Monday, August 27, 2007

Literatura Gastronómica

La primera vez que estuve en Brasil y tuve que elegir plato de fondo pedí pescado con aceite de dendé y leche de coco. El mozo me advirtió gentilmente que el sabor del dendé era algo fuerte, pero insistí. Lo sabía ingrediente principal en la cocina bahiana y, aunque estaba en Río de Janeiro, mi curiosidad fue más fuerte que las consideraciones geográficas. Es que el primer escritor que logró interesarme en la comida a través de sus escritos fue Jorge Amado, el autor de Tieta de Agreste, Tienda de los Milagros y Gabriela, Clavo y Canela. Más que la descripción de lugares, de la religiosidad y de la sensualidad de sus personajes, fue la de la comida la que me conquistó con nombres tan sugerentes como el vatapá, la moqueca o el acarajé. No fue sino hace un par de años que pude por fin probar todos estos platos en variadas formas en el Pelourinho, el barrio más característico de Salvador de Bahía. Las mezclas de los productos del mar con harina, maní, coco, aceite y condimentos fueron el complemento perfecto a la música que por las noches escuchamos en el teatro Castro Alves y a los paseos por la costanera, abrazados y amorosos.

Pero fue el catalán Vázquez Montalbán quien, a través de la cocina y las expediciones culinarias del detective  Pepe Carvalho, estimuló de manera más notoria mis jugos gástricos. Para ilustrar su convincente manejo de la gastronomía, tal vez baste decir que en más de un libro explica la forma de hacer… ¡el pan con tomate! Si Usted piensa que es algo trivial, permítame preguntarle: ¿Primero el tomate o el aceite? ¿Pan tostado o fresco? ¿El tomate estrujado sobre el pan o raspado contra este? Las descripciones del arroz caldoso, de los vinos de Rioja, de la fideuá (paella de fideos), de las judías (porotos) con almejas o del cogote de merluza resultan tan convincentes que ya no puedo distinguir entre los consejos y entusiasmos culinarios de mis amigos españoles y los que leí en las historias de Carvalho. Aunque no lo crea, la complicidad con el personaje me hizo tomarme una fotografía con un cartel que anunciaba el barrio de Vallvidrera, hogar del detective, cosa que sólo he hecho antes con mi barrio de Ñuñoa.

El aporte más reciente a mi conocimiento gastronómico a través de la literatura proviene de Italia, de la pluma de Andrea Camilleri y del paladar del comisario Montalbano quien, desde su casa costera en un pueblo de Sicilia, visita la tratoría de San Calogero - donde come salmonetes de roca y pulpitos – o a sus conocidos que lo tratan siempre con culinaria generosidad casera. Y en su refrigerador nunca falta los exquisitos platos locales – canelones, conejo o caponata - que le deja Adelina, la criada que desaparece cuando llega Livia, su novia eterna.

Desde Bahía, Cataluña y Sicilia me llegan las metáforas e hipérboles al servicio de la buena mesa ¿Sería capaz de tan convincente labor de difusión gastronómica si hablase del pastel de choclo, la cazuela de pavo, los porotos granados, las humitas, el caldillo de congrio o el pisco sour en medio de estas crónicas? Yo creo que si, pues me gustan tanto como la música que nos acompaña cuando juntos Usted y yo buscamos el Bello Sino.

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Monday, August 6, 2007

Cuidado con el índice

Ahora que pasó la euforia local por los resultados en los juegos panamericanos se puede mirar con más calma este asunto del medallero. Recordemos que la euforia se debe a las seis medallas de oro que nos dejaron décimos en el orden oficial entregado por los organizadores, puesto que tal orden es determinado en primera instancia por el número de preseas doradas; sólo en caso de empate entran a tallar las de plata y bronce, en ese orden. Sin embargo, concluir de allí que nuestro deporte está en mejor pie que el de Puerto Rico, Jamaica, Bahamas o Trinidad y Tobago sería un error.

 

¿Qué diría Usted si le planteasen que Brasil, Argentina o México están en mejor pie económico que Chile porque producen más bienes y servicios al año? Sin pensarlo dos veces haría notar que la comparación es inadecuada pues son países de mayor población y territorio que el nuestro; sugeriría que tal vez la cifra más comparable sería la producción por habitante. Algo semejante ocurriría si se concluyese que el transporte carretero en España es más peligroso que en Chile pues ocurre mayor número de accidentes ¡Claro, si tienen más carreteras y más automóviles! Es por eso que el índice más usado es el de accidentes por vehículo-kilómetro.

 

Lo anterior sugiere que un cálculo per capita tal vez permitiría comparaciones más sensatas en general, y en particular en el caso de las medallas deportivas usadas como índice de calidad. Sin duda es mejor que la cantidad de medallas, pero tiene problemas en los países muy chicos y muy grandes. Déjeme darle un par de ejemplos usando el total de medallas por país y sus habitantes. Santa Lucía tiene una gran saltadora en alto que obtuvo la única medalla para su país; como son sólo 160.000 habitantes, eso arroja un índice de más de seis medallas por millón de habitantes.* Por otra parte, los países pueden presentar tantos deportistas individuales como los que cumplan las marcas mínimas, pero no pueden presentar más de un equipo en deportes colectivos como el fútbol, el básquetbol o el voleibol, lo que perjudica el índice de los países grandes. Aún considerando todos estos limitantes, el per capita es un mejor indicador que el total bruto.

 

Para no distorsionar demasiado la estadística y permitir que operen los grandes números, podemos considerar sólo aquellos países con más de un millón de habitantes. El ordenamiento según el nuevo índice sacaría de los primeros cinco lugares (todos países con más de 18 medallas en total) a los tres Estados Unidos - de Norteamérica, de Brasil y de México – haciendo ingresar al quinteto superior a Puerto Rico, Jamaica, y República Dominicana. No deja de ser notable que Puerto Rico – el ala que cayó al mar según el poeta cubano Nicolás Guillén - queda segundo, después de Cuba ¿Dónde queda Chile con su 1,2 medallas por millón de habitantes? Pues más o menos igual, bajando del décimo al undécimo lugar, aunque ahora superando a los tres grandes antes mencionados y siendo superado por Ecuador y El Salvador, entre otros. Pero si se aplicase el nuevo índice a todos los países, bajamos del vigésimo.

 

Así es que las cosas no sólo dependen del color del cristal con que se miren sino también del índice que se use. Lo importante es que no le pasen dedo medio por índice. Una correcta medida ayuda a interpretar mejor. Siga buscando el Bello Sino.

 

* El caso extremo es el de Antigua y Barbuda, cuyos 80.000 habitantes generaron 3 medallas, lo que equivale a más de 37 por millón de habitante.

 

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