Saturday, December 22, 2007

Amigo Aleatorio

La navidad está llena de tradiciones que alcanzan a todo tipo de familias, sean o no cristianas. Si bien esto de los regalos se ha generalizado, convirtiéndose en una suerte de imposición social, el período previo a las celebraciones ha generado tradiciones colectivas cuyo origen es difícil de detectar. Una de ellas es el juego favorito en prácticamente todos los lugares de trabajo: el amigo secreto. Como todos saben, se trata de sortear entre quienes desean participar – el sistema del papelito con el nombre es lo usual - el destinatario del regalo que uno debe adquirir, normalmente con la condición de un precio comprendido en un rango predeterminado. El día acordado, usualmente después de algún tipo de celebración que incluye comidas y bebidas, se leen los nombres escritos en cada paquete depositado previamente al pie de un árbol. El receptor abre el regalo y lo muestra; el grupo se asombra (o finge hacerlo) de lo que cada uno recibe. Aunque siempre hay obsequios ingeniosos, el juego tiene pequeños inconvenientes, algunos menores, como la ausencia de alguno de los participantes (lo que se soluciona a posteriori) o la presencia de otro a última hora, y otros más relevantes, como la recepción de regalos inadecuados o poco apreciados; como siempre se termina identificando a quien compró cada regalo, esto último causa algún tipo de tensiones personales.

Este año en mi trabajo hicimos una innovación que no me parece muy conocida y que resultó realmente entretenida, razón por la cual he decidido compartirla con ustedes.  Para empezar, no se asigna destinatario previo: usted simplemente llega al evento con su regalo – necesariamente unisex - escogido en el rango de precio pre-determinado. Sólo entonces se hacen los papelitos, que esta vez no contienen nombres sino números consecutivos de uno a la cantidad de participantes. Imagínense el panorama: N jugadores frente a N regalos cuyo contenido desconocen y cuyo envoltorio puede ser completamente engañoso (por eso es importante que los paquetes no sean tocados más que por quien lo depositó, ojalá antes del evento). Y ahora viene lo bueno, pues no se trata de que cada uno elija un paquete según el orden que le ha correspondido en los papelitos previamente sorteados. Sólo el primer jugador debe elegir de entre los envoltorios que ve, retirarlo y abrirlo. De ahí en adelante la cosa es dinámica, estratégica y azarosa, pues un jugador puede elegir entre un regalo aún cerrado o alguno de los que ya han sido abiertos y mostrados. Si hace esto último, corresponde jugar al antiguo “dueño”, quien puede elegir entre los cerrados y los abiertos… salvo aquel que le han arrebatado recién. La única regla adicional es que un regalo abierto sólo puede robarse tres veces. Aunque no lo crea, estas simplísimas reglas pueden generar dinámicas sorprendentes.

Para que tenga una idea, el segundo jugador en mi oficina (doce en total) debió escoger entre algo bonito – los chocolates que sacó el primer jugador – y once “sorpresas”. Optó por esto último, eligiendo el envoltorio más grande que resultó contener un hermoso trío de higiene bucal: hilo dental, cepillo y líquido para enjuague. Tan útil presente no despertó el interés de ninguno de los jugadores, lo que hizo que nuestro compañero lo mantuviera hasta el final. Distinto fue el caso de la tercera jugadora, quien eligió un envoltorio que sugería un licor pero que contenía dos libros de Simenon con casos del inspector Maigret. Si bien las novelas le fueron arrebatadas en un turno posterior, ella se las arregló para recuperarlas pues también le robaron su segunda elección, lo que le permitió volver a ellas. Lo notable fue que eso constituyó el segundo robo de los libros, lo que motivó al nuevo afectado (que los deseaba) a  diseñar una simple y efectiva estrategia: eligió un regalo muy tentador de los ya abiertos, provocando su inmediato robo lo que le devolvió el turno permitiéndole la recuperación definitiva de los libros por ser el tercer robo ¿Me creerá que seis de los regalos agotaron el número permitido de cambios de mano?

Si quisiera darle alguna interpretación positiva a esta innovación de una de nuestras más arraigadas tradiciones navideñas, podría decirse que todos los que juegan son iguales (como si el ingreso estuviese homogéneamente distribuido), que las reglas estimulan la aparición de ingeniosos regalos impersonales y que se pasa un buen rato. Por supuesto que la forma tradicional también tiene su mérito, al estimular la preocupación por una persona concreta. Adivino su pregunta: ¿Qué me tocó a mi? No lo va a creer; me arriesgué a escoger el único envoltorio que lucía como un CD, lo que bien podría haber sido una caja de lápices. Resultó ser una selección de clásicos del jazz que mantuve hasta el final, lo que me dará oportunidad de compartirlo con ustedes en esta eterna búsqueda del Bello Sino. Feliz Navidad.

Posted by Argos Jeria in 15:33:08
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