Sunday, January 21, 2007

¿Cambio o Intercambio?

Las chicas se veían decididas. En reuniones anteriores habíamos pasado muchas horas discutiendo acerca de la difusión de las diversas expresiones del arte al interior de nuestra institución. Si bien ambas tenían formación en lo que podríamos llamar el área de Humanidades, su labor las mantenía en permanente contacto con pintores, escritores, dramaturgos, fotógrafos, escultores y cineastas. Era evidente que ambas consideraban su trabajo como una suerte de núcleo básico en torno al cual podrían desarrollar el citoplasma creativo que significaría su propia realización profesional. 

La crítica a las formas alienantes que estaba tomando la relación entre los ciudadanos y sus trabajos en nuestro país eran tema frecuente de conversación. Por eso pensaban que el desarrollo relativamente independiente de proyectos paralelos era un buen camino. Habían presentado múltiples iniciativas a otras tantas organizaciones de financiamiento regular. No les había ido bien. Un día abrí la puerta de su oficina y ambas me miraron con los ojos más decididos que pueden manifestar dos mujeres que se acercan a los treinta. “Esto se acabó”, me dijo la morena. “El camino es otro”. Mi cara de pregunta recibió de vuelta un pelotazo digno de Matías Fernández: “nos haremos militantes”.

Mi emoción fue grande. Para un hombre de los sesenta, como yo, la paulatina pérdida de fe de las nuevas generaciones en los proyectos colectivos significa un retroceso. La identificación personal con un conjunto de elementos comunes en la forma de mirar el devenir social, para influir sobre él, para cambiarlo, para no dejarlo entregado a la inercia mercantil que termina por invadir todos los rincones de nuestras vidas, es el paso que permite la más generosa de las entregas, cual es la de nuestro tiempo para transformar esa mirada en acciones que permitan avanzar hacia un mejor destino, asumiendo nuestra cuota de responsabilidad en esas tareas. La decisión de las chicas merecía toda mi admiración. Abrí la boca para decírselos alto, claro y cariñoso. La morena continuó con firmeza.

“Necesitamos contactos, influencia, pitutos, apoyo. Nos hemos equivocado desde el comienzo. El lobby no es posible actuando solas…”. Y siguió con lo que supongo habrán sido sólidos argumentos contemporáneos, pero yo no estaba en condiciones de seguirla con serenidad. Solo veía a su compañera asentir enérgicamente con la cabeza. Pensé que mi ingenuidad no tiene límites. La militancia partidaria como fuente de trabajo y de contactos. Las mafias modernas disfrazadas tras nombres trascendentes cuyo contenido se perdió hace años. Bueno; ya me llegarán mensajes de mis auditores, escucharé el noticiario de la radio, me juntaré con mis aliados. Y con ellos buscaré el Bello Sino sin pausas, sin temores, sin censuras.

Posted by Argos Jeria in 15:05:46 | Permalink | No Comments »