Palabras
Me acordé de estas estadísticas cuando tuve que esperar a una amiga en un centro comercial mientras ella miraba las ofertas de fin de verano. Como contrapunto, se me ocurrió que conversar, leer y escuchar música popular son actividades que tienen a la palabra como centro, que comunican y abren horizontes; son actividades que, bien cultivadas, significan entretenimiento para siempre, barato y humano. Así como la conversación es normalmente impredecible, tomando giros inesperados o recomenzando con nuevos bríos desde nuevos ángulos, la lectura trae más lectura y la música más música. Si un autor nos gusta leemos más de sus libros; si un grupo o solista nos entusiasma por sus letras o estilo buscamos a quienes lo inspiraron y sobre quienes influyó. Y terminamos dedicados a largas tertulias, leyendo todos los libros de Camilleri y escuchando la música de aquellos que cultivaron o cultivan el sonido Beatle, sólo por dar unos pocos ejemplos.
Pero – claro – las actividades que descansan en el uso de las palabras requieren de asignación de tiempo y, por lo tanto, compiten con otras actividades, como la de pasearse en el centro comercial, por ejemplo. O ver TV. Creo que la conversación, la música y la literatura nos ayudan a des-alienarnos, y nos hace encontrar aliados a veces inesperados. La vecina de casa, de oficina o de viaje en bus que conversa con nosotros compartiendo sus opiniones, podría ser perfectamente calificada de anti-sistémica al fomentar una actividad no productiva e ineficiente. También hay aliados conocidos, como Albert Camus quien escribió hace más de sesenta años que “nuestro cometido de hombres estriba en hallar aquellas fórmulas capaces de apaciguar la angustia infinita de las almas libres.”…“Tenemos que hacer que vuelva a adquirir significación la felicidad para los pueblos envenenados por la infelicidad del siglo. Por cierto que se trata de un cometido sobrehumano. Pero el caso es que se llaman sobrehumanas aquellas tareas que los hombres cumplen en muy largo tiempo.”
Debemos volver a reconocer que es más importante la libertad de hablar y leer, de discutir y discrepar, que la de comprar. Eso es esencial en el camino al Bello Sino.