Autoayuda
En lo substancial el diseño actual se realizó bajo una condición impuesta exógenamente desde la administración de las arcas fiscales: la tarifa que resultase debería ser pagada por los usuarios y cubrir los costos de los operadores, la vialidad necesaria y parte de la inversión en Metro. Tal restricción equivale –según Jara - a reducir prácticamente a cero la importancia del tiempo de los usuarios en el diseño del sistema de transporte público de superficie, generando una flota de buses mucho más pequeña que la óptima. Ahí estaría, según él, la causa primera del desastre. Me da un ejemplo: 1000 pasajeros por hora pueden ser llevados en 5 buses de 200 pasajeros, 10 buses de 100 o 20 buses por hora de 50 pasajeros. Si bien el primero es más barato y él último más caro, el servicio a los usuarios será mejor con el último pues los tiempos de espera serán menores. Lo que se ahorra en buses se paga en tiempo. Y algo similar ocurre con los recorridos basados en mucho trasbordo. Agrega que, por sus características técnicas, el diseño adecuado requiere de subsidios por pasajero perfectamente calculables. Si no se contemplan, resulta lo que resultó. Si bien hay responsables directos, los principales son los que impusieron la restricción presupuestaria, pues eso incide directa y perversamente sobre la malla de recorridos, frecuencias, tamaños de bus.
De esta forma, el requisito de autofinanciamiento – el poder de los votos monetarios – ha generado los dos grandes errores en la concepción de un sistema de transporte para Santiago: la fastuosa inversión en autopistas para los automóviles y el diseño inadecuado del transporte público de superficie. Jara me sugirió leer La carretera delante de los bueyes en el Anuario de Chile 2005 (http://www.ingcivil.uchile.cl/images/ingtranporte/anuariou2004.pdf), uno de los varios artículos en que advierte por escrito de la contradicción entre los objetivos y el diseño del sistema. Dijo también que, durante el reciente Congreso Chileno de Ingeniería de Transporte, participó en un foro panel - vedado a la prensa por los organizadores - donde el ex ministro y ex coordinador del plan, Germán Correa, planteó de manera tajante que, si las restricciones institucionales o financieras inducían un diseño inadecuado, era deber de los técnicos señalarlo insistentemente y renunciar si no son oídos. Cree Jara que hay una segunda oportunidad para aplicar tan sano consejo: buscando el diseño que considere a usuarios y operadores SIN restricción financiera, calculando los subsidios necesarios, y usando ese diseño – que resultará con menos trasbordos y mayores frecuencias - como nuevo punto de partida. La transparencia del conflicto entre fondos fiscales y calidad de vida será entonces evidente, induciendo un acuerdo inteligente o pagando las consecuencias si no se alcanza.
Luego que me entregara algunos detalles acerca de la censura de la que ha sido objeto durante estos años en diarios y radios (entrevistas suspendidas por órdenes superiores, por ejemplo), me permití hacer una pregunta íntima a mi entrevistado. “Me han dicho que tiene un programa de radio”, le dije. “Efectivamente; soy el creador, productor y conductor del programa Bello Sino en la Radio de la Universidad de Chile, todos los miércoles de 20 a 21 horas”. Perplejo le hice notar que ese era mi programa. “Argos Jeria, Sergio Jara, qué más da”, me contestó con un guiño. La búsqueda del Bello Sino está llena de sorpresivos reflejos y espejismos.