Sunday, December 2, 2007

Noches de Boda

No llegamos tan temprano como yo hubiese querido. Nuestras entradas para la tribuna lateral del velódromo del Estadio Nacional no eran numeradas y el primer lugar para tres que encontramos quedaba demasiado en diagonal con respecto al escenario. Mi mujer se quedó allí mientras mi hijo mayor y yo explorábamos la disponibilidad de asientos en una mejor ubicación. La hallamos en un sector ideal, con muy buena visión del escenario, sin alejarse demasiado de él y a una altura moderada. Pero el espacio era estrecho para tres. Nuestras potenciales vecinas, una joven y su madre que - según supimos después – habían llegado muy temprano, no se mostraron muy deseosas de ampliar el espacio pues estaban reservando lugar al otro lado para unos amigos. Convenimos en re evaluar la situación una vez que ellos llegaran. A poco de instalarnos ya nos conocíamos bien, ayudados por una coincidencia personal: la chica y yo teníamos cumpleaños el mismo día. No recuerdo cómo llegamos a saberlo, pero eso terminó de abrir los corazones y estimuló la conversación. Cuando los amigos llegaron, hubo espacio suficiente para todos.

Estábamos rodeados de mujeres de todas las edades, felices y expectantes por lo que adivinaban sería una estupenda experiencia musical y emocional. Y lo fue. Sabina y Serrat fueron mucho más que dos. Escogieron su repertorio de manera muy astuta, acudiendo a las canciones más populares del catalán y a las letras más incisivas del andaluz. Balancearon responsabilidades de manera natural, recreando las melodías del otro y las propias con fuerza y emoción. Aunque ambos nacieron en la primera mitad del siglo XX, los 64 años de Joan Manuel y los 58 de Joaquín produjeron maravillas en la comunicación en y desde el escenario, mostrando cariño y respeto entre ellos y para con nosotros. La mezcla creativa de Penélope, La del pirata cojo, Mediterráneo, 19 días y quinientas noches, Para la libertad, Y nos dieron las diez, Aquellas pequeñas cosas, Princesa y tantas otras canciones, se extendió por más de dos horas y media para deleite de quienes estuvimos allí desde temprano.

Nuestras vecinas y nosotros nos sorprendimos mucho de ver llegar tarde a gran cantidad de público en los asientos caros, lo que indujo algún retraso en el comienzo del recital. Más sorprendente aún fue verlos retirarse sin esperar las salidas adicionales que causaron el gozo en nuestro sector y la galería, donde no se movió nadie. Pagan caro, llegan tarde y se van temprano, era el comentario a mi alrededor mientras permanecíamos estoicos y felices en nuestros lugares. Es que no podíamos perdernos a Sabina y Serrat cantando a dúo “que todas las noches sean noches de boda y todas las lunas sean lunas de miel”. Lo sentí personal; yo me habría casado con todas, jóvenes y maduras, hermosas y seductoras a través de sus sonrisas y cantos. Olvidé contarle que la pareja amiga de nuestras encantadoras vecinas de asiento – profesoras - resultó ser oyente de Bello Sino. Es que no podía ser de otra manera, pensé, mientras una de ellas nos tomaba una foto.

Posted by Argos Jeria in 16:11:00
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