Activistas y emprendedores
Según se reporta recientemente en la prensa, la Policía Internacional habría informado que “como turistas ingresan a nuestro país una cantidad no despreciable de activistas y representantes antisistema”, quienes “generalmente se acercan a chilenos con problemas sociales”. Así, un argentino habría colaborado con los pobladores de la toma de Peñalolén, otro habría participado en las protestas estudiantiles y varios brasileños habrían estado en la protesta en la planta de Celulosa Constitución en Nueva Aldea. Representantes locales de organizaciones de defensa del medio ambiente han dicho recientemente que “ellos vinieron a apoyar nuestra causa porque en sus países también hay problemas ambientales tan graves como en Chile.” Pero el Ministro del Interior ha dado instrucciones para expulsar a aquellos extranjeros que ingresen con visa turista y se involucren en actos que afecten el orden público ¿Será por la visa? ¿Por los actos? ¿Por la definición del orden público? Cabe preguntarse cuál es el fondo del asunto.
Aparentemente se trata de impedir que ciudadanos extranjeros participen (activamente) en protestas ante proyectos o acciones que, dentro de la legalidad vigente, tienen curso permitido: la instalación de una planta de celulosa, el imperio de criterios de mercado en la educación o la posesión de terrenos. Pero tanto los extranjeros como los chilenos que protestan estarían rechazando (activamente) estos proyectos perfectamente legítimos desde el punto de vista de la ley. Luego, la diferencia, la dimensión especialmente negativa, radicaría más bien en su nacionalidad: no son chilenos.
Por otra parte, hay muchos extranjeros que vienen bien pagados a hacer proselitismo por las políticas de mercado, que defienden la actividad monopólica e intentan expatriar la mayor cantidad de ganancia posible. Lo hacen porque es su papel, pues son ejecutivos de las empresas transnacionales que tienen cargos de alta responsabilidad. Pero actúan dentro de la ley, pues la política imperante hoy trata explícitamente de atraer la mayor cantidad de capital extranjero (recuerde Usted que algún dirigente de un partido de gobierno planteó alguna vez que toda la política salarial, arancelaria y laboral debería estar al servicio de ese solo objetivo). Estos buenos extranjeros pro-sistema son llamados emprendedores y son muy bien recibidos, mientras que los que “se acercan a chilenos con problemas sociales” son los activistas y se promueve su expulsión.
Brian May y Freddy Mercury, el alma de Queen, cantaron en Wembley en 1986 que “todos los días nace un niño desamparado que necesita algo de amor en una casa feliz mientras en alguna parte un hombre rico sentado en su trono espera que la vida pase ¿Es este el mundo que creamos? Lo hicimos nosotros mismos ¿Es este el mundo que devastamos hasta los huesos? Si hay un Dios en el cielo mirando, ¿Qué podría pensar de lo que hemos hecho al mundo que él creó?” Supongo que a mí no pueden detenerme por programar esta hermosa canción en la radio. Pero se me ocurre que, si estuviese vivo, Freddy Mercury no podría venir a cantarla pues alguien podría entender la letra y… protestar, lo que haría de Mercury un activista. Y sería expulsado del país por buscar el Bello Sino.
