Monday, April 2, 2007

Detalles

Una amiga, residente treinta años en el extranjero y a la que no veía hace muchos años, me escribió para contarme que vendría a Chile. En sus años de ausencia la visité en dos de los tres países donde ha vivido y conocí a sus dos maridos. Aunque siempre he tenido la sensación de que ella me conoce más que yo a ella, el aprecio es, como siempre, mutuo y ha hecho que nos mantengamos en contacto. En el último tiempo, sin embargo, habíamos perdido conexión hasta que los problemas de salud de una amiga común nos hizo recuperarla. A pesar de que estaría sólo de paso por Santiago camino al sur (todos van al sur, parece), quedamos de juntarnos una tarde.

Llegué con mi mujer al lugar donde acordamos en el barrio Bellavista. Mi amiga apareció con otras dos personas: la prima con quien alojaba y la colega con quien viajaba, que no hablaba castellano. Luego de las presentaciones empezamos a ponernos al día mientras ordenábamos comestibles y bebestibles. Así me enteré de que el segundo marido también había pasado a la historia y que ella se había independizado en la pega. También salió a colación algo de la vida de su prima. La vida y actividades presentes de nuestros hijos fue un tema importante y prolongado. Por supuesto hicimos buenos recuerdos, incluyendo las visitas que yo le hacía cubriendo larguísimas distancias en bicicleta, desde Ñuñoa hasta muy arriba en Las Condes. Le recordé que me había regalado el único ejemplar de Cien Años de Soledad que tengo en mi biblioteca, una edición cubana, y también los Artefactos de Nicanor Parra. Aproveché de entregarle un ejemplar de mi libro Buscando el Bello Sino. Después de tres horas de conversa intensa nos separamos.

Estando ya de regreso en Europa, mi amiga me escribió para decirme que no me había contado los detalles más fuertes de su vida reciente. Para no entrar en cuestiones íntimas sólo le cuento que la separación había sido más bien una expulsión del marido y que su independencia laboral había sido la respuesta factible a un período de cesantía. También me hacía saber lo mucho que le había gustado reencontrarnos; que la conversa y el libro que le regalara le mostraban que yo seguía siendo el mismo y que me notaba de muy buen ánimo. Me vi en la obligación de confesarle que tampoco yo había entrado en detalles, como los serios problemas de salud de uno de mis muchachos, afortunadamente superados.

Notable. Ni ella ni yo habíamos expuesto lo que probablemente había sido lo más relevante de nuestras vidas en los últimos años ¿Habrá sido la presencia de terceros lo que inhibió nuestra puesta al día? ¿Será que hay algún mecanismo que nos hace omitir la socialización de los momentos duros? No lo sé; tal vez sí, aunque otras cosas personales fuertes aparecieron en esa conversación. En todo caso me alegró haber continuado el intercambio, sincerándonos aunque fuese por correo electrónico. A fin de cuentas, esto de que “la verdad nos hará libres” puede tener muchas facetas. La búsqueda del Bello Sino está llena, repleta de detalles.

Posted by Argos Jeria in 03:10:51
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