Thursday, August 31, 2006

Mi sombrero panameño

Llegué a Ciudad de Panamá en un vuelo nocturno durante el cual, sorprendentemente, logré dormir bastante gracias a mis tapones para los oídos. Luego de ingresar sin mayores demoras, tuve casi una hora de conversa con el chofer que mis anfitriones habían enviado al aeropuerto, mientras esperábamos a otro pasajero. Así me enteré de los barrios panameños, de las historias de segregación antes de la entrega del canal, y de la popularidad de Rubén Blades, entre otras cosas. Al mediodía estábamos en el hotel.

 

Como el trabajo que debía realizar comenzaba al día siguiente y se prolongaría por dos días más, decidí recorrer un par de zonas durante la tarde, cubriendo lo que podríamos llamar el centro comercial en dos direcciones perpendiculares. La primera caminata fue bajo un sol intenso, con un calor húmedo más soportable que lo esperado a partir de las predicciones que había revisado antes de viajar. Mi gorro con visera se probó útil en las muchas cuadras que debí caminar hasta llegar a la zona donde mi libro-guía indicaba que había un par de librerías. En el camino por la ancha y entretenida Vía España descubrí un autoservicio con comida local donde probé la ropa vieja, una suerte de carne a la olla, deshilachada y tierna como una plateada desmenuzada y aliñada, similar a la que hacen los cubanos. Sabrosa. La librería estaba al llegar a la Vía Brasil, en un segundo piso de un edificio tradicional, con buen ambiente, un surtido razonable y precios altos. Casi por cumplir pasé por una farmacia que, según mi manual, tendría también algunas estanterías con pocos pero buenos libros. Por raro que parezca, así fue: hallé unos cuentos de Daniel Rabinovich (el macizo Luthier de bigotes) que luego regalé a mi hijo mayor, y una autobiografía de Paul Auster (comentada con Ustedes hace poco).

 

Luego de reposar brevemente en el hotel, partí en dirección a la Avenida Balboa, que bordea el Pacifico. Conocí interesantes callecitas y comercios hasta casi llegar al paseo marítimo al anochecer. Me fue imposible imaginar cómo cruzar esa última avenida por mis medios, pues el intenso tráfico no me lo permitía. Consulté a un policía, quien me brindó la solución obvia: precariamente protegido por su traje reflectante, me condujo personalmente a la acera del frente. Esa noche dormí a pierna suelta. Las dos noches siguientes sirvieron para conocer la artesanía local en algunos centros comerciales relativamente cercanos y para probar los tamales y bollos panameños; el tamal es una suerte de masa de maíz que encierra un picadillo de carne, envuelta en una hoja de plátano, en tanto que el bollo es como una pequeña humita seca y cilíndrica. Ambos se encuentran también en Colombia y Venezuela, los que alguna vez conformaron un gran país con Panamá hasta la escisión, apoyada por el gobierno norteamericano a raíz de la negativa del parlamento colombiano a la construcción del canal a comienzos del siglo veinte.

 

El último día de trabajo terminamos algo más temprano y, aunque llovía en forma persistente, nos llevaron al casco viejo donde miramos varios edificios coloniales importantes, pasando por la Plaza Herrera, inmortalizada por Rubén Blades en su disco Antecedente. Logré hacerme de un sombrero panameño de esos blancos muy flexibles con una hermosa franja de artesanía local, que me acompañaría durante todo el vuelo de vuelta. Lo más espectacular estaba por venir pues, luego de recorrer la estrecha Amador Causeway que une tres islitas hacia el Pacífico, terminamos cenando en un restaurante situado exactamente sobre las esclusas del Canal de Panamá, desde donde vimos la operación de llegada de barcos, el cambio de nivel de las aguas y la apertura y cierre de las compuertas. Me contaron que, luego del traspaso de las instalaciones del canal a Panamá al llegar el año 2000, las manifestaciones populares fueron largas y alegres, incluyendo presentaciones de Rubén cantando Patria (incluida también en Antecedente). Es que este proceso de “nacionalización” del suelo panameño no sólo ha sido un asunto de soberanía sino también de finanzas: en este corto período Panamá ha percibido ocho veces la renta recibida desde la construcción del canal hasta su traspaso. Cuando uso mi sombrero me siento salsero, panameño y buscador del Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 16:34:00
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