Saturday, April 29, 2006

Franciscano

Hacia el sur están Google, Yahoo, la Universidad de Stanford y la falla de San Andrés. Hacia el norte el Napa Valley y Berkeley. Allí llegó el graduado Dustin Hoffman, huyendo de Mrs. Robinson y buscando el amor de su vida (¡Sí! ¡El Bello Sino!). Allí llegamos con Toño y la Jani a mirarla desde Twin Peaks y desde Sausalito, la hermana de Viña del Mar. Es que había que explorar bien sus alrededores para luego penetrarla y descubrirla intensamente. Es que San Francisco es para mirarla, olerla, palparla y gozarla.

 

La sensualidad de sus calles onduladas se prolonga en los platos sabrosos del barrio chino; en las vistas voluptuosas desde la Coit Tower en pleno barrio italiano; en las barras de los bares donde David Crosby (el de los Byrds) tomó cerveza y quien sabe qué mas con la deliciosa Grace Slick (la de los Jefferson Airplane); en los rinconcitos de reminiscencias musicales sesentistas en torno a Haight y Ashbury, la esquina que equidista de las casas de Janis Joplin y de los Grateful Dead; en el calor al sol en este lado y el viento helado a la sombra en la vereda del frente; en la tienda de discos Amoeba (qué placer inesperado); en los momentos en que mi mujer me tomó de la mano con cariño; en las taquerías de Valencia street; en el cine Castro del barrio homosexual con sus banderas multicolores; en el zinfandel californiano, en las trufas de Truffle y en los tranvías de madera.

 

He tenido la fortuna de conocer muchas ciudades en el mundo. Si me gusta Santiago es porque la conozco bien; sé qué hacer y dónde ir. Me gusta Boston porque tiene una intensa vida cultural que se respira al caminar y por la clam chowder (sopa cremosa de almejas). Me gusta Londres porque las reglas son claras, el teatro es magnífico, mis buenos amigos son de verdad, y porque puedo cruzar Abbey Road. Roma es majestuosa, caminable y está llena de italianas. Paris tiene esos parques ocultos que me sorprenden tan gratamente como los restoranes que descubren mi hijo y su mujer, y tiene la disquería Gibert Joseph. En Madrid voy a la Fnac (que es francesa) - con sus cinco pisos de libros, discos, películas y espectáculos gratuitos -, como callos y cocido, y está llena de españolas. Temuco tiene carretas en un contexto propiamente urbano. Valdivia tiene un río inserto armoniosamente en ella, el Guata Amarilla con sus enormes y sabrosos platos, y el Hausman, con los mejores crudos del país. Pero San Francisco fue amor en una semana.

 

Afortunadamente es una ciudad cara para residir en ella. Un departamento (nuevo y pequeño) en el barrio hispánico se vendía en 600.000 dólares (unos 310 millones de pesos) y uno en las afueras se arrendaba en 2.500 al mes (un millón y medio aproximadamente). Los choferes de los tranvías se ufanan contando lo caro de las casas a lo largo de las rutas servidas por ellos. Afortunadamente, digo, porque las ganas de quedarse un rato buscando el Bello Sino por allá…

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Tuesday, April 25, 2006

Ingeniosas paradojas (o verdaderas mentiras).

El libro que me dio mayor cantidad de momentos placenteros durante mi niñez fue El Tesoro de la Juventud. Aunque los libros en general ya eran mis amigos, miraba con desconfianza esa fila de veinte tomos verdes que mis padres habían adquirido. Luego de descubrir que cada tomo contenía varios cuentos, agrupados en la sección “El Libro de Narraciones Interesantes”, y que también había una sección de “Historia de los Libros Celebres”, termine por mirarlo todo. Fue así que llegue a “Juegos y Pasatiempos” y al mundo de lo que hoy llamamos problemas de ingenio.

Terminé por resolverlos todos; eran tan o mas entretenidos que los cuentos. Luego he aprendido que ese tipo de ejercicios, en vez de agotar, descansan la mente. Tal vez por la misma razón por la que lo hacen los crucigramas: tienen un final claro, reglas claras y son breves (el Sudoku, una suerte de crucigrama numérico, me ha resultado adictivo). Mas tarde aprendería que la forma de plantear los problemas era lo fundamental. También he aprendido que, no pocas veces, el celo analítico puede ocultar la rigurosidad del raciocinio. Déjeme darle un ejemplo.

Considere dos jarros, uno verde y otro rojo, cada uno con 200 bolitas del color del jarro en su interior. Imagine que saca 10 bolitas rojas (del jarro rojo, claro), que las pone en el jarro verde y que luego procede a sacudirlo bien para mezclarlas, cuidando que no caiga ni una. Por último, con los ojos cerrados, saca 10 bolitas del jarro verde y las deposita en el rojo. La pregunta es en qué jarro quedan más bolitas de color distinto al del recipiente una vez terminado el proceso. Se podría pensar de varias maneras usando probabilidades para llegar a una respuesta, reproduciendo los pasos del proceso. Por ejemplo, es evidente que la probabilidad de sacar mas bolitas rojas del jarro verde con 210 bolitas es menor que la de sacar verdes y que, por lo tanto, llegaran menos rojas de vuelta al jarro rojo que las 10 que salieron. Pero esto no hace sino obscurecer la solución, puesto que al final del proceso habrá nuevamente 200 bolitas en cada jarro y, por cada verde en el jarro rojo, habrá una roja en el jarro verde. Por lo tanto, la respuesta es que en ambos jarros habrá el mismo número de bolitas de color distinto al recipiente.

Algo semejante al placer que producen las preguntas de ingenio ocurre con las paradojas, entre las cuales hay de todo tipo. Considere una cinta engomada por una cara, como esas que se usan para sellar cajas de cartón. Evidentemente el papel tiene dos caras: la engomada y la otra. Mas aun, si usted toma la cinta y une los dos extremos formando un anillo simple, pegando la parte engomada de un extremo sobre la no engomada del otro, el papel seguirá teniendo dos caras, una engomada y la otra no. Sin embargo, si tuerce el papel como una hélice y pega ambos extremos por la parte engomada, podrá recorrer toda la cinta en sus partes engomada y normal SIN cambiar de lado. Este volumen, llamado anillo de Moebius, representa la paradójica conversión de dos lados en uno solo. Y no crea usted que voy a sacar de aquí alguna moraleja política.

La intuición tiene un límite cuando las variables y relaciones que entran en un problema son muchas. Probablemente la opinión de los “expertos” se hace necesaria en esos casos, pero no para esgrimir argumentos de autoridad (“yo he estudiado esto, por lo tanto hágame caso”) sino para ilustrar de manera pedagógica lo que parece oscuro. Por eso es inaceptable que, en nombre del conocimiento, se diga que es verde lo que es rojo, que el aire esta limpio si esta sucio, que la gente es feliz cuando esta angustiada o que las autopistas son para los pobres. Esas no son paradojas; son simplemente mentiras interesadas. Confíe mas en sus habilidades y busque, denodadamente, el Bello Sino.

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Friday, April 14, 2006

No soy tan peligroso

Aunque no pretendo hacer de esto una regla, hay personas que me llegan más con lo escrito que con lo hablado y otras que me entran más por lo que escucho que por lo que leo. Pero si es lo mismo, dirá usted. Y en el contenido tendrá razón, aunque hoy se haya convertido en deporte nacional esto de decir una cosa y hacer otra. Como canta Ángel Parra padre en una de sus canciones funcionales, “soy demócrata, tecnócrata, plutócrata e hipócrita”.

Entre los consecuentes de la palabra, la letra y la obra, el lingüista y pensador Noam Chomsky ocupa un lugar destacado en mis preferencias. No llegué a él por sus libros sino por sus charlas acerca de la política exterior norteamericana a finales de la década de los setenta en Boston, donde yo estudiaba. Y fueron esas conferencias, agudas, entretenidas, informadas y bien estructuradas, alimentadas sólo por buena información y buen raciocinio, las que me indujeron a leer, posteriormente, parte de su obra escrita. Las primeras cosas que leí me parecieron lo que aquí llamamos “ladrillos”. Luego de leer algunas cosas anteriores me reconcilié literariamente con Noam. Fue el caso de “The New Mandarins”, traducido como “La Responsabilidad de los Intelectuales”, que ya comenté hace algún tiempo. Pero lo que quiero relatarle es justamente una experiencia en vivo y en directo.

Chomsky dio una conferencia en una iglesia protestante en Harvard Square de buen tamaño y con lleno total (¿1996?). Fue cubierta por una emisora local. Además de un análisis del estado del mundo y del papel de su país en él, Noam ilustró brevemente la dificultad de los intelectuales no funcionales al sistema para acceder a los medios de comunicación. Nos contó como las grandes editoriales no acogían sus libros, de su ausencia y la de otros en las principales cadenas de televisión, y así. Al finalizar, se formó la usual fila de asistentes ansiosos de preguntar u opinar frente a un micrófono especialmente dispuesto para ello.

Entre ellos, un hombre que lucía entre treinta y cuarenta años hizo una pregunta muy bien formulada. Le planteó que, si bien veía y lamentaba las dificultades para publicar sus libros en editoriales prestigiosas y estaba conciente de su ausencia en las cadenas nacionales de TV, él podía comprar sus libros publicados en editoriales menores y, al menos en el estado de Massachussets, podía verlo de vez en cuando en los canales locales. “Sin ir más lejos”, agregó, “esta conferencia está siendo transmitida por una radioemisora de Boston”. ¿Cómo podía, entonces, criticar tan ácidamente la presunta falta de libertad en el sistema norteamericano?

La respuesta no fue menos rotunda y clara. Chomsky le contó que él provenía de una familia más bien acomodada, que había estudiado en un colegio privado de prestigio, y  que laboraba en lo que era, quizás, la más reconocida de las instituciones de educación superior de Estados Unidos, el Instituto Tecnológico de Massachussets. “Así es que”- concluyó – “no soy tan peligroso, y no entiendo por qué me ponen tantas dificultades”. Yo, que no tengo ídolos ni creo en ángeles ni en demonios, no pude menos que admirar la maestría de la respuesta: un tipo básicamente bien educado e inteligente tenía problemas con el ”establishment” sólo por la certeza de sus dardos intelectuales. Y aquí estamos llegando a lo mismo: censura subliminal. Así es que no sólo busque el Bello Sino; encuentre a otros que también lo hacen y tómese un vinito con ellos. Cuando haya votación proporcional, ARRASAREMOS.

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Saturday, April 8, 2006

Las formas de mirar

Un mismo hecho objetivo puede ser visto e interpretado de varias formas, influidas ya sea por la historia del individuo que lo hace o por los intereses tras los grupos involucrados. Veamos dos ejemplos recientes.

En Noviembre del 2004 decíamos que “Si bien como ciudadanos tenemos mayor acceso a bienes y servicios y  mayores derechos civiles, mirados como factor de producción somos hoy más “caros”. Por ello, la presión para eliminarnos en esta dimensión es enorme y toma varias formas. El resultado más dramático es la inestabilidad en el trabajo, incluso los bien pagados…. No es extraño que hace poco una encuesta haya revelado que la inestabilidad laboral es precisamente la primera fuente de angustia de los trabajadores en Santiago.”[1] Recientemente, otra encuesta hecha por una institución de la derecha chilena revela que tal percepción ha crecido. Lo notable es la interpretación que de tal hecho hace el periódico que representa los intereses de quienes lo provocan. Editorializa proponiendo como posible explicación que la “voluntad de crear más empleos, pero de menor precariedad que los actuales, cree en parte de la población la sensación de que su trabajo presenta dicha precariedad y que, por tanto, puede perderlo en cualquier momento.” Concluye que “El Gobierno debería crear, mediante cambios regulatorios e institucionales, un ambiente aún más amistoso para la generación de empleo.”[2] En pocas palabras, se llama a combatir la angustia laboral ¡manteniendo trabajos precarios y estimulando la así llamada “flexibilidad” laboral!

Muchos auditores me han manifestado por correo electrónico que cuesta mantener la identificación nacional cuando pareciese que todas las políticas apuntaran a favorecer cada vez más a unos pocos. Así, un auditor que reside en Santiago habla amargamente de “Chile, ese lejano y hermoso país en el que viví hace muchos años” y un profesional que debió emigrar me escribe que “Este será mi primer fin de año sin mi familia, amigos, ni patria…” Simultáneamente, un asesor comunicacional del gobierno escribe en su columna de opinión que, al volver de largos viajes, le “impresiona lo vibrante que es Chile. Es algo que está en el aire”… “En este tránsito nervioso, donde todos parecen dirigirse a poner en marcha nuevas cosas. En la gente en las calles, acelerada, concentrada…”[3]. No pude evitar acordarme de la alegría de una auditora al ganar un libro en el programa: “Por fin disfrutaré la lectura de Manuel Vásquez Montalbán en mis largos y tediosos viajes de 4 horas diarias…”.

Lo que para uno es vibrante, para otro es angustioso; lo que para estos es flexible, para aquellos es inestable. “La ideología es una representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia” (Althusser, 1970). Un jarrón mitad verde y mitad rojo es verde y es rojo, por supuesto. El problema está en tener que aceptar que es verde porque quienes lo ven desde ese lado tienen más dinero, más prensa o más armas. Mientras los jóvenes franceses llaman pan al pan y vino al vino, a nosotros nos piden que llamemos libertad a la angustia y pujanza a la úlcera. ¿No será hora de buscar seriamente el Bello Sino?


[1] Ver crónica del 6-11-2004 (En busca del tiempo ganado)
[2] El Mercurio del 2-4-2006, A3.
[3] El Mercurio del 4-4-2006, A3.

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Sunday, April 2, 2006

El camino del fondo

Curioso asunto este de la pertenencia a los lugares, a la geografía. La intimidad de la vivienda nos atrae como un espacio en el que somos más libres, con el que establecemos una relación cómplice alimentada por el relajo en el comportamiento y el vestir. La pertenencia al país pareciera tener otras dimensiones mas conceptuales, menos tangibles, probablemente marcada por la educación del colegio y por los rasgos de semejanza con otras personas tanto en sus reflejos condicionados como en su lenguaje cotidiano (la idiosincrasia), con quienes compartimos referentes históricos y sociales comunes. Será por eso que, aunque nos privaticen la educación, la salud y las pensiones, seguimos deseando que Pizarro sea titular en el Inter. El caso del barrio es distinto.

Cuando existe, la identificación con el barrio no parece tener componentes administrativas (identificación con las leyes o el gobierno local) ni étnicas, al menos en nuestro país. Y como los barrios no tienen banderas ni ejércitos ni himnos, no hay chauvinismo de corte nacionalista. Tampoco se da el caso que un mal alcalde afecte negativamente el grado de pertenencia. ¿Qué hará que Los Prisioneros sigan sintiéndose de San Miguel, Zalo Reyes de Conchalí, los Legua York de La Legua y yo de Ñuñoa? Anecdóticamente y sin grandes afanes teóricos, puedo decir que me siento cómodo circulando por las conocidísimas calles de mi comuna, a pie, en bici o en automóvil. Se que la probabilidad de encontrarme con compañeros de curso en la plaza es relativamente alta y que si entro a un local por cerveza o café habrá gente parecida a mi. ¿Será entonces que simplemente se trata de la confianza de lo conocido? Es que además me gusta.

Hace unos años me enteré de la génesis de la avenida Irarrázaval leyendo “Ñuñohue”, de René Leon Echaiz. Las concesiones territoriales de chácaras – voz quechua que luego devino en chacra – a la llegada de los conquistadores, se hicieron dándoles acceso al río Mapocho y extendiéndose por unas treinta cuadras hacia el sur. La forma del río y la imprecisión de las medidas conformaron el sinuoso perímetro sur al otro extremo de estas propiedades, dando origen al camino de Ñuñoa. Su trazado original comprendía lo que hoy es Portugal, Diez de Julio e Irarrázaval hasta el canal San Carlos. Si bien me imaginé con poca dificultad la forma original del camino, no fue sino hasta ver un antiquísimo mapa de “Saint Yago” de origen francés en una vieja casa-museo en Valdivia, que tuve una representación cartográfica de su trazado. De pasada, entendí por qué el apóstol Santiago es James en JesusChrist Superstar, la ópera rock de Andrew Lloyd Weber: Saint James, Saint Yago, Santiago.

Entonces la relación emocional con mi barrio tiene historia y geografía. ¿Será pura nostalgia? No es claro. Aunque desaparecieron los cines Dante (hoy teatro UC), Egaña (hoy templo evangélico), Hollywood y Andes (hoy comercio), permanecen Las Lanzas y la Fuente Suiza. Pero los nuevos locales más sofisticados en el sector norte de la plaza también me gustan. Leí que recientemente un nuevo campeonato de índices (la obsesión nacional) ubicó a Ñuñoa como la comuna de mejor calidad de vida. ¿Tenían que hacerlo público? Nos llenaremos de oportunistas. Lamentablemente, las autoridades locales siguen estimulando el crecimiento hacia arriba con grandes edificios mientras adormecen nuestras conciencias con buena música gratis y ferias del libro. Y nos dicen que eso es bueno porque sube el precio de los terrenos. ¡Pero si yo no quiero vender! ¡Yo sólo quiero el Bello Sino!

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