Domingo, Septiembre 16, 2007

El tiempo no lo cura

Que me perdonen las auditoras, pero una de las formas que me resulta más sencilla para ubicar las distintas canciones en el tiempo es asociándolas con alguna mujer, normalmente una polola. Por eso, y sin más indagación, creo que Recuerdos de Verano es de 1963, Debería Habérmelo Imaginado del 64, Crimson and Clover del 69, Lay Lady Lay del 71 y Morning has Broken del 72. Pero esta asociación puede extrapolarse hacia otro tipo de hitos en la vida de cada cual.

Desde 1991 la música de La Pera Madura me ha acompañado como característica de mis programas de radio: Con los Ojos del Sesenta, hasta el 2000, y Bello Sino hasta hoy. Si bien la versión original es italiana, la canción fue popularizada en Chile a comienzo de los sesenta por Sergio Inostroza, quien acaba de fallecer en Suecia. Aunque no lo conocí personalmente, sus grabaciones han estado presentes en muchas etapas de mi vida, como probablemente ha ocurrido a muchas otras personas con estas u otras músicas. Su versión de El Pullover Mágico para mi tiene color (blanco), textura (angora) y forma juvenil (sin comentarios). Fue la misma Pera Madura la que me ayudó en los primeros devaneos con la guitarra, aunque la tocaba con tres posturas, forzando la parte central de la canción a ceñirse no muy adecuadamente al La, Re y Mi que utilizaba – entusiasta y decidido – en prácticamente todas las interpretaciones de la música de la época. Siguiendo la misma receta, recibí con entusiasmo El Twist del Tren, cuyo primer acorde se usa en prácticamente todo el primer verso, sin cambiar; recuerdo nítidamente la interpretación de ella que hicimos con mis hermanas en el salón de actos de la parroquia Santa Marta, en Ñuñoa.

¿Se habrá enterado Sergio Inostroza de la conversión del estribillo de su madura pera en un alegre grito de guerra durante la dictadura? Imagínese lo inocente de la letra que comienza con un llamado a superar un traspiés amoroso pues “El tiempo es el que todo cura, borrando penas y amarguras...”, lo que se supone ocurriría con “la pera madura que pronto, pronto ha de caer” y que nos haría “olvidar mi sed con su tersura y el aroma que da su piel”. Pero la sensual asociación entre fruta y mujer fue transformada para rematar con un coro que cantábamos con toda intención sesentista: “Y caerá, caerá, caerá al pensar tal vez, ay, ay, en el amor”. Las circunstancias se dieron para que la alegre canción de renovada conquista juvenil se convirtiera en esperanza de la generación de los ochenta.

Y así es que un intérprete que no conocí, puro pop de nuestros años sesenta, pasó a formar parte de la vida de varias generaciones. Más allá de aquella década en que pensamos que todo era posible, de las décadas en que nos defendimos como pudimos, y de esta década en que se han asentado las bases de la úlcera colectiva,  estamos buscando las señales positivas pues sabemos que el tiempo no lo cura todo y que el futuro depende de nuestra efectividad para reencontrarnos con la esperanza de un Bello Sino.

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Lunes, Septiembre 10, 2007

Complicidades

Me escribe una auditora para contarme que Bello Sino la entretiene, la hace reír, la enternece y la hace bailar. Y me dice que hace caleidoscopios, cocina, escribe poesía, toca un poco de piano y guitarra, y le gusta el cine. Luego me hace su cómplice: “Compartimos muchas cosas: se te nota lo mucho que amas a tu pareja, yo ídem a la mía; tienes una biblioteca que se rebalsa por la casa, nosotros también; pensamos que por los hijos nos reconoceréis; nos gusta comer rico y tomar de vez en cuando un buen vino; no cachamos mucho de la farándula, leemos bastante, nos encanta ir al teatro, no vemos TV en general, y compartimos muchos puntos de vista”. En diversos tonos y formas, muchos auditores manifiestan de manera creativa y autónoma este tipo de afinidades. Creo que estas complicidades reflejan también otras.

Es para mi evidente que quienes manifiestan su disconformidad con los valores imperantes y que se sienten incómodos con estas leyes de la selva, no tiene como opción estructuras rígidas o represivas de la sociedad. Por el contrario, los imagino libres y deseosos de contribuir a suprimir las trabas a la verdadera libertad colectiva. Los intuyo amigos de la Democracia representativa y no de la casi representativa, capaces de darse cuenta de la tarea casi imposible que significa levantar una alternativa que, de golpe y porrazo, alcance sobre el 30% de apoyo en el sistema binominal que estimula el así llamado voto útil, que finalmente resulta inútil. Los imagino inquietos ante la dificultad de articular una manera organizada de representar el rechazo intuitivo a una forma vil de convivencia.

No creo que seamos pocos quienes no tuvimos caídas de muro, porque nunca tuvimos muro; quienes pensamos que la mala distribución del ingreso no se debe a la inteligencia y trabajo de unos o la estupidez y flojera de otros sino a relaciones estructurales en el terreno de las ganancias y el salario; quienes nos acongojamos por el deterioro de la estabilidad emocional de buena parte de la población debido a la incertidumbre en el trabajo, las pensiones y la salud; quienes aún nos asombramos de que se diga una cosa y se haga exactamente lo contrario, como en el transporte público; quienes no aceptamos que las alternativas son la dictadura de las armas o la del dinero. Quienes así pensamos, no podemos dejar de estar alertas para detectar los mecanismos mediante los cuales los ideólogos afines a la supervivencia del status quo van afirmando en el inconsciente colectivo la idea de que no hay nada que hacer, que esto es el fin de la historia. Darnos por vencidos en ese terreno sería colaboracionismo, sería olvidar a las generaciones futuras. Así es que, a pesar de la abrumadora dominación de los medios que distraen, adormecen y embrutecen, hay que seguir discutiendo, hay que seguir buscando el Bello Sino. Aunque por decir lo obvio podamos ser acusados de terroristas, anticuados o ilusos.

Posted by Argos Jeria at 09:55:57 | Permanent Link | Comments (2) |

Sábado, Septiembre 01, 2007

Para la Libertad

En su versión trivial, la libertad sería el derecho a hacer lo que a uno le venga en ganas. Tal concepto sólo tendría como límite aquellas acciones que atenten contra la libertad de los demás. Complicada visión, ya que – como lo discutiésemos en otra crónica - nuestras acciones son parte de la historia de quienes nos rodean, contribuyendo a ella como parte del entorno social. Entonces, salvo que creamos que nuestras preferencias están determinadas genéticamente en el momento en que el espermatozoide de nuestro padre fecundó al óvulo de nuestra madre, somos influidos por (e influimos en) los gustos, acciones y percepciones de amigos, vecinos, parientes y colegas. Desde este punto de vista, las ganas que nos vienen son producto de la interacción con nuestros semejantes. Es decir, bajo esta perspectiva, el límite de las acciones lícitas – la libertad de los demás – es bastante difuso.

 

Tomemos otro ángulo. Circula en ferias y ventas callejeras un afiche en que aparece Janis Joplin –apreciada blusera de finales de los sesenta - cubierta sólo por muchos hermosos collares artesanales con una leyenda que dice “libertad es no tener nada que perder”, sugiriendo que las posesiones limitarían la libertad, debido a la necesidad de cuidarlas y al esfuerzo necesario para adquirirlas. Interesante, ya que superado un límite básico de consumo para la supervivencia, el esfuerzo remunerado para financiar el consumo superfluo se opondría al tiempo libre y creativo. Claro que lo que es superfluo para unos es “necesario” para otros. Y como el reino de la necesidad es evidentemente producto subjetivo del medio ambiente, podríamos contribuir a la libertad de nuestros hijos, por ejemplo, asociando los buenos momentos a la música, la lectura o la conversación - actividades creativas y potencialmente baratas - o a la falta de ella al organizar peregrinajes a los centros comerciales en busca de artículos de marca. Las actitudes y visiones que ambas alternativas contribuyen a generar son muy distintas.

 

Una vez que ingresamos al terreno del condicionamiento ambiental de nuestro comportamiento, una tercera perspectiva sobre la libertad es posible. En el ámbito del conductismo, es decir, de la ciencia que estudia el comportamiento sobre la base de las recompensas y castigos asociados a nuestras acciones, el salario es visto como un reforzador positivo; algo así como que bailamos (pensamos, opinamos) según quien ponga la música, en este caso el dinero. Desde este punto de vista, el salario digno, estable y asegurado nos libera de una restricción no menor, nos deja más libres en nuestras opiniones y acciones más allá del trabajo mismo.

 

La libertad, entonces, tiene ribetes complejos. Si la entendemos como el ejercicio de nuestros deseos, pues debemos examinar la fuente de tales deseos. Un ambiente relajado, lejano de las presiones del consumo superfluo, y un salario asegurado contribuyen de manera cierta a que podamos dedicarnos, alegre y libremente, a buscar el Bello Sino.

Posted by Argos Jeria at 09:58:43 | Permanent Link | Comments (0) |