Saturday, December 29, 2007

Ni lo uno ni lo otro

Debo haber tenido unos seis años cuando mi hermana – un año menor – descubrió mi terror y asco a las cucarachas. Me perseguía con una de ellas colgando de su manita, tomada por las antenas. Luego inventaría el juego de hacerme elegir entre alternativas para mi asquerosas – comerme una barata o una araña – o desagradables – apretarme un dedo en una puerta o caerme de una escalera. En algún momento el juego fue superado por la razón y dejé de sopesar los pro y contra de cada posible evento pues, evidentemente, no tenía por qué elegir entre lo uno o lo otro.

Lo que alguna vez fue un juego de niños parece haberse convertido hoy en truco de adultos. No es infrecuente que, ante la denuncia de lo alienante e inequitativo de nuestro estilo de desarrollo, reciba como comentario que estamos mucho mejor que durante la dictadura. Como si las alternativas fuesen esto o aquello, como si debiese elegir entre la angustia represiva o la ocasionada por la inestabilidad laboral. Dado que hoy la persecución por las ideas es mucho más moderada, me insinúan que debería yo aceptar con resignación y hasta – tal vez – agradecimiento, las políticas actuales en servicios tan fundamentales como la salud, la educación y el transporte, basadas en el poder adquisitivo de la población, creando dos mundos sin intersecciones ¿Desde cuándo debo elegir entre una metralleta en la espalda o un lugar en el hospital siquiátrico?

Durante este año que termina hemos tenido otra muestra dramática de esta forma dominante de razonar: la “opción” entre un servicio con bajas frecuencias, grandes buses y mucho trasbordo, o las viejas y peligrosas micros amarillas. Como si no fuese posible un servicio moderno, bien diseñado, cómodo y eficiente, real alternativa al uso del automóvil. Pero claro, tal servicio requiere de subsidios bien calculados que van de la mano de un sistema de transporte público que poco tiene que ver con el de las micros amarillas o el desastroso Transantiago. Y eso no es posible en el reino de los votos monetarios.

Por eso los quiero a invitar a no aceptar esas falsa alternativas. No tenemos por qué elegir entre la dictadura de las armas y la dictadura del dinero. Deseo a todos ustedes un 2008 en que la búsqueda del Bello Sino se convierta en una nueva opción, libertaria y cariñosa, en todas las dimensiones de nuestra vida en sociedad.

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Saturday, December 22, 2007

Amigo Aleatorio

La navidad está llena de tradiciones que alcanzan a todo tipo de familias, sean o no cristianas. Si bien esto de los regalos se ha generalizado, convirtiéndose en una suerte de imposición social, el período previo a las celebraciones ha generado tradiciones colectivas cuyo origen es difícil de detectar. Una de ellas es el juego favorito en prácticamente todos los lugares de trabajo: el amigo secreto. Como todos saben, se trata de sortear entre quienes desean participar – el sistema del papelito con el nombre es lo usual - el destinatario del regalo que uno debe adquirir, normalmente con la condición de un precio comprendido en un rango predeterminado. El día acordado, usualmente después de algún tipo de celebración que incluye comidas y bebidas, se leen los nombres escritos en cada paquete depositado previamente al pie de un árbol. El receptor abre el regalo y lo muestra; el grupo se asombra (o finge hacerlo) de lo que cada uno recibe. Aunque siempre hay obsequios ingeniosos, el juego tiene pequeños inconvenientes, algunos menores, como la ausencia de alguno de los participantes (lo que se soluciona a posteriori) o la presencia de otro a última hora, y otros más relevantes, como la recepción de regalos inadecuados o poco apreciados; como siempre se termina identificando a quien compró cada regalo, esto último causa algún tipo de tensiones personales.

Este año en mi trabajo hicimos una innovación que no me parece muy conocida y que resultó realmente entretenida, razón por la cual he decidido compartirla con ustedes.  Para empezar, no se asigna destinatario previo: usted simplemente llega al evento con su regalo – necesariamente unisex - escogido en el rango de precio pre-determinado. Sólo entonces se hacen los papelitos, que esta vez no contienen nombres sino números consecutivos de uno a la cantidad de participantes. Imagínense el panorama: N jugadores frente a N regalos cuyo contenido desconocen y cuyo envoltorio puede ser completamente engañoso (por eso es importante que los paquetes no sean tocados más que por quien lo depositó, ojalá antes del evento). Y ahora viene lo bueno, pues no se trata de que cada uno elija un paquete según el orden que le ha correspondido en los papelitos previamente sorteados. Sólo el primer jugador debe elegir de entre los envoltorios que ve, retirarlo y abrirlo. De ahí en adelante la cosa es dinámica, estratégica y azarosa, pues un jugador puede elegir entre un regalo aún cerrado o alguno de los que ya han sido abiertos y mostrados. Si hace esto último, corresponde jugar al antiguo “dueño”, quien puede elegir entre los cerrados y los abiertos… salvo aquel que le han arrebatado recién. La única regla adicional es que un regalo abierto sólo puede robarse tres veces. Aunque no lo crea, estas simplísimas reglas pueden generar dinámicas sorprendentes.

Para que tenga una idea, el segundo jugador en mi oficina (doce en total) debió escoger entre algo bonito – los chocolates que sacó el primer jugador – y once “sorpresas”. Optó por esto último, eligiendo el envoltorio más grande que resultó contener un hermoso trío de higiene bucal: hilo dental, cepillo y líquido para enjuague. Tan útil presente no despertó el interés de ninguno de los jugadores, lo que hizo que nuestro compañero lo mantuviera hasta el final. Distinto fue el caso de la tercera jugadora, quien eligió un envoltorio que sugería un licor pero que contenía dos libros de Simenon con casos del inspector Maigret. Si bien las novelas le fueron arrebatadas en un turno posterior, ella se las arregló para recuperarlas pues también le robaron su segunda elección, lo que le permitió volver a ellas. Lo notable fue que eso constituyó el segundo robo de los libros, lo que motivó al nuevo afectado (que los deseaba) a  diseñar una simple y efectiva estrategia: eligió un regalo muy tentador de los ya abiertos, provocando su inmediato robo lo que le devolvió el turno permitiéndole la recuperación definitiva de los libros por ser el tercer robo ¿Me creerá que seis de los regalos agotaron el número permitido de cambios de mano?

Si quisiera darle alguna interpretación positiva a esta innovación de una de nuestras más arraigadas tradiciones navideñas, podría decirse que todos los que juegan son iguales (como si el ingreso estuviese homogéneamente distribuido), que las reglas estimulan la aparición de ingeniosos regalos impersonales y que se pasa un buen rato. Por supuesto que la forma tradicional también tiene su mérito, al estimular la preocupación por una persona concreta. Adivino su pregunta: ¿Qué me tocó a mi? No lo va a creer; me arriesgué a escoger el único envoltorio que lucía como un CD, lo que bien podría haber sido una caja de lápices. Resultó ser una selección de clásicos del jazz que mantuve hasta el final, lo que me dará oportunidad de compartirlo con ustedes en esta eterna búsqueda del Bello Sino. Feliz Navidad.

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Monday, December 17, 2007

Pequeños secretos

Parece haber infinitos ángulos para referirse al amor, palabra cargada de las más sublimes connotaciones y, al mismo tiempo, sujeto de largos debates acerca de su significado. Me acabo de encontrar con una provocación interesante en la literatura del húngaro Sándor Márai. El autor dedica casi la mitad de su libro Divorcio en Buda al cuasi monólogo de un médico que se dirige, triste y angustiado, al joven abogado que tramita la separación con su mujer tras ocho años de matrimonio feliz. Se pregunta el marido si el amor es conocer a la otra persona, “conocerla perfectamente, con todos sus secretos”, para luego reflexionar acerca de cuánto se puede conocer a un ser humano, pues “no se puede acompañar a nadie a su inconsciente”. Concluye el médico que el conocimiento tiene límites y que seguramente el amor es más que eso.

“Amar debe ser algo parecido a seguir el mismo ritmo”, se plantea entonces, refiriéndose a tener los mismos gustos, opiniones y expresiones. Pronto concluye que tal relación de semejanza es imposible pues las personas son esencialmente distintas. Sin embargo, el marido a las puertas del divorcio parece pensar que la cercanía al conocimiento sin secretos y a la coincidencia en las preferencias y actitudes serían estados deseables, perfectos, pero que habría “que aceptar la felicidad así, en su estado imperfecto”. Impresionante es su recuerdo del día en que, cuatro años antes, en medio de su estado que él percibe como feliz y de segura compañía, el médico descubre que nada tiene sentido, que el vacío ha invadido su vida. Tal percepción persiste en los cuatro años siguientes de su vida en común. La angustia lo acompaña hasta que deciden separarse, sorprendiendo a sus conocidos que los tienen como ejemplo de matrimonio perfecto. “Nunca nos hemos engañado. Jamás hemos discutido. Se trata únicamente de que no hemos podido soportar lo que nos callábamos ante el otro. Ya sabes, esa propiedad privada…”.

El relato que transita desde el amor hacia los secretos, las semejanzas, el vacío y la angustia, termina por desembocar en una consulta del médico al abogado, quien conoció a su mujer en breves y escasos encuentros sociales fortuitos: “¿…has soñado con Anna?”. “Varias veces”, termina respondiendo el jurista. Como lector, tuve que recibir primero muchas páginas con la descripción de la personalidad de ese abogado y de su propia perspectiva acerca de las veces que interactuó con la mujer cuyo divorcio tramitaba. Tuve luego que sumergirme en las elucubraciones y razonamientos del marido para desembocar en una pregunta y su simple respuesta, para concluir que esas 181 páginas me habían remecido. Me pregunto si los pequeños secretos íntimos, las pequeñas y atesoradas emociones, son o no son parte de aquello que debemos respetar en la búsqueda del Bello Sino.

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Monday, December 10, 2007

Conocimiento y Democracia

La investigación científica es objeto de trabajo periodístico en prácticamente todos los medios de comunicación: programas de radio y televisión o secciones estables en los diarios. Normalmente lo central es el resultado, es decir, las propiedades de la nueva enzima descubierta, las virtudes del nuevo procedimiento médico, las características del software que facilita procesos, la ubicación de la nueva estrella descubierta, y así. Otras veces el programa o el reportaje se concentran en el científico o la investigadora, caso en el cual usualmente se destacan la formación, los artículos escritos, el tesón e inteligencia. En ambos casos se establece, voluntariamente o no, una suerte de distancia entre los que “saben” y los que no saben.

Rara vez se habla del proceso que lleva al científico al resultado. Lo cierto es que tal proceso hermana a físicos, ingenieros, biólogos o sociólogos en tanto cada uno desarrolla o verifica interpretaciones a partir de información generada u observada en su respectivo campo. Ese proceso necesariamente desafía - abierta o marginalmente - lo que hasta allí se consideraba “correcto”. Si se piensa que, a fin de cuentas, en ese proceso de creación interactúa la información con la capacidad de abstracción para producir una síntesis que intenta superar lo establecido, pues resulta que todos utilizamos ese método continuamente. Es decir, compartimos de alguna manera características que normalmente asociamos sólo a quienes se dedican a la investigación.

Si en la cobertura periodística de la creación científica se enfatizara el proceso, sería mucho más visible la importancia de entender, de captar información, de discutir, de desafiar lo establecido, de proponer nuevas formas de mirar. Sería más relevante la actitud frente al conocimiento que las características o logros del científico. Es que en el corazón mismo del proceso de creación de conocimiento están los fundamentos de la democracia. De esta manera, la crítica liviana y conservadora de la democracia como aquel sistema donde un sabio pesaría menos que nueve ignorantes quedaría superada al poner en primer plano la voluntad de promover la lectura, el estudio y la experiencia como fuentes de desafío constructivo - humanamente cariñoso - de lo establecido, dejando a los científicos en el papel de voceros y ardientes expositores de lo positivo de tal actitud.

Por otra parte, quienes se mueven en la frontera del conocimiento en algún área serán capaces de extraer lo fundamental para provocar la curiosidad - más que la admiración - de sus semejantes. Si no pueden es que no entienden tan bien las cosas, y si no quieren, es que no buscan el Bello Sino.


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Sunday, December 2, 2007

Noches de Boda

No llegamos tan temprano como yo hubiese querido. Nuestras entradas para la tribuna lateral del velódromo del Estadio Nacional no eran numeradas y el primer lugar para tres que encontramos quedaba demasiado en diagonal con respecto al escenario. Mi mujer se quedó allí mientras mi hijo mayor y yo explorábamos la disponibilidad de asientos en una mejor ubicación. La hallamos en un sector ideal, con muy buena visión del escenario, sin alejarse demasiado de él y a una altura moderada. Pero el espacio era estrecho para tres. Nuestras potenciales vecinas, una joven y su madre que - según supimos después – habían llegado muy temprano, no se mostraron muy deseosas de ampliar el espacio pues estaban reservando lugar al otro lado para unos amigos. Convenimos en re evaluar la situación una vez que ellos llegaran. A poco de instalarnos ya nos conocíamos bien, ayudados por una coincidencia personal: la chica y yo teníamos cumpleaños el mismo día. No recuerdo cómo llegamos a saberlo, pero eso terminó de abrir los corazones y estimuló la conversación. Cuando los amigos llegaron, hubo espacio suficiente para todos.

Estábamos rodeados de mujeres de todas las edades, felices y expectantes por lo que adivinaban sería una estupenda experiencia musical y emocional. Y lo fue. Sabina y Serrat fueron mucho más que dos. Escogieron su repertorio de manera muy astuta, acudiendo a las canciones más populares del catalán y a las letras más incisivas del andaluz. Balancearon responsabilidades de manera natural, recreando las melodías del otro y las propias con fuerza y emoción. Aunque ambos nacieron en la primera mitad del siglo XX, los 64 años de Joan Manuel y los 58 de Joaquín produjeron maravillas en la comunicación en y desde el escenario, mostrando cariño y respeto entre ellos y para con nosotros. La mezcla creativa de Penélope, La del pirata cojo, Mediterráneo, 19 días y quinientas noches, Para la libertad, Y nos dieron las diez, Aquellas pequeñas cosas, Princesa y tantas otras canciones, se extendió por más de dos horas y media para deleite de quienes estuvimos allí desde temprano.

Nuestras vecinas y nosotros nos sorprendimos mucho de ver llegar tarde a gran cantidad de público en los asientos caros, lo que indujo algún retraso en el comienzo del recital. Más sorprendente aún fue verlos retirarse sin esperar las salidas adicionales que causaron el gozo en nuestro sector y la galería, donde no se movió nadie. Pagan caro, llegan tarde y se van temprano, era el comentario a mi alrededor mientras permanecíamos estoicos y felices en nuestros lugares. Es que no podíamos perdernos a Sabina y Serrat cantando a dúo “que todas las noches sean noches de boda y todas las lunas sean lunas de miel”. Lo sentí personal; yo me habría casado con todas, jóvenes y maduras, hermosas y seductoras a través de sus sonrisas y cantos. Olvidé contarle que la pareja amiga de nuestras encantadoras vecinas de asiento – profesoras - resultó ser oyente de Bello Sino. Es que no podía ser de otra manera, pensé, mientras una de ellas nos tomaba una foto.

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