Monday, May 28, 2007

Ideología Dominante

De vez en cuando, a medida que vamos enunciando los hechos que perfilan un panorama que evidencia que las piezas se ajustan siempre a favor de los que tienen la sartén por el mango, surge la pregunta retórica y burlona: ¿Es que crees que se trata de un complot? ¿Qué el gobierno, las potencias imperiales, los empresarios y los canales de televisión se ponen de acuerdo para perjudicar a la mayoría y favorecer a unos pocos en el ingreso, el acceso a la salud, a la educación e incluso a la movilización? No pero si. No hay complot pero si hay mecanismos de dominación, algunos obvios y otros sutiles. Vamos viendo.

Alguna vez enunciamos los tres mecanismos para influir en la asignación de recursos en una sociedad: los votos democráticos que ejercemos en las elecciones, los votos monetarios que esgrimimos al comprar, y los votos comunicacionales que se manifiestan en nuestra capacidad de difusión de lo que pensamos. En los primeros todos pesamos iguales; en los segundos pesamos tanto como nuestro poder adquisitivo; y en los terceros pesamos según nuestro acceso a los medios de comunicación. El problema radica en la interrelación entre los tres tipos de votos, ya que los monetarios pueden influir directamente sobre los otros dos: sobre los comunicacionales a través de la propiedad de los medios y el avisaje en ellos, y sobre los democráticos a través del financiamiento de las campañas electorales (e indirectamente a través del control de los medios de comunicación). Este predominio unilateral de los votos monetarios es una forma obvia de control, pero que no parece causar mayor preocupación en la población. Eso se debe a los mecanismos no tan obvios de dominación.

En las discusiones diarias con quienes no estamos de acuerdo surge frecuentemente esto de que “cada uno piensa como quiere”, o “tú con tus ideas, yo con las mías”. La verdad es que este asunto no es simétrico. Como hemos planteado en muchas otras ocasiones, la forma en cada uno de nosotros mira e interpreta lo que ocurre en su entorno depende de un sinnúmero de influencias naturales, como el barrio o la escuela. Pero si el vecindario y el colegio albergan a quienes manejan los votos monetarios o a sus hijos, lo más probable es que compartan una visión que legitima la enorme influencia que tales votos ejercen, creando una forma de mirar, una ideología, que la sustenta. Así, la fortuna provendría esencialmente de la inteligencia y del trabajo, y el uso de asalariados sería primariamente una forma de crear empleo. Queda, sin embargo, un problema no menor: la diferencia de ingreso entre el 20% más rico y el 20% más pobre de la población en Chile está en proporción de 16 a 1. ¿Cómo puede pensar lo mismo buena parte de quienes no gozan de fortuna? Bueno, conecte esta forma casi natural de mirar las cosas, producto del entorno social, con los votos comunicacionales que poseen quienes la sustentan, posesión que se debe justamente a las razones objetivas que generan tal forma de mirar. De aquí la importancia de los medios de comunicación como instrumento para que quienes no gozan de las ventajas del sistema las alaben como si las gozaran.

Así es que no hay complot; es el funcionamiento de un mecanismo que permea con fuerza las percepciones, las actitudes y los valores, constituyéndose en una forma social de mirar las cosas: la ideología dominante. Las ramificaciones son múltiples, terminando por generar la imagen del ganador como el rico, del emprendedor como el que hace mucho (aunque no entienda nada), del exitoso como el que aparece en la TV. Y así el pobre se identifica con el poderoso y gasta sus chauchas en parecerse a la imagen que de él proyectan sus canales y sus diarios. Por eso es difícil ir contra la corriente, porque buscar el Bello Sino es, a fin de cuentas, revolucionario.

 

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Sunday, May 20, 2007

Olores y Sabores

No hay duda: la palabra “olor” tiene connotaciones positivas (oloroso) o negativas (esto huele), nunca neutrales, incluso cuando se refiere a una misma cosa. Piense, por ejemplo, en el olor de la comida. Recuerdo un comercial en TV que mostraba a un marido llegando a la casa, olisqueando el ambiente con disgusto y exclamando “otra vez pescado frito”; luego de instalado el extractor en la cocina – objeto del comercial – el marido grita al llegar “¿Que no se cocina hoy?” Por otra parte, los ricos olores y sabores de los alimentos han sido objeto de buenas películas, como una que vi recientemente y que sirvió para remover algunos rincones de la memoria: La Sal de la Vida.

Un niño de origen griego vive en Estambul – la vieja Constantinopla – con sus padres y el abuelo. Este tiene un almacén donde vende alimentos y especias, las que le sirven no sólo para ayudar a sus clientes a lograr los sabores apropiados de los diferentes platos según la intención del cocinero, sino también para enseñar diversas facetas de la vida al chico. La asociación de olores, colores y sabores adquieren connotaciones amorosas, astronómicas o amistosas según la oportunidad. Cuando la familia, salvo el abuelo, es deportada a Grecia por dificultades político-étnicas entre los países, el niño comienza a aplicar sus conocimientos culinarios para recibir al abuelo y a una niña que le ha prometido danzar mientras el cocina. Pues bien: cuando mi mujer y yo vimos el primer plato completo que prepara el muchacho, a base de berenjenas, cebolla, tomates y ajo, casi saltamos del asiento pues había sido exactamente el plato que ella había preparado tres días antes, estrenando el librillo de recetas que nuestro hijo mayor y su mujer habían traído de Estambul, ciudad que – hablando de olores – tiene un Mercado de las Especias.

El nombre del plato es Imam Bayildi, algo así como “sacerdote desmayado”, describiendo la reacción que habría tenido tal comensal. Su receta me servirá para hacerle justicia a un vegetal tan despreciado que los chilenos lo usamos para descalificar: “esto es como las berenjenas”. Tome un par de berenjenas grandes, las lava y abre por la mitad sin partirlas, quitando algo de la carne interior y déjelas en una olla. En un sartén rehogue en aceite de oliva una cebolla picada en pluma y un tomate, agregándole ajo. Vierta algo de esta mezcla en el interior de las berenjenas y ponga el resto sobre ellas. Riéguelas con agua y cueza a fuego lento en la olla durante unos 30 minutos, regando con su propio jugo. Sazone a gusto y sirva caliente o frío. Si con esto supera sus aprensiones con las berenjenas, aprovéchelas más pues son muy baratas. Una forma estupenda de hacerlas para untar o acompañar es quemándolas en la tostadora, parrilla u horno eléctrico, pelándolas y moliéndolas con cebolla cruda, tomate picado, sal y ajo. O las corta a través, en rodajas, y las pone a la parrilla. O las corta a lo largo y las fríe en aceite profundo ¿Qué tal?

Esta historia me trae a la memoria otra preparación elemental aprendida en tierras helénicas: el tsatsiki, hecho con pepino, yogurt, aceite y ajo. Se trata simplemente de rallar el pepino una vez pelado, mezclarlo con el yogurt, ajo y sal, poniendo un poco de eneldo encima. Su consistencia de salsa se presta para untar, acompañar o servirse en plato hondo.

Los olores juegan un papel importante en nuestras vidas. Usted y yo asociamos el olor de la mujer que nos acompañó en los veintitantos con buenos momentos; probablemente con algunas penas también, pero los recuerdos fluyen intensos y olorosos. Al menos yo no puedo olvidar el perfume de mi mujer a esa edad; ella no recuerda el nombre y lo he buscado sin éxito por todas los rincones del planeta que he visitado buscando el Bello Sino. Sólo me queda el recuerdo del olor, pero el sabor permanece.

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Monday, May 14, 2007

Testamentos infantiles

Eso de que los borrachos y los niños dicen siempre la verdad tiene, como todos los lugares comunes, mucho fundamento empírico. Desde el punto de vista de la búsqueda de un mejor destino colectivo no deja de ser alentador que así sea, pues indica que la inocencia carente de cálculo sería parte de nuestros instintos básicos, los que afloran cuando estamos poco alertas o cuando aún no estábamos domesticados. Si sumamos a esto la curiosidad natural de los niños, podemos resultar unos seres incómodos en nuestra infancia al articular preguntas que, carentes de malicia, dejan en evidencia más de algún dogmatismo adulto; es probable que todos hayamos sufrido las consecuencias de ello.

 

Como Usted sabe, y simplificando un poco las cosas, las religiones católica y judía tienen en común sólo lo que la primera llama el Antiguo Testamento  - Tanáj para la segunda -, que contiene las leyes y las profecías. Entre estas se incluye la venida de un Mesías, que para los católicos sería Jesús, cuya vida constituye el centro del Nuevo Testamento a través de los evangelios. Sirva esto como antecedente para contarle que, motivado por algunas de sus novelas, leí hace poco un estupendo cuento de Philip Roth donde Ozzie, un niño judío muy inquisitivo – lo que le plantea continuos problemas - se prepara para su Bar Mitzvá, ceremonia que lo reconoce como responsable de sus actos a partir de los trece años. La preparación incluye el estudio de las leyes - la Torah - parte de la Tanáj. Al plantearle el rabino la imposibilidad de que Jesús haya sido concebido en virginidad, el niño le pregunta si Dios es todopoderoso. Ante la respuesta afirmativa, él señala que entonces bien podría hacer que una mujer concibiese sin tener relaciones sexuales con un hombre, observación que le vale una bofetada provocando la huida de Ozzie, quien termina en el techo del edificio, con el rabino, sus compañeros y su madre atemorizados y completamente a su merced.

El cuento me trajo inmediatamente a la memoria mi propia historia cuando hube de seguir la catequesis en la parroquia Santa Marta, curso de preparación para la primera comunión católica. Tenía entonces diez años y éramos unos doce en total, algunos mayores y varios menores que yo. A la primera sesión llegué con el catecismo muy estudiado; me tocó sentarme en el sitio adyacente al pasillo central en el recinto de la iglesia. La joven profesora formuló la primera pregunta dirigiéndose a mi, por ser el primero de la hilera: “¿Qué es la Santísima Trinidad?” Habiendo cursado todos mis años de preparatorias –hoy primero a sexto básico - en diversos colegios, yo había discutido la lección con mi madre y esa difícil pregunta la tenía perfectamente dominada. “Bueno”, dije, “es complejo pero…” Hasta ahí llegué: “¿Qué es la Santísima Trinidad?”, insistió la muchacha. “No es un concepto sencillo”, contesté, “por eso…”. Me interrumpió y se lo preguntó al segundo de la fila. El chico echó la cabeza hacia atrás y soltó: “La Santísima Trinidad es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios no más”. La profe asintió dichosa y lo puso al comienzo de la fila. Luego de preguntar lo mismo a todos mis compañeros y de recibir exactamente la misma respuesta, quedé al final del banco. Al volver a casa le conté a mi madre lo sucedido; “parece que la profesora quiere que repitamos de memoria, como el loro”, dije. Mi madre, práctica y cariñosa, me dijo que entonces lo aprendiera como el loro.

El muchacho del cuento de Roth y yo fuimos agredidos de diversa manera por la misma razón: las ganas de entender. Es que entender exige buscarle las cinco patas al gato: ser curioso, inconformista y no dogmático, es decir, tener la misma actitud que Ustedes y yo cuando desafiamos continuamente la distancia entre lo dicho y lo hecho en esta democracia mentirosa. Y claro, lo hacemos porque es un requisito indispensable para encontrar el Bello Sino.

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Monday, May 7, 2007

La tensión creativa de la búsqueda (de un Bello Sino).

Un Nietzsche ficticio, personaje de una estupenda novela que dramatiza el nacimiento del psicoanálisis*, sufre espantosos dolores de cabeza que nadie ha podido curar. Interactúa con un doctor que le aconseja reducir las fuentes de tensión. El filósofo responde que lo ha hecho: ha renunciado a la academia y a las posesiones, no tiene casa ni mujer, ni hijos ni deudas; vive con lo mínimo. El médico insiste: la hipersensibilidad, su afán de captar la esencia  de las cosas, también le hace daño. Ante ello este seudo Nietzsche retruca que la investigación, la ciencia, el afán de saber y entender se originan en el descreimiento que, sin duda, es fuente de tensión, pero que no está dispuesto a renunciar a ello por una vida tranquila.

Así es: observar y entender también provocan tensión, sobre todo cuando el mecanismo desnuda y explica las enormes contradicciones entre lo dicho y lo hecho en el Chile de hoy. Pero renunciar a ello significa renunciar a la más humana de nuestras cualidades: pensar e inferir. Qué notable: en los amables saludos por los doscientos programas – y en sus mensajes durante el año en general - los auditores de Bello Sino me muestran que tampoco están dispuestos a dejar de pensar, a dejar de entender o de intentarlo. En los mensajes de aniversario llegaron muchas explicaciones acerca de por qué escuchaban el programa. No pocos enunciaron la compatibilidad entre disentir y nutrirse de los argumentos del interlocutor, “incorporando parte de ellos a la visión del mundo actual”, apreciando la “pequeña semilla de una exquisita duda” o el “interés por profundizar”. Auditores que discriminan son la mejor contrapartida a un programa que no pretende predicar sino estimular.

Por supuesto que no sabemos donde llegaremos, pero sin duda mirar, pensar, entender, intuir, confirmar, son requisitos para el cambio hacia algo mejor. Y es importante no sentirse aislado, hacerlo en buena compañía. La correspondencia electrónica** me ha permitido descubrir que tengo auditores de 15 a 91 años, auditoras que escuchan el programa mientras cocinan (¡incluido un chanchito al merkén!), otras que lo hacen a pesar del poco entusiasmo de sus parejas, conductores que - a pesar de un día duro - comparten el desafío de seguir buscando, oyentes entusiastas que piensan que el programa es corto, y así. Para cerrar este comentario usaré el mensaje de un auditor que me escribe para “exigir como un imperativo moral en estos tiempos continuar con la búsqueda del Bello Sino, hasta agotar stock.”

* “El día que Nietzsche lloró”, de Irvin Yalom.

** que llega a la dirección argosjeria@hotmail.com

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