Monday, January 29, 2007

Exámenes de Marzo.

Nunca tuve uno, pero en mi juventud existía esta pesadilla que eran los exámenes de Marzo. Quedar para Marzo era malo, muy malo. Significaba que uno no había logrado aprobar el curso en el período normal, pero que tampoco había fracasado. Significaba tener unas vacaciones a medias. Nunca agradeceré lo suficiente a mi madre por haberme enseñado, metafóricamente, que el postre era mejor al final. Me hizo ver que las tareas había que hacerlas de todas maneras; por lo tanto, si uno las postergaba por el placer, siempre estaría pensando en el deber no cumplido. Pero si uno comenzaba por hacerlas, el juego, las revistas o la conversación posteriores serían mucho más placenteros. Al finalizar el ciclo 2006 pareciese que el país completo quedó con exámenes para Marzo. Pero no parece importar mucho. Vamos viendo.

Durante el año que se fue los estudiantes secundarios paralizaron el país mostrando la desnudez de la emperatriz y del sistema que defiende. Los chicos tenían razón. Comisiones más o menos, la nueva PSU mostró que la segregación por tipo de colegios no sólo se ha convertido en un mal endémico, sino que ha terminado por ser implícitamente aprobada por la derecha, el centro y la izquierda. Hace algún tiempo lo dijimos: si la PSU mide más conocimiento que aptitud, los alumnos brillantes con mala formación tendrán menos oportunidades que con la PAA. Predijimos bien, pero no importa.

Por otra parte, cuando lo que importa es tener más que ser, las posesiones y las apariencias importan más que el fondo. Hacer lobby por un cargo o comprarse o inventarse un título es parte de la ley de la selva. Es el mundo de los precios que lo equilibran todo y, por lo tanto, si soy funcionario puedo cobrar para hacer que el proyecto se apruebe. Y si soy usuario o cliente, puedo pagar para que el título se otorgue si tengo el dinero suficiente. Y si no se otorga el diploma, pues lo pongo igual en el currículo. Total, lo que importa es quien me apoya, quien es mi padrino. O a qué mafia pertenezco.

Por último, nadie se acuerda de que el país ha invertido 2000 millones de dólares en autopistas urbanas y 1700 en Metro, todo para Santiago. Y que sólo en tercer lugar se ha manifestado preocupación por mejorar el sistema de locomoción colectiva de superficie, invirtiendo una suma desconocida pero baja. Debió haberse hecho exactamente al revés, pero a nadie le llama la atención aunque todos estén convencidos de que el objetivo central es detener la caída del porcentaje de viajes en locomoción colectiva.

Si verdaderamente nos importa la educación pública, la pequeña y gran corrupción, y la movilidad urbana, entonces estamos para Marzo en esta universidad mercantil simple. Pero parece que sólo nos importa a Usted y a mi. Desde Caburgua, Cachagua, Reñaca y el hemisferio norte nos dicen que estamos equivocados, que todo está aprobado con un siete. Bueno, en Marzo, Abril y Mayo veremos quien tenía razón: la izquierda y la derecha unidas o los buscadores del Bello Sino. Nos vemos en Marzo.

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Sunday, January 21, 2007

¿Cambio o Intercambio?

Las chicas se veían decididas. En reuniones anteriores habíamos pasado muchas horas discutiendo acerca de la difusión de las diversas expresiones del arte al interior de nuestra institución. Si bien ambas tenían formación en lo que podríamos llamar el área de Humanidades, su labor las mantenía en permanente contacto con pintores, escritores, dramaturgos, fotógrafos, escultores y cineastas. Era evidente que ambas consideraban su trabajo como una suerte de núcleo básico en torno al cual podrían desarrollar el citoplasma creativo que significaría su propia realización profesional. 

La crítica a las formas alienantes que estaba tomando la relación entre los ciudadanos y sus trabajos en nuestro país eran tema frecuente de conversación. Por eso pensaban que el desarrollo relativamente independiente de proyectos paralelos era un buen camino. Habían presentado múltiples iniciativas a otras tantas organizaciones de financiamiento regular. No les había ido bien. Un día abrí la puerta de su oficina y ambas me miraron con los ojos más decididos que pueden manifestar dos mujeres que se acercan a los treinta. “Esto se acabó”, me dijo la morena. “El camino es otro”. Mi cara de pregunta recibió de vuelta un pelotazo digno de Matías Fernández: “nos haremos militantes”.

Mi emoción fue grande. Para un hombre de los sesenta, como yo, la paulatina pérdida de fe de las nuevas generaciones en los proyectos colectivos significa un retroceso. La identificación personal con un conjunto de elementos comunes en la forma de mirar el devenir social, para influir sobre él, para cambiarlo, para no dejarlo entregado a la inercia mercantil que termina por invadir todos los rincones de nuestras vidas, es el paso que permite la más generosa de las entregas, cual es la de nuestro tiempo para transformar esa mirada en acciones que permitan avanzar hacia un mejor destino, asumiendo nuestra cuota de responsabilidad en esas tareas. La decisión de las chicas merecía toda mi admiración. Abrí la boca para decírselos alto, claro y cariñoso. La morena continuó con firmeza.

“Necesitamos contactos, influencia, pitutos, apoyo. Nos hemos equivocado desde el comienzo. El lobby no es posible actuando solas…”. Y siguió con lo que supongo habrán sido sólidos argumentos contemporáneos, pero yo no estaba en condiciones de seguirla con serenidad. Solo veía a su compañera asentir enérgicamente con la cabeza. Pensé que mi ingenuidad no tiene límites. La militancia partidaria como fuente de trabajo y de contactos. Las mafias modernas disfrazadas tras nombres trascendentes cuyo contenido se perdió hace años. Bueno; ya me llegarán mensajes de mis auditores, escucharé el noticiario de la radio, me juntaré con mis aliados. Y con ellos buscaré el Bello Sino sin pausas, sin temores, sin censuras.

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Monday, January 15, 2007

Negra con Sentido

Después de las revistas, los Papeluchos y los libros de aventuras, las novelas de misterio entraron fuerte en mi vida como lector. Luego de recibir de sus manos el primer libro de Ágata Christie, mi madre y yo nos zampamos la colección completa; Tommy y Penique, una pareja simpática que aparecería poco en la producción global de la escritora inglesa, fueron los personajes que abrieron la compuerta. Luego conocería a Miss Marple, la viejita estudiosa de la naturaleza humana  que develaba crímenes entre té y galletas, y a Hércules Poirot, el atildado y deductivo detective belga de engominados mostachos puntiagudos. El abogado Perry Mason, personaje de Erle Stanley Gardner, y el enigmático Mr. Reader, editado en Argentina y cuyo autor jamás fui capaz de descubrir, completaron mi serie de encuentros con esa literatura donde lo central era la revelación del misterio – crimen o robo - a partir de los escasos pero suficientes datos entregados pausadamente al lector, haciendo de la lectura del capítulo final, donde todo era revelado, lo más cercano a un orgasmo. Justo cuando el asombro juvenil ante ese final empezaba a ser substituido por la verificación adolescente de mis deducciones como lector, llegó a mis manos otro tipo de libros, relacionados con los anteriores – normalmente las mismas colecciones editoriales – pero donde lo relevante eran el ambiente y el personaje central: la novela negra.

 

Aunque establecer clasificaciones precisas es difícil en la literatura, la novela negra está caracterizada por la pobreza, honestidad, encanto con las mujeres y desencanto con las instituciones del investigador privado que, normalmente en el primer capítulo, recibe la visita de una clienta interesante que desea buscar, proteger o vigilar a alguien. La descripción de la oficina de este anti-héroe siempre deja la sensación de mucho frío o mucho calor, algo polvorienta, con asientos raídos y un ventilador que no funciona. Philip Marlowe, el personaje de Raymond Chandler, sintetiza las características de este detective con principios que lo llevan a estar del lado de los débiles, lo que le hace enfrentarse a todo tipo de poderosos y merecer golpizas mayúsculas de vez en cuando. Que me perdonen los admiradores de Humphrey Bogart, pero creo que Robert Mitchum logró crear en la pantalla un Marlowe más cercano al literario. Como personaje, el detective de Sin City personificado por Bruce Willis es el mejor representante contemporáneo de “lo negro”, enfrentándose a representantes de instituciones como la iglesia o el parlamento: un obispo pedófilo y un senador corrupto. Vaya.

 

En el mundo hispano parlante me ha costado encontrar buenos personajes de novela negra propiamente tal. Mi aprecio por Pepe Carvalho y por su padre literario, Manuel Vázquez Montalbán, no me hace cerrar los ojos como para obviar las distancias que separan al gallego-catalán de sus parientes anglosajones; su sibaritismo lo pierde. Algo semejante ocurre con el italiano comisario Montalbano, más cercano al Maigret de Simenon que a Marlowe. De los compatriotas sólo diré que me he entretenido con algunos. Pero el andaluz Antonio Muñoz Molina logró introducirse en la desencantada pero honesta visión negra en Plenilunio, donde un maduro inspector sin nombre sale a mirar “las caras brutales de los conductores que daban gritos a alguien que cruzaba un paso de cebra demasiado lentamente”. Visión compartida por el detective independiente mexicano Héctor Belascoarán Shayne, fruto de la pluma de Paco Ignacio Taibo II, a quien llegué por curiosidad al encontrarlo en una librería de Talca como coautor del Subcomandante Marcos; Belascoarán argumenta que no se hacen amigos después de los treinta.

 

Me gustaría saber la opinión de los jóvenes de hoy frente a estos personajes que, a su manera, son agudos críticos sociales y rescatan valores que hoy parecen necesarios para la búsqueda de un Bello Sino. ¿Los verán como unos perdedores? ¿O cómo unos anticuados? ¿O como unos redomados pelotudos?

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