Sunday, April 2, 2006

El camino del fondo

Curioso asunto este de la pertenencia a los lugares, a la geografía. La intimidad de la vivienda nos atrae como un espacio en el que somos más libres, con el que establecemos una relación cómplice alimentada por el relajo en el comportamiento y el vestir. La pertenencia al país pareciera tener otras dimensiones mas conceptuales, menos tangibles, probablemente marcada por la educación del colegio y por los rasgos de semejanza con otras personas tanto en sus reflejos condicionados como en su lenguaje cotidiano (la idiosincrasia), con quienes compartimos referentes históricos y sociales comunes. Será por eso que, aunque nos privaticen la educación, la salud y las pensiones, seguimos deseando que Pizarro sea titular en el Inter. El caso del barrio es distinto.

Cuando existe, la identificación con el barrio no parece tener componentes administrativas (identificación con las leyes o el gobierno local) ni étnicas, al menos en nuestro país. Y como los barrios no tienen banderas ni ejércitos ni himnos, no hay chauvinismo de corte nacionalista. Tampoco se da el caso que un mal alcalde afecte negativamente el grado de pertenencia. ¿Qué hará que Los Prisioneros sigan sintiéndose de San Miguel, Zalo Reyes de Conchalí, los Legua York de La Legua y yo de Ñuñoa? Anecdóticamente y sin grandes afanes teóricos, puedo decir que me siento cómodo circulando por las conocidísimas calles de mi comuna, a pie, en bici o en automóvil. Se que la probabilidad de encontrarme con compañeros de curso en la plaza es relativamente alta y que si entro a un local por cerveza o café habrá gente parecida a mi. ¿Será entonces que simplemente se trata de la confianza de lo conocido? Es que además me gusta.

Hace unos años me enteré de la génesis de la avenida Irarrázaval leyendo “Ñuñohue”, de René Leon Echaiz. Las concesiones territoriales de chácaras – voz quechua que luego devino en chacra – a la llegada de los conquistadores, se hicieron dándoles acceso al río Mapocho y extendiéndose por unas treinta cuadras hacia el sur. La forma del río y la imprecisión de las medidas conformaron el sinuoso perímetro sur al otro extremo de estas propiedades, dando origen al camino de Ñuñoa. Su trazado original comprendía lo que hoy es Portugal, Diez de Julio e Irarrázaval hasta el canal San Carlos. Si bien me imaginé con poca dificultad la forma original del camino, no fue sino hasta ver un antiquísimo mapa de “Saint Yago” de origen francés en una vieja casa-museo en Valdivia, que tuve una representación cartográfica de su trazado. De pasada, entendí por qué el apóstol Santiago es James en JesusChrist Superstar, la ópera rock de Andrew Lloyd Weber: Saint James, Saint Yago, Santiago.

Entonces la relación emocional con mi barrio tiene historia y geografía. ¿Será pura nostalgia? No es claro. Aunque desaparecieron los cines Dante (hoy teatro UC), Egaña (hoy templo evangélico), Hollywood y Andes (hoy comercio), permanecen Las Lanzas y la Fuente Suiza. Pero los nuevos locales más sofisticados en el sector norte de la plaza también me gustan. Leí que recientemente un nuevo campeonato de índices (la obsesión nacional) ubicó a Ñuñoa como la comuna de mejor calidad de vida. ¿Tenían que hacerlo público? Nos llenaremos de oportunistas. Lamentablemente, las autoridades locales siguen estimulando el crecimiento hacia arriba con grandes edificios mientras adormecen nuestras conciencias con buena música gratis y ferias del libro. Y nos dicen que eso es bueno porque sube el precio de los terrenos. ¡Pero si yo no quiero vender! ¡Yo sólo quiero el Bello Sino!

Posted by Argos Jeria in 04:08:47 | Permalink | No Comments »