Sunday, June 4, 2006

Forma y fondo en la democracia mentirosa

En este loco afán de hacer todo tipo de campeonatos y concursos, en algún lado se les ocurrió encontrar la palabra más bonita del idioma castellano. Pensé en términos puramente estéticos y se me ocurrieron varias: prístino, entusiasmo, terciopelo. Pero en la votación ganó la palabra amor, evidentemente por su contenido y no por su forma. Me pregunto si será posible separar ambas dimensiones en las palabras, tal como en la lectura de un texto parece factible distinguir entre lo que se quiere comunicar y la manera en que el mensaje es comunicado. Pero aún si uno quisiese juzgar sólo esto último, podría hacerlo tanto por su efectividad, es decir, por su contribución a la claridad del mensaje, como por la calidad de la prosa; incluso en este terreno se puede hacer análisis literario descubriendo las metáforas o las hipérboles, o mirando la ortografía y la redacción. De lo que me caben pocas dudas en el Chile de hoy es del uso de la forma para ocultar el fondo. Y digo uso, y no abuso, porque ya es claro que hay premeditación.

Se manifiesta preocupación por la inestabilidad en el empleo, principal fuente de angustia de mis conciudadanos, pero se impulsa la “flexibilidad” laboral. Se publicita el mejoramiento de la locomoción colectiva de superficie, pero se invierte dos mil millones de dólares en autopistas urbanas. Se predica la libertad de enseñanza, pero se privatizan los liceos fiscales. Y nos dicen que los cambios necesarios no pueden hacerse porque se necesita un quórum inalcanzable en el parlamento, pero no se desea cambiar el inadecuado sistema de representación popular. Y así, en nombre de la democracia y la libertad se ha terminado por establecer la dictadura del dinero, que sería fuente de todas las libertades. Y esto se ha hecho llamando pan al excremento y vino a la hiel.

En su obra de teatro “Nos tomamos la Universidad” Sergio Vodanovic mostró las luchas reformistas de los jóvenes universitarios a finales de los sesenta. Si bien nunca aparece en escena, el académico enemigo de los cambios, el “piojo” Henríquez, se metamorfosea para ser el triunfador del movimiento, ya desgastado. Hoy, con los estudiantes secundarios en las calles denunciando que el emperador y su sucesora están desnudos, los adalides de la destrucción del sistema de educación pública pretenden aparecer como los defensores de la necesidad de reformas en la educación, declarándose impotentes ante la falta de los consensos necesarios. No les creo. Esta vez no se trata de los ladrones persiguiendo a los jueces; son los ladrones travestidos en sacerdotes predicando la nueva verdad quince años después de haber dado la bendición al cuerpo legal de última hora que dio forma a tal engendro: la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza promulgada el 7 de Marzo de 1990. Pero nuestros actores secundarios son hoy, veinte años después de su derrota,* los verdaderos protagonistas de la búsqueda de un mejor destino colectivo para nuestro país, de un Bello Sino sin piojos en las comisiones.


* “…la batalla contra la municipalización de los colegios públicos, hasta entonces pertenecientes al Estado, la dieron los chicos durante el año 1986. Y perdieron. Esto ocurrió sólo a dos años del triunfo del NO y de la aceptación del marco constitucional de la derecha. Pero en 1989 nadie en el gobierno planteó corregir ese reciente desatino. Claro que a los muchachos les dieron tarifa escolar en el Metro, para que pudieran llegar a sus colegios municipalizados.” (ver ¿Y cómo llegamos a esto? en Buscando el Bello Sino, o en http://www.radio.uchile.cl/interno.asp?id=16180).

Posted by Argos Jeria in 19:03:54 | Permalink | No Comments »