¿Cómo nos cambia la vida?
dando gritos de Yankee go home, coreando slogans de Fidel.
Hoy tiene un adoquín, en su despacho, del muro de Berlín.”
Joaquín Sabina.
Si el entorno social va moldeando nuestras actitudes y opiniones, si la existencia es la madre de la conciencia, es probable que pasar de empleado a empresario, de San Miguel a Las Condes o de activista a emprendedor* - cosas tan inocentes como pasar de peatón a conductor - influya a muchos mediante variados mecanismos: la necesidad de aumentar la distancia entre ingresos (los propios) y costos (incluyendo el salario de los demás), el deseo de mimetizarse con los nuevos vecinos imitando su patrón de consumo, o las ganas de reemplazar los valores ambientales por los de la bolsa de comercio. Tales cambios, usualmente paulatinos, suelen ser justificados por quienes los experimentan mediante comparaciones con aquellos que no los exhiben, quienes serían estáticos, anticuados, poco ambiciosos o – en los casos más agresivos de auto justificación – retrógrados.
El tipo de cambio antes descrito probablemente es el más evidente ya que es aquel que, por decirlo de alguna manera, significa un viraje en ciento ochenta grados en las opiniones, preferencias o estilo de vida. Aquel que va de blanco a negro o de caliente a frío, el que induce a la quema de lo adorado (el pensamiento de tal o cual filósofo, la revolución socialista, la planificación) lo cual sugiere liviandad en los argumentos que sustentaban tal adoración ¿Significa esto que quienes siguen viviendo en el mismo barrio o laboran en la misma pega no cambian? Me refiero a quienes lo hacen como opción de vida, es decir, aquellos que podrían emigrar hacia otros vecindarios o trabajos y no lo hacen por gusto. Me parece detectar en esta elección otro tipo de cambio que se construye sobre el estadio previo, que profundiza. No deja de ser curioso que el personaje de Woody Allen en Crímenes y Pecados, el más inquieto intelectualmente y menos exitoso según los parámetros dominantes, viva en una departamento lleno de libros y discos puestos en estantes de madera muy sencillos, como muchas otras personas que conozco. Pareciera que la despreocupación por el consumo de los demás o por la búsqueda de riquezas permitiera asignar más tiempo a entender mejor las cosas. Así, por ejemplo, a la preocupación por la pobreza y sus causas se suma la necesidad de identificar también los mecanismos que hacen a los pobres aceptar su propio estado. En este caso el cambio personal no supone la transformación de la percepción de la pobreza en su justificación, sino la evolución hacia nuevas preocupaciones, más profundas, como las causas de la alienación.
Es importante no dejar de conversar con quienes sustentan su renovada visión del mundo en argumentos que antes miraban como erróneos. Aunque más no sea para mantenerse ágil intelectualmente, cuestión no menor en la búsqueda del Bello Sino. Recuerde que la explotación del hombre por el hombre se sustenta en la alienación de pobres y ricos.
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*Ver crónica Activistas y Emprendedores del 30 de junio del 2007 en www.bellosino.blog o en Con los Ojos del Sesenta (Crónicas del Bello Sino), Ediciones Radio Universidad de Chile, 2007.