Obras y Obreros
En el colegio aprendí que un tal Goya era el autor de La Maja Desnuda, cuadro que a esa edad me debe haber llamado la atención por razones obvias, aunque luego me pareciese que algo andaba mal con las proporciones físicas de la señora allí representada. Creo que fue en el Fine Arts de Boston donde vi por primera vez –muchos años después – un dibujo de Goya llamado El Sueño de la Razón Produce Monstruos, con el que me sentí muy interpretado. Junto a él estaba la colección de grabados donde Goya representa a ricos y poderosos como asnos que no entienden de música pero lo pretenden, que posan de profesores o médicos sin saber, y que viven a costa de los demás. Todo esto me llevó a indagar sobre la vida del pintor para entender mejor qué lo había llevado a representar de forma tan jocosa como incisiva tales facetas humanas. Las obras me decían algo sobre la vida de su creador, quien de alguna forma llamaba a no ceder, a tratar de entender las cosas como condición necesaria para buscar el Bello Sino.
Las obras creativas – novelas, cuadros, poemas, películas, esculturas, canciones – pueden causar una serie de efectos que se esconden tras el placer inicialmente estético: estimular, provocar, ordenar las ideas o desordenarlas al mostrar ángulos distintos de las cosas. Ocurre con las canciones de Silvio, Dylan y Sabina; con las novelas de Vázquez Montalbán y de Ben Elton; con las pinturas de El Bosco y de Klimt; o con los ejercicios musicales de Debussy. Mi curiosidad por visitar Guernica en al País Vasco español nació después de ver el cuadro de Picasso. Incluso un comentario de cine – un acto creativo también – puede producir consonancias que me ayudan a verbalizar lo que sentí frente a la película misma. Cuando leo hace poco que un crítico alaba la dirección de Paul Haggis en dos películas (Crash y En el Valle de Elah, mostrada aquí como La Conspiración) debido a que logra mostrar una cierta luminosidad, una esperanza, bajo una textura pesimista, no solo me pliego a tal descripción sino también siento sintonía con su autor, reforzada por muchos otros análisis cinematográficos anteriores.
Es que no puede ser de otra manera. Los actos de creación revelan creadores que a su vez responden a su historia: su familia, su colegio, su barrio, sus amigos, sus múltiples exposiciones e interacciones sociales. Y hago notar que lo mismo ocurre con mis artículos o con los videos caseros que generan nuestros conocidos. Nuestras obras no sólo aportan una visión, también nos revelan en nuestras percepciones, nos dan a conocer como individuos fruto de un ambiente. Al escribir, pintar, filmar, componer o esculpir, proponemos pero también nos exponemos, con todas sus consecuencias. Por eso no deja de asombrarme y alegrarme encontrar tantas creaciones cuyos autores me hacen sentir bien acompañado en esta búsqueda del Bello Sino; la hacen llevadera, necesaria y ganadora.