Ideología Dominante
De vez en cuando, a medida que vamos enunciando los hechos que perfilan un panorama que evidencia que las piezas se ajustan siempre a favor de los que tienen la sartén por el mango, surge la pregunta retórica y burlona: ¿Es que crees que se trata de un complot? ¿Qué el gobierno, las potencias imperiales, los empresarios y los canales de televisión se ponen de acuerdo para perjudicar a la mayoría y favorecer a unos pocos en el ingreso, el acceso a la salud, a la educación e incluso a la movilización? No pero si. No hay complot pero si hay mecanismos de dominación, algunos obvios y otros sutiles. Vamos viendo.
Alguna vez enunciamos los tres mecanismos para influir en la asignación de recursos en una sociedad: los votos democráticos que ejercemos en las elecciones, los votos monetarios que esgrimimos al comprar, y los votos comunicacionales que se manifiestan en nuestra capacidad de difusión de lo que pensamos. En los primeros todos pesamos iguales; en los segundos pesamos tanto como nuestro poder adquisitivo; y en los terceros pesamos según nuestro acceso a los medios de comunicación. El problema radica en la interrelación entre los tres tipos de votos, ya que los monetarios pueden influir directamente sobre los otros dos: sobre los comunicacionales a través de la propiedad de los medios y el avisaje en ellos, y sobre los democráticos a través del financiamiento de las campañas electorales (e indirectamente a través del control de los medios de comunicación). Este predominio unilateral de los votos monetarios es una forma obvia de control, pero que no parece causar mayor preocupación en la población. Eso se debe a los mecanismos no tan obvios de dominación.
En las discusiones diarias con quienes no estamos de acuerdo surge frecuentemente esto de que “cada uno piensa como quiere”, o “tú con tus ideas, yo con las mías”. La verdad es que este asunto no es simétrico. Como hemos planteado en muchas otras ocasiones, la forma en cada uno de nosotros mira e interpreta lo que ocurre en su entorno depende de un sinnúmero de influencias naturales, como el barrio o la escuela. Pero si el vecindario y el colegio albergan a quienes manejan los votos monetarios o a sus hijos, lo más probable es que compartan una visión que legitima la enorme influencia que tales votos ejercen, creando una forma de mirar, una ideología, que la sustenta. Así, la fortuna provendría esencialmente de la inteligencia y del trabajo, y el uso de asalariados sería primariamente una forma de crear empleo. Queda, sin embargo, un problema no menor: la diferencia de ingreso entre el 20% más rico y el 20% más pobre de la población en Chile está en proporción de 16 a 1. ¿Cómo puede pensar lo mismo buena parte de quienes no gozan de fortuna? Bueno, conecte esta forma casi natural de mirar las cosas, producto del entorno social, con los votos comunicacionales que poseen quienes la sustentan, posesión que se debe justamente a las razones objetivas que generan tal forma de mirar. De aquí la importancia de los medios de comunicación como instrumento para que quienes no gozan de las ventajas del sistema las alaben como si las gozaran.
Así es que no hay complot; es el funcionamiento de un mecanismo que permea con fuerza las percepciones, las actitudes y los valores, constituyéndose en una forma social de mirar las cosas: la ideología dominante. Las ramificaciones son múltiples, terminando por generar la imagen del ganador como el rico, del emprendedor como el que hace mucho (aunque no entienda nada), del exitoso como el que aparece en la TV. Y así el pobre se identifica con el poderoso y gasta sus chauchas en parecerse a la imagen que de él proyectan sus canales y sus diarios. Por eso es difícil ir contra la corriente, porque buscar el Bello Sino es, a fin de cuentas, revolucionario.
¡¡ Magnifico comentario !! y muy didáctico.