Monday, October 29, 2007

Música de Regalo

Cuando los regalos se vuelven obligación, resultan una lata. Algo de eso hay cuando amigos, parientes o colaboradores esperan algún presente al regreso de un viaje. Pero hay variantes. He de confesar que siento placer cuando en un viaje encuentro, sin proponérmelo, algo que asocio con los buenos momentos pasados con alguna persona muy querida. Me ocurrió cuando buscaba la música para niños compuesta por Carl Orff en la Fnac de Madrid y mis ojos tropezaron con Alegría Parisien de Offenbach en versión de la Boston Pops dirigida por Arthur Fiedler. La grabación es de 1954 y puede que las haya mejores, pero la versión de ese disco la tenían mis padres desde esa década y forma parte de muy buenos recuerdos que incluyen tardes de lectura, juegos y visitas agradables; así es que adquirí dos y les regalé uno a mis viejos. Pero mis auditores también tienen un lugar en estas historias.

Hace un año tuve que laborar en Santander, la capital de Cantabria en el norte de España. Aunque manejo con soltura el bono bus que me permite trasladarme sin problemas en locomoción colectiva, uno de los académicos jóvenes tuvo la gentileza de movilizarme en su auto cuando mi anfitrión no podía hacerlo. Sabedor de mi afición por la música, solía poner en el CD del coche canciones e intérpretes que pensaba podrían interesarme. Al finalizar la visita – camino al aeropuerto – mi joven amigo puso un CD copiado mientras conversábamos. Aunque no hizo comentarios, noté que me miraba con curiosidad. Lo que salía por los parlantes era el sonido de Los Beatles de la última época, con el piano y el bajo llevando el peso del arreglo; pero la letra llegó en castellano. “Señor Mostaza” me dijo el muchacho, “valencianos, me los mostró un amigo y me parecieron interesantes”. Mientras me iba fascinando con las canciones pensaba que no podía dejar a mis auditores sin ese placer. Y así fue como llegó el grupo a mi colección.

Otro ejemplo. Hamilton Island es una pequeña isla privada al norte de Australia, convertida en centro de reuniones y esparcimiento, sin autos, con circuitos de mini buses y pequeños vehículos eléctricos que se pueden arrendar por hora o día. La conferencia a la que asistía había terminado y por la noche se anunciaba música en el sitio adyacente al muelle público de la isla. Mi amigo – organizador del encuentro – me dijo que no debía perderme la presentación del grupo Hoodoo Gurus. “No están en mis libros”, le dije. Me explicó que habían sido tan populares como AC/DC – el grupo que inspiró la reciente película School of Rock – y que pensaba me interesarían musicalmente. Esa noche me acerqué con tres amigos al sitio donde los Gurus cerrarían el show. Según comprobé más tarde, la música que ofrecieron los cuatro músicos originales fue un paseo por toda su discografía, compuesta por canciones que tomaban lo mejor de todas las formas del rock desde los sesenta a los noventa, produciendo una síntesis original y cautivadora. Ni en la pequeña tienda local ni en el aeropuerto de Sydney encontré sus discos compilatorios, sensata alternativa cuando se ignora completamente la discografía. Pasé policía internacional pensando – resignado - que ya tendría en el futuro la oportunidad de incorporar a los Gurus a mi colección. Pero el recinto de Duty Free tenía una modesta tienda de discos y un dependiente gentil, evidente aliado musical. Me escuchó con atención y, moviendo la cabeza aprobatoriamente, me dijo “creo que tengo lo que busca” y se dirigió – para mi enorme placer – al anaquel de las ofertas, extrayendo un CD doble con todos los éxitos de los Hoodoo Gurus, el mismo que ahora está en mi estante-colección y que he podido hacer escuchar a lo auditores de Bello Sino.

Así como se desea sorprender a los amigos con un nuevo sabor que nos ha gustado y que deseamos compartir cuando los invitamos a comer, elegir la música que se ofrece a los auditores se ha convertido para mi en una suerte de invitación a escuchar, lo que ha hecho imposible disociar las visitas a las tiendas de música del mundo del posible placer que podría significar mostrarles éste o aquel intérprete. Es que compartir el pan, el vino y las canciones hace llevadera la búsqueda del Bello Sino.

Posted by Argos Jeria at 13:47:54 | Permalink | No Comments »

Monday, October 22, 2007

Con los Ojos del Sesenta

Hace dos semanas se presentó el segundo libro de crónicas del Bello Sino, que recopila cincuenta y cinco artículos que expanden – y de alguna manera ordenan – los temas tratados en nuestro programa. Su título, Con los Ojos del Sesenta, puede sugerir un contenido nostálgico que, ciertamente, está lejos de reflejar la intención de los textos allí incluidos. Como usted bien sabe, lo que el programa intenta es justamente buscar buenas señales como fundamento de la posibilidad cierta de un mejor destino colectivo.  Entonces ¿Por qué esto de los ojos del sesenta?

Uso la expresión “con los ojos de” para reflejar la idea de una forma de mirar el mundo. Como nuestras percepciones están construidas sobre la base de nuestra biología inserta en y moldeada por los ambientes en los que nos hemos desarrollado – la familia, el barrio, el colegio, el trabajo – algo de común habrá en las personas que crecimos en la misma época. Hemos hablado del “carácter social” de Fromm o de “la ideología dominante” de Althusser, como aquel conjunto de valores, percepciones y actitudes que de alguna forma llegan a ser compartidos por los individuos de una sociedad, generando una manera de interpretar la realidad. Habría, entonces, esta visión “sesentista” alimentada por la forma en que estaba organizada nuestra sociedad: con prensa libre y amplia, con trabajos más bien estables, con educación pública a todos los niveles, con una central única de trabajadores, y así. Note Usted que no estoy siquiera insinuando que tal forma de organización sea superior o inferior a la actual. Pero era distinta. Esto genera una visión que podríamos denominar generacional y que entra en conflicto con los valores dominantes hoy.

Sobre esta base, creo posible la producción alegre y creativa, el uso de los avances tecnológicos para sustituir los trabajos desagradables, el crecimiento solidario y amoroso, el consumo sin ansiedad, la superación tanto de la explotación como de la alienación, el paraíso en la tierra. Por eso, si Usted me lo permite, la mirada con los ojos del sesenta me permite ver un Bello Sino. Para eso, sin embargo, tenemos que identificar los obstáculos, rebelarnos y organizarnos.

Posted by Argos Jeria at 18:50:13 | Permalink | No Comments »

Sunday, October 7, 2007

Juntos, revueltos y animosos.

Hace un par de semanas se suicidó, junto a su mujer, uno de los estudiosos más agudos de las relaciones entre el hombre y su trabajo, el filósofo francés André Gorz. En varios libros desarrolló el concepto de trabajo alienado, caracterizándolo, describiendo su evolución en el capitalismo e identificando las posibilidades de superarlo. Al hacerlo también hubo de hacerse cargo de los nuevos estilos de producción que apelan al consumo efímero y a la obsolescencia acelerada de los productos. En su juventud fue “seducido intelectualmente” (sus palabras) por la literatura de ficción de Sartre: La Nausea, El Muro. Sin intentar elucubrar en torno a los motivos de tan drástica decisión – su mujer sufría una enfermedad degenerativa grave – el caso me recordó otros, reales y de ficción, en los que un individuo perceptivo y creativo contribuye con su obra a explicar el mundo con esperanza y sucumbe precisamente a las presiones ambientales.

 

En su gran película Crímenes y Pecados, Woody Allen representa un personaje que tiene como referencia filosófica a un viejo humanista que se suicida inesperadamente. “Este es un intelectual importante. Era mi modelo”, dice entonces, y agrega, perplejo: “Día tras día decía Sí a la vida. Ahora repentinamente dice No”. El contrapunto es particularmente interesante si se considera que los personajes centrales en el film son un prestigioso y apreciado médico que manda matar a su amante que se ha transformado en una amenaza a su imagen, y un famoso y ególatra cineasta que le quita su novia a Allen inventando un viaje en que ella debe acompañarlo. Lo interesante es que el premiado médico fabrica una excusa para seguir viviendo feliz y sin remordimientos y el cineasta mantiene intacta su autoestima y su fama a pesar de su doblez. Por decirlo en breve, los que viven de la imagen ganan y los sabios inquietos intelectualmente se suicidan o son abandonados.

 

En nuestro país tenemos el caso de quien fuese nuestra más creativa folclorista, Violeta Parra, quien no sólo contribuyó al rescate del canto popular campesino sino compuso gran cantidad de temas cuyas líneas musicales y poéticas letras constituyen una mirada penetrante a nuestro acontecer social, político y amoroso. Durante 1966 grabaría su último disco incluyendo esa conocida canción en que da Gracias a la Vida, poco tiempo antes de quitársela.

 

La mirada perceptiva de Woody Allen nos proporciona un contexto para entender actitudes aparentemente tan contradictorias como las de entender el mundo y alabar la posibilidad de hacerlo por una parte, y cerrar unilateralmente la conexión con él terminando con su propia vida. Ese contexto es el de una sociedad que no indaga, que aplaude superficialmente, que estimula el placer efímero y el dominio de la imagen sobre el contenido. Quienes creemos que es posible entender mejor y construir un Bello Sino sin necesidad de estimulantes artificiales, no debemos sentirnos aislados ni solos. Debemos saber que no somos pocos. Para lograrlo debemos comunicar y escuchar, conversar y juntarnos. Por eso leo con placer los mensajes de mis auditores, y por eso deseo invitarlos este Miércoles 10 de Octubre a la presentación del segundo libro de crónicas del Bello Sino: Con los Ojos del Sesenta. Los espero en la Sala Master de la Radio Universidad de Chile a las 19:30. Conversaremos al aire y brindaremos con un bello vino.

Posted by Argos Jeria at 02:33:04 | Permalink | No Comments »

Tuesday, October 2, 2007

Cinemática peligrosa.

Recuerdo, entre asombrado y divertido, una carta al director de un periódico en la cual se planteaba lo evidentemente estúpidos que serían los así llamados “lomos de toro”, esas protuberancias amarillas que se instalan en las calles de una ciudad con el fin de disminuir la velocidad de los vehículos en ese tramo. Decía su autor (o autora) que, debido a ellos, ahora tendría que reparar su automóvil y acudir al médico más frecuentemente pues el salto que esos aparatos le hacían dar dañaba los amortiguadores del coche y la espalda de su conductor. Claro; justamente ese es el efecto que tendrían si uno NO disminuyese la velocidad.

Poco tiempo después de la instalación de estos aparatos disuasivos se aumentó en un veinte por ciento la velocidad máxima permitida por los automóviles en áreas urbanas e interurbanas. La aparente contradicción entre ambas medidas no sería tal puesto que los límites operan en toda la red y los lomos de toro están localizados en lugares precisos. No quedé muy convencido. Muchos de los accidentes de tránsito ocurren por distracción de conductores o peatones: por ejemplo, sintonizar la radio o mirar el espejo retrovisor en el caso de los primeros, atravesar distraído o verificar circulación en el sentido contrario en el de los segundos. En cualquier caso, sean eventos distractores o inesperados, lo relevante es cuánto avanza el vehículo en ese período. Esa es la razón por la cual se debe guardar una distancia prudente con el vehículo que va delante y por la cual quien choca por detrás se presume culpable. Pues bien; la cinemática más elemental indica que una distracción de, digamos, dos segundos involucra un desplazamiento no controlado de casi 67 metros si va a 120 kilómetros por hora y de algo más de 33 metros si va a 60. Y como va más rápido en el primer caso, la “cantidad de movimiento” (masa por velocidad) es  también el doble. Por eso me parecía que velocidades mayores provocarían más accidentes y más graves.

Eso me llevó a conversar del asunto con quien había sido el impulsor de los lomos de toro como encargado de la seguridad en el tránsito y luego ejecutivo de una consultora internacional. Me contó que había logrado medir la efectividad de ellos en muy corto plazo. Cuando mencioné lo de la velocidad me dijo que todos los estudios en el área mostraban que, efectivamente, los accidentes aumentaban en frecuencia y gravedad con la velocidad. Ante mi evidente cara de pregunta agregó, sonriente, que haber hecho notar tal perogrullada le había costado el puesto o, visto de otra manera, lo había llevado a residir en otro país. Recordé entonces haberlo visto en la TV en su momento diciendo que pediría al Presidente vetar la ley de aumento de los límites de velocidad.

¿Cuál será la moraleja? ¿Habrá que disminuir los cursos de Física en la enseñanza secundaria? ¿Habrá que prever hacia dónde van las decisiones del ejecutivo y el legislativo para mantener la pega? ¿Habrá que aprender a callarse? Por el tono de mi historia habrá notado que tengo gran estima por el personaje de marras, estima que creció después de esos sucesos. Me pareció que era un aliado en la búsqueda del Bello Sino. No se dé por vencido.

 

Posted by Argos Jeria at 02:35:57 | Permalink | No Comments »