Friday, December 29, 2006

Ha llegado carta

Si a Usted le cae bien una persona lo más probable es que Usted también le caiga bien a ella. Salvo patologías como el masoquismo o el sadismo, las empatías son mutuas. Será por eso que me gustan los mensajes que los auditores de Bello Sino me hacen llegar al correo electrónico con aportes, comentarios, saludos, preguntas u opiniones. Déjeme darle algunos botones de muestra; en una de esas alguno resulta ser de su chaqueta.

 

Durante Abril, Pablo M. me describía con entusiasmo la película “El Método”, donde un grupo de personas de diferente edad y sexo compite por un puesto directivo en una importante compañía. Como el proceso es por eliminación decidida al interior del grupo, este auditor opinaba que lo que allí se plantea es un cuestionamiento “del modelo exitista imperante”. Interesante, pues uno gana quedando solo y los demás pierden ¿O todos pierden? Pablo M. calificó esta temática de “bellosinesca” ¿Llegaremos al diccionario?

 

En Julio nos descubrió, para quedarse, una nueva auditora. Novelia se sintió estimulada por la variedad de temas, la música y un comentario específico sobre Simone de Beauvoir entrando en conflicto con las autopistas norteamericanas. El mismo mes Sylvia nos pedía el decálogo del bolero contenido en un cuento de Mempo Giardinelli. Su interés radicaba en su gusto por los bailes en general y en particular por aquellos “bailes antiguos en que nos tocábamos”. Meses después esta misma auditora nos transmitía su inmensa felicidad por haberse convertido en abuela ¡Me provocó una alegría solidaria inimaginable!

 

En Agosto Pablo V. se hacía cómplice de lo que calificó de “tamaña búsqueda” (la del Bello Sino) y me consultaba sobre un escritor del que había yo hablado con entusiasmo. Poco después me hizo llegar un comentario a raíz de un personaje - de ese escritor - que no publica lo que escribe: “¿No deberían tender las actividades humanas a una transformación de la sociedad y las personas de modo que (esas actividades) ya no fueran necesarias?” También en Agosto don Carlos F. alababa la combinación de alegría, optimismo, seriedad y “un poquito de travesuras para sazonar” que encontró en el programa. Me alentó mucho que hallara “la música tan de acuerdo con los conceptos ahí enunciados…”.

 

Cuando Alejandra me escribió en Noviembre mencionando el libro de Michael Ende “Momo” (subtitulado “La extraña historia de los ladrones del tiempo…”), terminé por aceptar que esto de cada oveja con su pareja resulta, como todos los lugares comunes, cierto; es uno de mis libros favoritos. En síntesis, los mensajes de los auditores SON la búsqueda del Bello Sino en el sentido más estricto. Por eso me atrevo a pedirle que me haga llegar una señal que Usted haya detectado y que le indique que durante el 2007 la búsqueda de un mejor destino colectivo es posible; extraiga el ejemplo de su casa, su barrio, su ciudad, su país o su planeta, y envíelo antes del próximo miércoles 3 de Enero a la dirección electrónica argosjeria@hotmail.com para alcanzar a comunicar los más contundentes en el próximo programa. Aunque sé que no necesitan retribución, haré llegar mi libro Buscando el Bello Sino a uno de Ustedes como agradecimiento. Así no será necesario desear un buen 2007; lo estaremos construyendo.

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Sunday, December 24, 2006

A gusto con Espina

A fines del año 1999 pisé la cancha del Sardinero, el hermoso estadio del Racing de Santander. Tengo una foto probatoria de tal evento, al lado de Marcelo Espina quien jugaba esa temporada por el club de la capital de Cantabria en el norte de España. Mientras viajaba hacia allá hace un par de semanas pensé que sería una buena historia para contar en Bello Sino a mi regreso. Al llegar a Santander me enteré de la muerte del jefe del brazo armado de la derecha en Chile. Me di cuenta de la trascendencia internacional del hecho cuando el mozo del bar del hotel, viejo conocido, me saludó con un pésame socarrón. La noticia acaparó las portadas de los diarios españoles durante varios días, enfatizando la impunidad en que se marchó el general. Aunque no me sorprendió tal énfasis, hice ver a mis anfitriones en la Universidad que la labor del difunto ya había sido hecha hace mucho tiempo y que su muerte no tenía importancia alguna. Entonces me di cuenta de lo difícil que sería evitar tocar el tema en el programa a mi regreso. Pero me atraía más compartir la historia del Sardinero.

 

Todo comenzó cuando seis años atrás la encantadora encargada administrativa del Departamento que me invitaba me escuchó preguntar a un colega si el Racing jugaba en casa ese fin de semana, ya que en él militaban dos ex colocolinos: el mediocampista Marcelo Espina y el entrenador Gustavo Benítez. Con entusiasmo ella me informó que no sólo su marido, Pablo, había sido jugador del equipo, sino también que su hijo estaba entrenando allí. Agregó que a Pablo le sería muy sencillo conseguirme acceso a estos personajes. Antes de que yo pudiese aclarar que sólo me interesaba ir al estadio, Rosa estaba haciendo los contactos pertinentes. Al día siguiente me dijo que pasarían a buscarme el sábado por la mañana. Sin mayores detalles le cuento que el día señalado a las 10 de la mañana estábamos Pablo y yo al borde de la cancha de entrenamiento del Racing. Al terminar, Benítez dejó a Espina practicando tiros libres frente a una barrera con siluetas de madera. Mientras tanto, Pablo me hacía fotos con Amavisca, el ex compañero de Zamorano en el Real Madrid. Luego me quedé conversando largo rato con Espina, un tipo sencillo y agradable que, al saber que iríamos al estadio al día siguiente, me prometió su camiseta. El regalo ideal para mi hijo mayor, pensé, aceptando encantado.

 

El domingo por la tarde, bajo una fina llovizna, estaba sentado en las graderías del Sardinero con dos de mis colegas cuando apareció Pablo para llevarme a un cuarto de la planta baja donde me pusieron un peto color naranja. Así mimetizado como reportero ingresé al campo de juego donde fui objeto de sendas fotos con Benítez, con Magallanes (el entonces seleccionado uruguayo) y con el propio Marcelo sobre el césped del estadio, ante el regocijo de mis amigos que aplaudían desde sus asientos. Al finalizar el pleito, recibí de manos de Espina una bolsa plástica conteniendo su camiseta empapada, mientras era asediado por micrófonos de varios medios; Marcelo era claramente el favorito de los periodistas. Debo agregar que mis dudas acerca del lavado de la camiseta me parecieron absurdas luego de consultar con mi hijo menor al volver a Santiago: la camiseta transpirada era mucho más valiosa sin duda alguna.

 

Vaya. Me acabo de dar cuenta de que no he explicado mi afirmación del primer párrafo, es decir, por qué creo que la muerte de quien permitió a los poderosos cambiar las reglas del juego a su antojo no tiene importancia alguna. ¿Cómo va a tenerla si hoy esas reglas no sólo son resguardadas por la derecha política y económica sino también por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial? Hace tiempo que no se necesitan los servicios explícitos del brazo armado. Es que el camino al Bello Sino está lleno de espinas.

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Friday, December 15, 2006

El más humano de los derechos

Al menos dos veces en estos últimos dos años he llamado la atención acerca del incremento de los suicidios en Chile[1]. No hace mucho escribía que no se trata de una epidemia, al menos no en el sentido usual del término No hay virus ni bacteria que transmita el afán de quitarse la vida. Y aunque cada caso personal será explicable sobre la base de una serie de factores particulares, como fenómeno agregado o colectivo deberíamos hacernos cargo de lo que está pasando.

 

Casos recientes de suicidios de jóvenes ha hecho que la prensa ponga el tema sobre la mesa. Resulta que además de la duplicación de los suicidios cada diez años desde 1970, entre 1994 y 2004 la cifra en adolescentes se ha más que triplicado. Se ha enfatizado como causa el maltrato de los compañeros en los colegios o la incomprensión familiar ¿Se tratará de un aumento de estas actitudes en la escuela o en la casa? Creo que la cosa va por otro lado y creo también que, de ser correcto este análisis, poco o nada se hará por tomar cartas en el asunto. Veamos.

 

Quitarse la vida es un recurso literal y figurativamente terminal; responde a una situación en la cual no se ve salida alguna a un problema percibido como muy grave, lo que depende tanto de la historia del individuo (la que moldea su percepción) como del medio ambiente y las circunstancias que lo rodean en el momento. Como fenómeno nacional debemos considerar fuentes declaradas de angustia como son la inestabilidad en el empleo y sus secuelas económicas, anímicas, de salud y educación de los hijos, etc. Pero en el caso de los jóvenes hay más que eso.

 

La adolescencia es una etapa delicada, en la cual el joven ciudadano comienza a tomar conciencia de su cuerpo y de su persona, generando el deseo de identificarse como individuo, lo que parece explicar la rebeldía en el círculo familiar y la seducción fuera de él. Y con esa característica biológica se encuentra con un mundo en el cual lo miden continuamente de manera relativa a sus pares, donde la figura social del “ganador” (pocos) se opone a la del “perdedor” (muchos), donde la rapidez - amiga de la superficialidad - genera impaciencia y liviandad en los juicios. En este contexto los espíritus libres, inteligentes, creativos, reflexivos o rigurosos lo tienen más difícil. La buena gente es empujada a comportarse vilmente o a ser mirada como reyes y reinas de los huevones si no lo hacen. Y los jóvenes observan que el pituto es más importante que los méritos, que parecer es más importante que ser, que la forma domina sobre el fondo y que la sana competencia es en realidad la insana zancadilla.

 

En forma simultánea, este mismo medio ambiente valórico en que los adolescentes abren sus ojos ciudadanos los inunda de mensajes que contradicen lo que observan: los derechos, el mérito, el país, la excelencia, la bondad, el arte, la belleza y el futuro. La democracia mentirosa es la peor de las herencias de la dictadura de la derecha, la más permanente, la más profunda, la realmente importante, la que vulnera el más humano de los derechos: el derecho a la propia vida, a la autoestima, a la felicidad. Por eso no habrá reacción de los administradores del sistema, porque hacerse cargo de esto requeriría de un cambio de grandes proporciones. O tal vez aumenten las dosis de tranquilizantes para disminuir síntomas. Pero lo que aquí necesitamos es otra cosa: organizarnos para buscar un Bello Sino porque ya es una cuestión de supervivencia en el sentido más literal del término.


[1] Ver  “El tiempo disponible” (12-3-2005) o “Los suicidios no son una epidemia (con ayuda de Bukowski)” (15-9-2006).
 
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Saturday, December 9, 2006

Poderoso caballero compra cerebros

En esta democracia casi representativa el casi hace la diferencia. En el terreno de la representación popular cada uno de nosotros pesa igual que el otro, independiente de sexo, religión, color de piel o ingreso; al menos en principio. En el terreno del mercado, donde decidimos qué y para quién se produce, pesamos tanto como nuestro poder adquisitivo. Y en el área de cómo percibir lo que ocurre, pesamos tanto como acceso tengamos a los medios de comunicación. Tres tipos de votos: los democráticos, que deciden representantes; los monetarios, que deciden la producción; y los comunicacionales, que influyen las percepciones, las formas de mirar, la ideología.

 

Por otra parte, a nadie debería extrañar que los poderosos financien la prensa que favorece sus visiones y a quienes las representan en el parlamento, ni que los interesados en vender más avisen en la prensa que leen los que tienen más dinero, lo que permite manejar y financiar medios de comunicación satélites orientados a los que tienen menos. Probablemente el único desafío político de la derecha hoy es cómo lograr que los sectores populares, aquellos más afectados en su ingreso relativo, en su acceso a la educación de calidad y a la salud, perciban los hechos como si fuesen ricos, o no los perciban. Puesto de manera aún más simple, las formas de mirar están comandadas por los sectores dominantes en lo financiero, lo que provoca una férrea relación entre los votos monetarios y los comunicacionales, con evidente impacto en los votos democráticos. Compramos el periódico al mismo tiempo que sus financistas nos compran a nosotros, sus lectores.

 

Parte de esta tarea es convencernos de que hay unos individuos ganadores, en oposición a otros que serían los perdedores. Y esa prensa nos llena de rankings y de encuestas selectivas para identificar a los cien mejores, las diez más activas, los veinte más inteligentes y los cincuenta líderes del futuro. Se trata de repartir medallas selectivas que luego serán exhibidas con ingenuidad o sin ella como medida de capacidad para representar intelectualmente las diversas facetas del quehacer ciudadano, afirmando así la ideología dominante. Se trata de domesticar el pensamiento creando reflejos condicionados y formas vulgares de aprecio intelectual, incluso en quienes podrían tener pensamiento antitético con la visión necesaria para mantener este estado de cosas. Se trata de alienar la creación haciéndonos esclavos de la medida. He sido testigo de la ansiedad que provoca este tipo de rankings en buenas universidades del hemisferio norte.

 

En este grotesco pero seductor proceso de afirmar una intelectualidad funcional al sistema económico imperante, es importante desarrollar patrones autónomos de aprecio por el pensamiento riguroso, articulado y crítico. Es necesario mantener la dignidad y la independencia necesarias para buscar el Bello Sino, pensando, creando, discutiendo y respetando al prójimo.

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Monday, December 4, 2006

Ecuaciones Sociales

Si le pidiesen predecir por dónde saldrá la gente del Estadio Nacional después de un clásico entre Colo-Colo y la U, podría decir varias cosas sin saber demasiado. Por ejemplo, como la mayoría de los asistentes se dirigirá al acceso más cercano a su asiento en el estadio mismo, ya tiene una buena idea de cuántos saldrán por cada reja. También errará poco si predice las proporciones de espectadores que egresarán por Pedro de Valdivia o por Avenida Grecia. Distinto sería si le pidiesen predecir el camino de un espectador en particular. Lo que ocurre es que el comportamiento de un agregado de personas resulta más sencillo de prever que el de cada una de ellas. Sin embargo, no es sencillo establecer relaciones entre las variables de comportamiento social, debido a la gran cantidad de efectos que coexisten en ese terreno. Tal vez por eso me provoca cierta admiración la capacidad de predicción en el campo de las ciencias sociales.

 

Los investigadores de la así llamada escuela de Frankfurt (Marcuse, Fromm, Horkheimer, Adorno y otros), por ejemplo, mostraron a mediados del siglo XX el carácter libidinoso y angustioso del consumo en la sociedad contemporánea y lo relacionaron con el trabajo alienado examinado por Marx en su juventud y con el psicoanálisis freudiano[1]. Sobre esa base construyeron varias tesis, como la de la importancia de los medios de comunicación de masa y de los comunicadores mismos, quienes se transformarían en los políticos del futuro. Asombroso pues, aunque hoy resulte obvio que es más importante aparecer en la prensa que hacer trabajo legislativo concreto, esto fue predicho con medio siglo de adelanto. Similar fenómeno ocurre con la globalización capitalista, descrita sobre la base del estudio del desarrollo empresarial y el conflicto de clases por Lenin a comienzos del siglo XX.[2] En estos dos casos hay un trabajo de identificación de relaciones sociales estructurales, no anecdóticas ni incrementales. Ejemplo de estas últimas son las votaciones, por ejemplo, donde la información relevante es la última elección y lo que importa es la variación de ella. En este terreno el fenómeno estructural relevante de establecer es más bien el uso de un gobierno de fuerza por un sector minoritario pero poderoso para cambiar las reglas del juego y restringir la representación.

 

A comienzos de los 50, en el ciclo de las Fundaciones Isaac Asimov creó una ciencia que llamó psicohistoria, consistente en el establecimiento de relaciones matemáticas basadas en la historia, la psicología y la estadística para explicar el comportamiento de grandes conjuntos de individuos ante distintos estímulos sociales y económicos.Obviamente, tales relaciones pueden adoptar muchas formas analíticas y se esperaría que las mismas variables aparezcan en muchas de ellas, constituyendo así un inmenso sistema de ecuaciones cuya resolución simultánea implica la predicción del comportamiento de sistemas sociales enteros. Si recuerdo bien, el ingreso al consejo que regía los destinos de la galaxia requería haber aportado una ecuación (no haré comentarios obvios sobre nuestro parlamento). Hago notar que el establecimiento de relaciones entre variables sociales ha sido tarea implícita de gran número de pensadores en el  mundo - Hobsbawm, Chomsky - , aunque no hayan tomado la forma explícita de ecuaciones. Y lo más probable es que Usted también tenga su aporte, aunque no lo crea. Si así no fuese, no sería auditor de este programa. He aquí mi ecuación: mientras más buscadores del Bello Sino haya, más probable es que lo construyamos.



[1] Como referencia, “La Imaginación Dialéctica” de Martin Jay puede ser útil.[2] “El imperialismo, fase superior del capitalismo”.

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