Música de Regalo
Cuando los regalos se vuelven obligación, resultan una lata. Algo de eso hay cuando amigos, parientes o colaboradores esperan algún presente al regreso de un viaje. Pero hay variantes. He de confesar que siento placer cuando en un viaje encuentro, sin proponérmelo, algo que asocio con los buenos momentos pasados con alguna persona muy querida. Me ocurrió cuando buscaba la música para niños compuesta por Carl Orff en la Fnac de Madrid y mis ojos tropezaron con Alegría Parisien de Offenbach en versión de la Boston Pops dirigida por Arthur Fiedler. La grabación es de 1954 y puede que las haya mejores, pero la versión de ese disco la tenían mis padres desde esa década y forma parte de muy buenos recuerdos que incluyen tardes de lectura, juegos y visitas agradables; así es que adquirí dos y les regalé uno a mis viejos. Pero mis auditores también tienen un lugar en estas historias.
Hace un año tuve que laborar en Santander, la capital de Cantabria en el norte de España. Aunque manejo con soltura el bono bus que me permite trasladarme sin problemas en locomoción colectiva, uno de los académicos jóvenes tuvo la gentileza de movilizarme en su auto cuando mi anfitrión no podía hacerlo. Sabedor de mi afición por la música, solía poner en el CD del coche canciones e intérpretes que pensaba podrían interesarme. Al finalizar la visita – camino al aeropuerto – mi joven amigo puso un CD copiado mientras conversábamos. Aunque no hizo comentarios, noté que me miraba con curiosidad. Lo que salía por los parlantes era el sonido de Los Beatles de la última época, con el piano y el bajo llevando el peso del arreglo; pero la letra llegó en castellano. “Señor Mostaza” me dijo el muchacho, “valencianos, me los mostró un amigo y me parecieron interesantes”. Mientras me iba fascinando con las canciones pensaba que no podía dejar a mis auditores sin ese placer. Y así fue como llegó el grupo a mi colección.
Otro ejemplo. Hamilton Island es una pequeña isla privada al norte de Australia, convertida en centro de reuniones y esparcimiento, sin autos, con circuitos de mini buses y pequeños vehículos eléctricos que se pueden arrendar por hora o día. La conferencia a la que asistía había terminado y por la noche se anunciaba música en el sitio adyacente al muelle público de la isla. Mi amigo – organizador del encuentro – me dijo que no debía perderme la presentación del grupo Hoodoo Gurus. “No están en mis libros”, le dije. Me explicó que habían sido tan populares como AC/DC – el grupo que inspiró la reciente película School of Rock – y que pensaba me interesarían musicalmente. Esa noche me acerqué con tres amigos al sitio donde los Gurus cerrarían el show. Según comprobé más tarde, la música que ofrecieron los cuatro músicos originales fue un paseo por toda su discografía, compuesta por canciones que tomaban lo mejor de todas las formas del rock desde los sesenta a los noventa, produciendo una síntesis original y cautivadora. Ni en la pequeña tienda local ni en el aeropuerto de Sydney encontré sus discos compilatorios, sensata alternativa cuando se ignora completamente la discografía. Pasé policía internacional pensando – resignado - que ya tendría en el futuro la oportunidad de incorporar a los Gurus a mi colección. Pero el recinto de Duty Free tenía una modesta tienda de discos y un dependiente gentil, evidente aliado musical. Me escuchó con atención y, moviendo la cabeza aprobatoriamente, me dijo “creo que tengo lo que busca” y se dirigió – para mi enorme placer – al anaquel de las ofertas, extrayendo un CD doble con todos los éxitos de los Hoodoo Gurus, el mismo que ahora está en mi estante-colección y que he podido hacer escuchar a lo auditores de Bello Sino.
Así como se desea sorprender a los amigos con un nuevo sabor que nos ha gustado y que deseamos compartir cuando los invitamos a comer, elegir la música que se ofrece a los auditores se ha convertido para mi en una suerte de invitación a escuchar, lo que ha hecho imposible disociar las visitas a las tiendas de música del mundo del posible placer que podría significar mostrarles éste o aquel intérprete. Es que compartir el pan, el vino y las canciones hace llevadera la búsqueda del Bello Sino.