos jóvenes de la población en los últimos años, no falta quien apunta que es probable que esto sea un fenómeno mundial. Hago notar, desde ya, que aún si así fuese tendría más sentido buscar un mejor destino colectivo no sólo aquí sino también a nivel planetario ¿O no debería preocuparnos? Creo que la muerte temprana decidida voluntariamente es una cosa seria, a la que no puede aplicarse lo de mal de muchos consuelo de tontos. Y todo esto para contarle que en el mundo desarrollado no sólo se están inventando máquinas para suicidarse sin sufrimiento; como han puesto dificultades para patentarlas,  ahora son populares los libros que tratan de cómo hacerlo por otros medios poco traumáticos.

El año 2006 apareció la primera edición de “The Peaceful Pill Handbook” (Manual de la píldora tranquila), un libro que expone detalladamente los métodos para quitarse la vida, clasificándolos según su dificultad y dolor. Entre otras cosas, se concluye allí que la forma menos problemática es la ingestión de pentobarbital, una droga de relativamente fácil acceso en México en las tiendas para animales domésticos; en el libro se describe sus características, efectos y mejores formas de ingerirlo. El texto estuvo prohibido en Australia y Nueva Zelanda – donde ahora se puede poseer con restricciones – pero es accesible en internet y su precio es de US$ 30 aunque usualmente no está disponible.

No es mi intención emitir juicios acerca del derecho al suicidio, la eutanasia o las operaciones de cirugía estética. Más bien me interesa entender por qué tales procedimientos se hacen populares colectivamente, por qué la apariencia adquiere tal importancia o qué presiones sociales hacen desear la muerte temprana. Aunque es evidente que la falta de acceso a buenos sistemas de salud contribuye a ver el suicidio como una forma de terminar con una existencia dolorosa o incapacitada, creo que hay otras razones estructurales, como el endeudamiento individual estimulado por las instituciones financieras o la imposibilidad de sobrellevar la vejez con pensiones que se agotan por diseño a una edad temprana.

La prensa norteamericana reporta que la estrategia de las instituciones financieras ya no está orientada a recuperar el total de la deuda de los individuos sino a convertirlas en deudas permanentes. Las tasas que las tarjetas de crédito cargaron a sus deudores en el año 2005 alcanzaron casi el 20%, en tanto que la tasa de interés normal rondaba el 5%, lo que explica por qué se prefiere deudores eternos más que pagadores inmediatos. Ejerciendo su libertad de endeudarse, los estudiantes norteamericanos egresan de licenciatura con una deuda promedio de US$ 20.000 y la deuda media de un hogar alcanza hoy el 19% del valor de sus activos; dos generaciones atrás generaban superávit. El artículo describe el caso de una ciudadana que, habiendo alcanzado una deuda impagable a sus 47 años luego de múltiples renegociaciones, aún recibía ofertas de crédito... con un 50% de interés anual en la letra chica. Ahora entiende Usted por qué aquí en Chile las casas comerciales promueven sus propias tarjetas haciendo jugosos descuentos en ciertos artículos a sus poseedores; así los convierten en clientes – y deudores - permanentes.

Creo que dejaré para una próxima ocasión lo de las pensiones privadas en Chile, pues un cálculo grueso me hizo concluir que, aun usando todas las herramientas hoy disponibles para aumentar el monto mensual a recibir, los fondos personales se agotarían a los 75 años para la mayoría de quienes están en las AFP ¿Y luego? ¿Cómo irán las ventas del Manual de la Píldora Tranquila? Seguro que aceptan pagos con tarjeta. Se hace urgente la organización colectiva para buscar el Bello Sino .

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Sábado, Julio 26, 2008

La Gota en la Frente

Alguna vez me describieron una tortura cuya maldad me costó asimilar pues el efecto inmediato no parecía tan terrible. Se trataba de inmovilizar al torturado en una tina de baño con la cabeza bajo el grifo, boca arriba, haciendo que cada cierto intervalo de tiempo le cayera una gota de agua sobre la frente. Bueno, una gota no es nada ¿Verdad? Más aún, el que nos caiga alguna es algo que ocurre con frecuencia, casual o voluntariamente, como en los comienzos tímidos de una lluvia o cuando usted se ducha y hace que le caigan miles de gotas de agua, causando más placer que daño ¿No es así? Pronto me di cuenta de que la fuente del sufrimiento radicaba en la persistencia del golpeteo de tan pequeña cantidad de tan necesario líquido sobre el mismo lugar, impidiendo el descanso, concentrando en un punto el molesto y constante golpeteo que, pronto magnificado subjetivamente, termina siendo lo único relevante, conduciendo a quien lo sufre al desquiciamiento total. Lo más horrendo de todo esto es que el torturador, una vez cumplida su misión, puede dejar su vaso de whisky a un lado y reclamar por tanto loco suelto que anda por ahí.

Lo que llamamos tensión – laboral, doméstica o urbana - también puede tener su origen en la persistencia de pequeñas molestias que surgen sutiles pero constantes, como la necesidad de cubrir una deuda, la de realizar trabajos desagradables, el temor a ser despedidos o a tener una vejez desvalida; o la diaria sensación de no poder hacer nada para acceder a buenos servicios de salud, a una buena educación para los hijos o a una jubilación digna. O la frustración de ver que nuestros reclamos, imposibles de canalizar en un parlamento sin representación proporcional, finalmente desemboquen en la sistemática formación de comisiones que terminan por dejar todo más o menos igual. Así como una gota no es nada, pero recibirla continuamente es demoledor, la continua frustración de tantos compatriotas ante lo que parece un estado de cosas irreversible no puede sino crear comportamientos que parecerán extraños, distintos o impropios a quienes no perciben las dimensiones exasperantes que ha alcanzado la política nacional. Así, la vida diaria en esta democracia mentirosa – en que lo declarado tiene poco que ver con lo hecho – y casi representativa, termina por inducir comportamientos colectivos e individuales que se traducen en tomas de fundos y de colegios, en frustración y depresión, o en el agua arrojada al rostro de quienes la representan.

Hace ya varios años oí a Noam Chomsky denunciar la mirada crítica de la intelligentsia norteamericana hacia la forma en que se reorganizaban países como Vietnam, luego de que sus tropas dejaran convertidos en cráteres lunares los suelos agrícolas del país oriental ¿Estará ocurriendo algo así en nuestro país, donde los promotores de la contaminación son los adalides del aire limpio? ¿Donde los que prefieren en los hechos legislar con censura se llaman a si mismos demócratas? ¿Donde se podría terminar acusando de intolerantes a los que buscamos el Bello Sino?

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Sábado, Julio 19, 2008

Amistosos abusos

Después de quienes viven con uno, los amigos y amigas son las personas que más nos conocen y a quienes más conocemos. La empatía, la historia común y el contacto frecuente hacen que sus percepciones y reacciones nos vayan siendo cada vez más familiares. Todos tenemos algún amigo que siempre llega tarde, y siempre con una excusa razonable que genuinamente cree. U otro que usualmente se ofrece para pasar a buscar a alguien o que aporta su casa para la reunión. También está el que nos hace reír con sus desatinos pero que puede resultar imprudente a veces, dependiendo de la compañía de terceros. Y, claro, el que encuentra todo malo, o el que se siente incómodo con las discusiones y dice estar siempre de acuerdo con todos, buscando los puntos de encuentro.

El conocimiento cercano de nuestros amigos provoca que, en algunas circunstancias, podamos predecir lo que harán, o lo que no harán. Y esto crea costumbres en nuestras relaciones con ellos. Al impuntual terminamos citándolo en el destino final – si vamos a algún espectáculo - o le pasamos su entrada para que no nos retrasemos todos. Y ante algún apuro logístico o financiero confiamos en que, al final, el generoso nos sacará de apuros. Al desatinado lo invitamos a casa con gente de buen humor o que lo conozcan y lo estimen por sus otras cualidades. Al crítico lo usamos como conejillo de indias; si encuentra algo bueno, nadie lo hallará malo. Y del componedor esperamos que arregle los desatinos del otro, y así.

Esta suerte de adaptación a las características del otro - o de la otra - plantea un problema de asimetría que me permitiré ilustrar con un ejemplo. Un joven amigo llegó tarde a nuestro encuentro. Ante mi amistosa queja, me contestó sonriente que yo sabía de su impuntualidad y que debería haberlo tenido en cuenta. Le hice ver que lo mismo ocurría en el caso inverso: el sabe que soy puntual. Como anécdota le contaré que al día siguiente llegó casi a la hora.

El quién se adapta a quién es un asunto espinudo que puede incluso erosionar amistades de larga data. Imagínese que algún amigo le pide dinero o, para introducir una variante, llega a algún arreglo laboral con usted y luego, cuando llega el momento de cumplir, él le plantea que usted, auditor fiel de Bello Sino, describe y denuncia frecuentemente las necesidades inducidas socialmente - fama, riqueza, poder – que terminan por domesticar y destruir a los individuos. Y de esto su amigo concluye que usted no debería pedir la devolución o el pago ¿Qué le parecería tal actitud? Bueno, las primeras reacciones esperables son las de enojo y denuncia de tal abuso de la amistad. Me permito, sin embargo, hacerle ver que, como dijese en una crónica anterior, nuestros amigos más vulnerables a las presiones ambientales son también – y en el sentido más riguroso - víctimas del sistema. Así es que, al mismo tiempo de exigir el cumplimiento del deber pecuniario, podemos intentar identificar los problemas en que nuestro amigo debe estar metido. De lo contrario la búsqueda del Bello Sino estará llena de decepciones.

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Domingo, Julio 13, 2008

Alienación

Como especie creamos bienes, servicios e instituciones para nuestro mejor funcionamiento social y bienestar. Sin embargo, las formas objetivas en que hemos establecido nuestras relaciones productivas a partir de los conflictos sociales y de los intereses grupales, determinan hoy que lo que producimos nos sea ajeno y que las instituciones que finalmente rigen nuestras vidas colectivas terminen separadas, distantes de sus creadores: nosotros. Este es, puesto en forma muy simple, el fenómeno de la alienación.

¿Cómo es posible que la obra del hombre le resulte ajena y, en último término, se vuelva contra él? En la esfera productiva esto pareciese fruto de la producción en serie, de la mecanización de la misma. Cuando somos un engranaje más en la organización del trabajo, el resultado – un automóvil, un computador, un traje – se ubica fuera de nuestra esfera afectiva, nos es ajeno. Y ese producto se relaciona con nosotros en la forma de mercancía, en aquello que compramos y vendemos hoy de manera casi compulsiva. El caso de la labor creativa del artesano, del artista, del científico o del maestro, pareciese generar una relación en principio distinta entre la obra y el autor. Sin embargo, como lo hemos mostrado en otras crónicas, la apreciación meramente cuantitativa y la venta de esas obras – la medición por cantidad de zapatos, de cuadros, de artículos científicos o de alumnos formados - contribuye a despojar tal producto de su relación personal con el creador, convirtiéndolo en una mercancía más, ajena y distante como las otras.

El caso de las organizaciones ha sido muy bien sintetizado por José Saramago cuando ha planteado que los pobres son mayoría en todas partes del mundo, pero no gobiernan en ninguna. Exhibe tal fenómeno como un serio problema de la democracia, invento humano por excelencia, como lo son la religión o el Estado. Hago notar que el carácter ajeno y conflictivo de las instituciones con los individuos está presente en varias formas de organización de la producción. Así, tenemos al Estado como inhibidor de las demandas sociales fruto de la enorme desigualdad debido a la apropiación privada de la riqueza colectiva, o al Estado como controlador omnipotente y burocrático de las vidas individuales para ordenar el acceso a los frutos de la producción cuando ella se organiza centralmente.

A pesar de estar lejos de ser un asunto resuelto, la existencia de otro fenómeno, la explotación, es percibida de manera implícita o explícita por la inmensa mayoría de los individuos, con ese u otro nombre. Y esto  ha significado la creación de organizaciones que defienden el ingreso y los derechos laborales de los trabajadores, basadas en una idea simple: la unión hace la fuerza. No fue tarea fácil la de los pioneros de estos movimientos en Chile y en el mundo, lo que ha resultado en mejores equilibrios en la distribución de la riqueza - que creamos todos - y en jornadas laborales que contemplan no sólo el mínimo descanso necesario sino la posibilidad de organizar otras actividades. Sin embargo, hay riesgo de retrocesos en estas esferas. Se han ido asentando argumentos que descansan en la necesaria libertad del hombre para decidir su jornada, la que podría no tener límites sino en las 24 horas del día. Sus ideólogos preguntan ¿Por qué no tener jornadas semanales de 65 horas, si el individuo lo quiere? Y es perfectamente posible que tales argumentos terminen siendo populares. Como planteara lúcidamente Sartre en 1960, “El hombre desea hacer la acción que realiza lo más rápidamente para obtener el máximo de paga. Quiere hacerla mejor y en consecuencia utiliza lo mejor de sus facultades. Es libre cuando hace eso y, cuando lo hace, está al mismo tiempo totalmente alienado”.

La conciencia de la alienación y las formas de enfrentarla están muy lejos de la preocupación colectiva justamente porque no se percibe como un problema colectivo. La alineación laboral, en el consumo o en la diversión es usualmente negada por cada uno de nosotros, sintiéndola casi como un insulto cuando intentamos discutir acerca de ella, como si fuera un problema personal. De ahí el éxito de venta de los libros de autoayuda y las terapias. Cuando nos demos cuenta de la necesidad de organizarnos para combatir no sólo la explotación sino también la alienación, habremos dado un paso importante en la búsqueda del Bello Sino
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Sábado, Julio 05, 2008

Hablemos de política

Por el tono y contenido de las discusiones políticas pareciese que todos los cursos de acción condujesen a reforzar lo que hoy tenemos. Las alternativas – si así pudiesen llamarse – giran en torno a regular un poco o no regular el mercado, o a agrandar o reducir el ámbito de influencia del estado. Más aún, la percepción de que muchas cosas deben hacerse como se hacen porque “el mundo es así” o porque no se visualizan alternativas coherentes empieza a crecer. El asunto se pone difícil entonces cuando se miran las decisiones en el corto plazo en nuestro país, donde el marco legal – la constitución de 1980 – pareciese no permitir moverse en direcciones distintas. Así, las discusiones acerca de las políticas educacionales de todo nivel, las de salud, las previsionales o laborales, están marcadas por una suerte de resignación implícita para quienes aspiran a un mundo mejor. Peor aún, las reivindicaciones puramente salariales terminan reforzando la ideología dominante. Si no hay alternativa coherente de sociedad, pues pareciese que algo es mejor que nada.

Creo que en estas circunstancias es imprescindible plantearse un norte por lejano y utópico que parezca. Le propongo uno: aspiremos a una sociedad sin explotación y sin alienación, donde cada individuo, al elegir libremente qué hacer, genera exactamente su mejor aporte al bienestar colectivo. Imposible, inalcanzable, dirá usted, y yo podría estar de acuerdo. Pero tal visión lejana es una referencia que, como las líneas que se cortan en el horizonte, señala un rumbo que tiene como elemento básico la libertad. Así, por ejemplo, hay condiciones objetivas que deben cumplirse cuales son las de alimentación y techo, muy asociadas a salarios mínimos dignos. Pero hay otras menos evidentes; una de ellas es el manejo del tiempo socialmente liberado cuando se avanza tecnológicamente, cuando las horas necesarias para producir lo mismo disminuyen. Entonces se puede pensar en caminos u opciones extremas: usar las horas liberadas para aumentar el producto (note que esto requiere inversiones) o usarlas para aumentar el descanso. Es en este punto en que el carácter del trabajo adquiere dimensiones importantes, pues hay trabajos agradables y desagradables. Para marchar hacia ese norte antes enunciado, los avances tecnológicos deberían considerar la sustitución de los desagradables y el aumento de los agradables, aquellos que finalmente son casi idénticos a los que haríamos sin mediar paga de por medio.

Es aquí donde el camino liberador se pone pedregoso, pues la organización social actual empuja a crear una dimensión obligatoria, exógena y alienante incluso a los trabajos creativos o lúdicos, asociados al arte o la creación en general, y al deporte. No es necesario ir muy lejos para encontrarse con ejemplos de grandes creadores, científicos o deportistas que, teniendo su subsistencia más que resuelta, son empujados doblemente: por sus contratos a crear por obligación, y por la sociedad - por su propio entorno humano - a dedicarse más y más sólo a aquello para lo cual han mostrado habilidades. De esta forma la locura imperante no alcanza sólo a los que desesperan por falta de ingreso para satisfacer necesidades mínimas, sino también a quienes no logran disponer del tiempo necesario para gastarlo, destrozando sus vidas en el intento de recuperar el equilibrio. En los últimos tiempos sólo los jóvenes han tenido la intuición libertaria necesaria para percibir el nexo entre su educación y un posible futuro social des-alienado.

Así, las condiciones objetivas y subjetivas de la existencia individual están marcadas socialmente. Iniciativas como las defendidas por los actuales gobernantes de Italia y Francia de aumentar las horas de trabajo se alejan de nuestro norte, al igual que el salario o el empleo inseguros o inestables. Sugiero juzgar cada política de corto plazo con la mirada puesta en la inalcanzable pero orientadora utopía. Sólo así caminaremos hacia un mejor destino colectivo para nuestro país y el planeta, hacia un Bello Sino.

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Martes, Julio 01, 2008

No sólo de pan

Si dejamos funcionar la memoria libre y descuidadamente con un tema predefinido, es asombroso lo que aparece. Por ejemplo: mujeres que me han gustado. La primera que apareció fue una chica de mi curso cuando yo tenía nueve años. La imagen es borrosa, pero el nombre, Begoña, se quedó para siempre. Otro ejemplo: libros. Y ahí están, nítidos, La Isla del Tesoro y Papelucho Historiador ¿Por qué esos dos aparecen casi sin competencia? ¿Será porque fue alguno de ellos el primero que adquirí con mis ahorros? ¿Será el contenido? Una historia hoy clásica en su estructura, bien contada, el primero, que me llevó a Bristol y me presentó la palabra Squire, nivel social inglés para mi desconocido entonces. Y el segundo contenía la inolvidable escena del desastre de Rancagua recreada en clases por los alumnos y su profesora, quien luego sería reprendida por ello. Fue la primera vez que supe de algún niño que hablara de “la mamá” y no de “mi mami”; pasó un buen tiempo para que aprendiera que el barrio alto maneja su propio lenguaje. Se me acaba de ocurrir que tal vez esos libros me llegaron tanto debido a que en ambos los narradores eran niños. Veamos qué otros van apareciendo.

Debo decir que mi entusiasmo por los libros tiene algo de la admiración por la cosa bien hecha: una historia entretenida, profunda o reflexiva desarrollada en, digamos, 150 a 500 páginas, que hace del lector una suerte de voyeur. La mirada retrospectiva liviana me permita detectar ciertos patrones en la evolución de mis gustos literarios, o más bien de los criterios de selección. Probablemente empecé por el entretenimiento. En esa dimensión titila con destellos dorados Herne el Cazador, aventura medieval que – sorprendentemente - mi madre adquirió para mi cuando yo aún estaba en su vientre. Lo rescató varios años después, haciendo orden en la casa. Más tarde ella y yo nos entusiasmaríamos con las novelas de Agatha Christie y otras de misterio. Eso me llevó a pedirlas en la biblioteca de Humanidades de mi colegio, donde la bibliotecaria dictaminó que no eran apropiadas para mi edad y me sugirió las novelas de Zane Grey, sobre aventuras en el viejo oeste norteamericano; gran sugerencia pues terminé leyendo toda la existencia. Debe haber sido al finalizar el colegio que leí el primer texto que me impresionó por el tratamiento del lenguaje, por lo bien que estaba escrito; era la presentación de Neruda en el programa de su Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta que acudí a ver con mis padres en el Antonio Varas.

Luego de leer de manera literalmente indiscriminada durante mis estudios universitarios, un joven alumno llegó un día con una historia que – según él – trataba del valor del tiempo. Era Momo, de Michael Ende, la historia de la niña que sabía escuchar y que derrotaba a los ladrones del tiempo, esos eficientistas des-humanizantes que pretendían cambiar los hábitos y costumbres de sus amigos.

Hoy la forma tiene importancia, tanto que he dejado de leer a algunos chilenos o chilenas por su descuido en el lenguaje, a diferencia de la fluidez y riqueza que encuentro en el castellano de Javier Marías, cuyo Todas las Almas fue un hallazgo, o en la escritura de Juan José Millás, que arma frases, historias y pensamientos con - lo intuyo – gran facilidad. El aprecio por la forma y el fondo simultáneamente me ha hecho preguntarme si Kundera o Saramago serán tan fluidos en sus idiomas originales ¿Cuánto hará el traductor? (es notable como este personaje es usualmente mirado con desconfianza, debido a la asociación traductor-traidor; se me ocurre que, sin embargo, tal vez a veces mejora la escritura).

Mire Usted lo que me va llegando cuando descuido la memoria. Es que no sólo de pan vive el hombre. Así como muchos autores me acompañan en la búsqueda del Bello Sino, otros deben haber dejado su huella en mi historia por razones casi puramente estéticas ¿Será?
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Domingo, Junio 22, 2008

Chile, hoy

Un querido y fiel auditor me hizo llegar un enlace a una nota periodística hecha en Chile donde entrevistaban – en la calle - a una señora en sus cincuenta y tantos. El fondo sugería que en el lugar había recién finalizado un acto; se trataba de la celebración del primero de mayo de 2007 en algún lugar de Santiago. La entrevistada, tranquila al comienzo y emocionada después, decía al entrevistador – quien estaba fuera de pantalla – que esto iba a explotar, que no daba para más. “Me voy a morir, como todos”, decía, “pero ya no me importa, no me importa ver crecer a mis nietos”. Como no lucía particularmente inestable ni fuera de sus cabales, seguí viendo la entrevista, intrigado.

Cuando empezó a contar de sus orígenes (su abuelo y su padre fueron trabajadores), pensé que su problema era de ingreso. Aunque esa idea se reforzó cuando habló de la enorme frustración que le producía la situación actual del país, mi imagen cambió cuando relató lo de La Traviata. Decía ella que había logrado ver la ópera en un DVD pirata recién la semana anterior, dándose cuenta de que el argumento correspondía a ese libro que ella había leído de pequeña, cuando hubo de hacerse cargo del quiosco de diarios de la familia, abandonando el colegio para poder ayudar a mantener a su gente. Claro, rodeada de libros y periódicos, con poco que hacer, curiosa, despierta, empezó a leer ¿Cuántos de los que van a ver esa ópera, pagando buen dinero, sabrán que fue la historia de Dumas la que prestó el argumento? La frustración de la entrevistada era la más profunda de todas: la imposibilidad material de realizarse intelectualmente, de haber podido acceder al mundo que los libros le abrieron.

Esto que malamente le acabo de transmitir – y que puede ver directamente buscando en http://www.youtube.com/watch?v=GJTTMw7xZaw – me golpeó por dos razones: la polémica actual sobre el derecho a la educación y la oscuridad infinita de la televisión chilena. Entrevistas como esa, donde quien la otorga es el real personaje del reportaje, sólo las había visto en el ya desaparecido programa El Factor Humano del también desaparecido canal Rock and Pop. Allí pude ver por dentro el desastre de la educación en una universidad privada (que ya no existe, pero que fue adquirida por otra) expuesto alegre y libremente por una alumna de evidentes pocas luces. También vi allí la celebración de una efeméride nacional en un colegio de esos carísimos, con la presencia de la crema de la derecha aristocrática; los muchachitos vestían el uniforme de la guerra del Pacífico y cantaban canciones ofensivas a nuestros vecinos, para delicia y emoción de los asistentes ¿Qué mejor manera de mostrar lo que ha pasado en Chile que exponer las genuinas percepciones de los miembros de las instituciones dominantes, sin los filtros tan usados hoy en nuestra mentirosa sociedad?

Tal vez por eso es posible ver la genuina frustración de una compatriota ante esta sociedad alienada sólo en YouTube. Tal vez por eso hicieron desaparecer ese canal pluralista, inteligente y desfachatadamente amigable, tan popular entre los jóvenes,¿Qué gran empresa pondría anuncios en un canal que despertaba conciencias tan alegremente? No baje la guardia; un Bello Sino es posible si logramos derrotar la pobreza y la alienación.

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