¿Flexibles o genuflexos?
Si se pone suficiente atención a las señales emitidas por los centros dominantes o por sus voceros explícitos o implícitos a nivel local, es posible predecir lo que ocurrirá en un país como el nuestro, tan sensible a las exigencias objetivas que plantea el capitalismo mundial y a las formas de mirar esas exigencias para hacerlas más digeribles internamente. Hace un tiempo atrás identifiqué en estas crónicas varias señales explícitas que sugerían la voluntad de acortar las carreras universitarias. Por supuesto, no se trata de entregar la misma formación en menos tiempo; se trata de otra cosa. Déjeme intentar separar lo factual (lo que se intenta) de la ideología (la forma de mirar necesaria para aceptarlo).
En una entrevista publicada a comienzos de 2005, el actual ministro de Hacienda planteó que uno de los males que hay que abordar en la educación en Chile es que “las carreras muy largas y rígidas no preparan muy bien para un mundo cada día más cambiante… El ideal son carreras de tres o cuatro años y muchos postgrados”. En paralelo, funcionarios responsables del Ministerio de Educación planteaban explícitamente la necesidad de seguir los lineamientos del acuerdo de Bologna en Europa: carreras habilitantes en tres años, con posibilidad de un Master de dos años posteriormente. Se produciría así una homogeneización con los “bachellor” norteamericanos que, después de cuatro años de estudio (y a veces uno de práctica, como en Ingeniería) entregan profesionales al mercado laboral.
Recientemente se destacó en la prensa capitalina la aparición de “carreras no profesionales de corta duración”, las que estarían basadas precisamente en lo que entregan los colleges norteamericanos. La descripción que de ellas hacen sus ideólogos y administradores locales es ambigua. Por una parte se sostiene que esto “permitiría superar el modelo rígido y de temprana profesionalización” y solucionaría la alta deserción relacionada “con las universidades excesivamente profesionalizantes”. Por otra se dice que “las Licenciaturas son carreras garantizadamente más cortas” y que “generarán un capital humano valioso” siempre que esto “vaya a la par con un ajuste en el mercado laboral”, el que debe “responder adecuadamente” para lo cual hay que “convencer a los empleadores”. Se sugiere así que el nuevo modelo sería más flexible (opuesto a la rigidez) pero que entregaría profesionales (carreras cortas) que deberían reemplazar a los actuales (respuesta de los empleadores). La denuncia a la profesionalización y a la rigidez se usa para defender una profesionalización más temprana ¿Cómo dijo?
La clave de este galimatías la entrega uno de los ideólogos al decir que se debe “aprovechar esta coyuntura para modificar en profundidad las mallas curriculares”. Por supuesto; si se trata de entregar profesionales que reemplacen a los actuales pero con una formación breve, hay que enseñarles a hacer cosas con menos formación básica, con menos matemáticas, física, biología o química, las que habría que suprimir parcialmente en las mallas actuales. Lo notable es que esa estructura educativa ya existe en Chile: son los que en las áreas tecnológicas se llaman ingenieros de ejecución o técnicos. Y las licenciaturas también existen; se obtienen en varias carreras profesionales luego de cuatro años de estudio, pero son años fuertes en ciencias básicas. Entonces ¿De qué se trata? ¿Cuál es la novedad? Me temo que se trata de un doble proceso de copiar sin pensar y de entregar al sistema productivo personas con preparación para resolver los problemas de hoy, pero con menos capacidad de resolver los de mañana, los que serán de cargo de las generaciones inmediatamente siguientes. Hago notar que una persona con fuerte formación básica puede optar por muchos caminos afines a tal formación; sin embargo, una con una especialización temprana, con habilidades profesionales adquiridas en un plazo necesariamente breve, debe volver al comienzo para cambiarse de línea. No se trata de inducir flexibilidad. Se trata de generar mano de obra más barata y menos incisiva. Aprender por imitación toma menos tiempo pero realiza menos en el trabajo que aprender por comprensión. A fin de cuentas, entender es parte de la búsqueda del Bello Sino. Y eso es muy, pero muy peligroso.