Friday, January 27, 2006

Los Sonidos de Los Beatles

Mirados, o más bien escuchados, después de tantos años, no deja uno de asombrarse de la breve carrera de Los Beatles como grupo musical. Su primer disco fue grabado en 1962 y el último fue lanzado en 1970; nunca volvieron a tocar juntos, pero en ese lapso innovaron como pocos.[1] Fueron creando nuevos sonidos que hasta hoy mantienen su influencia sobre la música popular mundial. Analicemos esa evolución usando sus álbums como referencia (en esa época se llamaban Long Plays o LP).

 

En “Please, Please Me” comienza lo que en general se conoce como el sonido yeah-yeah, que incluso empapa varios de los covers que allí se incluyen, como el ya legendario “Twist and shout”. Para mi el tema que mejor representa este sonido cremoso, donde los instrumentos y las voces se mezclan de manera pegajosa, es “I want to hold your hand”, lanzado como single e incluido en la versión norteamericana del “With The Beatles”, su segundo LP, lanzado allí como “Meet The Beatles”. El sonido sigue en “A Hard Day’s Night”, que también incluye cosas como “And I love her” que mantenían el lado melódico solista que había sido inaugurado oficialmente con “Till there was you”. El siguiente LP fue “Beatles for Sale” con mucho cover clásico (Carl Perkins, Buddy Holly), pero con joyitas evolutivas en “No reply” y “I’m a loser”; en paralelo editaron “I feel fine” como single, que introducía varias innovaciones. Creo que el yeah-yeah cierra su ciclo en “Help”, donde hay pianola y otras cosillas. “The night before” y “You’re gonna loose that girl” muestran bien la transición a una etapa superior, en la que cada nuevo álbum fue una innovación.

 

Esa etapa comienza con “Rubber Soul” y sus aportes como “Think for yourself”, de Harrison, donde hay pandereta y se usan dos bajos; uno de ellos hace las veces de primera guitarra con un sonido fuzz. El comienzo de un nuevo sonido también se percibe en “Drive my car” y en un single paralelo que fue muy popular en Chile: “We can work it out”, que traía “Day tripper” al reverso; que maravilla. Si hubiese que identificar una rótula entre dos grandes etapas de los Beatles, esa sería “Revolver”, donde los sonidos parten en varias direcciones: “Taxman”, “She said, she said” y “And your bird can sing” son buenas muestras de ello. Finalmente, “Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band” es la culminación del grupo en lo musical, con innovaciones estilísticas que luego aparecerían algo más pálidamente en “Magical Mystery Tour”. Cada canción de “Sgt. Pepper’s” es una pieza de colección. Los siguientes LP son la antesala de los Beatles solistas, en forma evidente en “The Beatles”, llamado el Álbum Blanco, y en forma menos notoria en “Abbey Road”, el verdadero último LP aunque “Let it Be” haya sido editado después.

 

En síntesis, Los Beatles fueron pioneros en casi todos los estilos del rock: clásico, sinfónico, progresivo, pesado, etc. Si quiere verificar influencia del sonido, basta escuchar a los Bee Gees de la primera época, a Badfinger, Raspberries, ELO, Flamin’ Groovies, Teenage Fanclub, Squeeze, Sloan, Oasis, Los Tres o Los Bunkers, por mencionar unos pocos entre grupos conocidos y no tanto. Me pareció que para despedirme hasta vuelta de vacaciones tenía que hacerlo de la mano de los chicos de Liverpool. Piense que al menos uno de ellos se dedicó a Imaginar un mejor destino colectivo, a Imaginar un Bello Sino.

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[1] Lo más cercano a una reunión Beatle real se encuentra en el disco “Ringo”, donde la primera canción, I’m the Greatest”, es de John Lennon, quien toca la guitarra y hace segunda voz a Ringo (a cargo de los tambores, claro), en tanto que George Harrison hace la primera guitarra.

 

 

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Saturday, January 21, 2006

Ojos de Gata

¿Que cómo he mantenido mi ritmo de lectura? Como el día tiene veinticuatro horas, decidí no tener TV cable ni teléfono celular. Ya casi no veo TV, lo que ha hecho innecesaria la revisión de la portada de los diarios en el quiosco de la esquina de mi trabajo, simplemente porque no reconozco el nombre del joven que cantó drogado, ni a la nueva modelo del centrodelantero tan conocido porque andaba con otra modelo que es conocida porque andaba con otro centrodelantero….

 

Sé lo que está pensando: que soy un retrógrado. Me lo dijo un queridísimo amigo: “cuando se inventó el teléfono tu hubieses seguido con señales de humo”. Nunca lo sabré. Aunque en mi trabajo uso mucha tecnología, mi organización doméstica me permite caminar, tomar micro, conversar, leer, visitar disquerías y librerías con libertad y con tiempo. Y puedo vivir en Ñuñoa, ese barrio donde, al decir de Fuguet en su libro Mala Onda, “todavía se riega con manguera”. Pero sé muy bien lo útil que son todos los nuevos aparatos. Y esa es precisamente la fuente de la gran paradoja contemporánea: tener acceso a tantos objetos que nos ayudan a usar mejor el tiempo y terminar por carecer casi completamente de tiempo libre[1].

 

Entre nosotros, le contaré que el uso de la tecnología de punta me ha resultado útil cuando la aportan otros. Hace poco me ocurrió un caso interesante. Mi amigo en Washington DC gusta mucho de la música popular, en particular del blues, del rock en todas sus formas, y del jazz. Esa noche me dijo que había encontrado un buen dato: una blusera que actuaba en un bar de Baltimore, unos 40 kilómetros al norte del DC. A las diez de la noche, a mitad de camino me entero de que mi amigo ha dejado la dirección del lugar en su oficina. “Pero me acuerdo del nombre”, me dijo, y procedió a buscarlo en el sistema de información geográfico (SIG) instalado en su moderno automóvil. Accionó la pantalla, ubicó Bares y Entretención y revisamos toda la lista de Baltimore en busca del Black Cat. Nada. “Recuerdo la dirección”, añadió, y escribió en la pantalla “James Street 1475”. El SIG nos indicó la ruta óptima para llegar allá.

 

Llegamos a una calle ancha, mal iluminada, con edificios bajos. “Mal barrio”, dijo mi amigo, “pero es por aquí” y cerró las ventanas. Pensé que exageraba hasta que vimos a una patrulla revisando a dos muchachos muy morenos con las manos en alto y luego un segundo vehículo policial con otro individuo en las mismas. Algo asustados y completamente desorientados, nos acercamos a una bencinera y lo convencí de repartirnos el trabajo de búsqueda del bar: el indagaría en su celular conectado a internet y yo manejaría el SIG. Nos concentramos en nuestras tareas. Decidí cambiar de ítem: me fui a Clubes Nocturnos. Como aún no manejaba el aparatito con soltura, pedía ayuda a ratos. En una de esas, mi amigo mira la pantalla y grita “¡Ese, el Cat’s Eye!”. Pulsamos el botón y el mapa virtual nos guió muy lejos de allí hasta alcanzar una hermosa callecita frente a un muelle, donde el Cat’s Eye nos esperaba para una noche llena de blues, con una rubia de voz ronca y fuerte que lideraba un estupendo grupo que nos mantuvo entusiasmados hasta las dos de la mañana. ¿La dirección? Thames Street 1730 ¿Qué le parece?

 

Usted está pensando que soy un porfiado y que debería tener cable y celular. Nada de eso; a mi no se me hubiese quedado el papelito con la dirección en la oficina. Pero fue bueno que mi amigo hubiese tenido SIG en su coche. Y recuerde que Cat es gato y gata, que los bares, mesones y restaurantes gatunos me persiguen[2] y que debemos seguir buscando el Bello Sino.


 

[1] Tema magistralmente tratado por Michael Ende en su novela Momo, la historia de los ladrones del tiempo.

[2] Ver “La re-creación de los recuerdos”, publicado el 30-4-2005.

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Wednesday, January 11, 2006

Ventanas Indiscretas

No recuerdo cuál fue la primera autobiografía que leí, pero desde entonces he ido poniéndome exigente. Es un género literario que pareciera permitir mirar la vida de otro por el ojo de la cerradura, pero con una gran diferencia: el otro sabe que estamos ahí.

 

Después de leer varias, me pareció que las autobiografías de mujeres eran más sinceras, en tanto que la mayoría de las de hombres eran más bien largos auto-elogios. De las primeras recuerdo en forma nítida la de Joan Báez (“Una Voz para Cantar”), la de Lauren Bacall, el diario de Romy Schneider y la hermosa serie de textos de Simone de Beauvoir, desde las “Memorias de una Joven Formal” a “La Ceremonia del Adiós”. En todas ellas pareciese no haber temor a aparecer débil o a mostrar errores o dudas. Más aún, contra el estereotipo, la crítica a otros personajes en esos libros suele percibirse más como lamento que como denuncia. Hago notar que las cuatro mujeres que he mencionado eran conocidas para mi a través de su música, sus películas o sus novelas, y las cuatro tienen los párpados caídos, lo que algo indica de mi debilidad por tal atributo. Bueno, debo confesar que Romy Schneider fue mi primer amor y que un retrato de ella, regalo de mi mujer, preside este pequeño refugio que es mi escritorio.

 

Mi percepción de la autobiografía masculina amable (consigo mismo) está ligada a “La Arboleda Perdida”, del gran poeta español Rafael Alberti. Pero morigeré esa opinión después de leer “Mi Último Suspiro”, de Luis Buñuel – amigo de Alberti y de García Lorca, entre otros. Este caso resultó toda una lección, puesto que yo había visto “El Fantasma de la Libertad” y “El Discreto Encanto de la Burguesía”, películas a partir de las cuales me pareció que Buñuel era algo majadero en el mismo mensaje; llegué a pensar que estaba sobre-valorado en su capacidad cinematográfica. Luego de conocerlo a través de su libro, carente de auto-elogios, me pareció un tipo notablemente generoso en lo intelectual, genuinamente modesto (cualidad escasa en tal grupo) y verdaderamente creativo.

 

Un género que se acerca a este de las autobiografías es el de las entrevistas. Claro que aquí el resultado también depende del entrevistador. Pero hay muchas entrevistas que permiten asomarse bien a las percepciones, valores y acciones de los entrevistados. De las que se me vienen muy nítidamente a la memoria están la de Álvaro Ballero, ganador de un  reality show en la TV chilena, quien, en forma muy natural, contaba que su mejor premio hubiese sido una carrera universitaria “pero en dos años”; inocente reflejo de la liviandad imperante. He leído varias entrevistas a Patricio Bañados, quien se percibe genuino y consistente, además de íntegro, en sus opiniones. Tipos densos como Eric Hobsbawm, el historiador inglés, o Noam Chomsky, el lingüista norteamericano, se ponen pedagógicos y entretenidos en el par de entrevistas-libro que les he leído: “Entrevista sobre el Siglo XXI” y “Conversaciones con Chomsky”, respectivamente.

 

Acabo de terminar “Maldito Sudaca”, la larga entrevista a Jorge González, líder natural de la juventud de los 80 (vocero implícito podría ser una mejor descripción), con gran capacidad pedagógica, en mi opinión. Bueno, aquí se suelta bastante y se muestra de manera muy transparente. Pero eso lo dejamos para otro día. Hoy sólo quería contarle que estas ventanas indiscretas, cuando de verdad lo son, pueden ser valiosas en la búsqueda del Bello Sino.

Posted by Argos Jeria at 22:57:36 | Permalink | Comments (1) »