Saturday, March 1, 2008

Parentescos Complicados

Las relaciones de parentesco sanguíneo están muy definidas. La madre de su padre es su abuela y el hijo de mi hermana es mi sobrino, por ejemplo. Hemos extendido este tipo de relaciones a otras de diferente índole, como es el caso del padrino o madrina de bautismo – en el caso de los católicos – quienes se convierten en compadre o comadre de los padres del niño. Más aún, el vecino es quien habita la vivienda al lado de la nuestra y la colega se refiera a una compañera de trabajo o profesión. También están bien definidos los amantes, los compañeros y los camaradas. Pero creo que aún faltan palabras en el idioma castellano para definir relaciones importantes entre los seres humanos.

 

Hay relaciones de carácter relativamente íntimo, como la de dos personas que han sido amamantados con la leche de una misma mujer, quienes pasan a ser hermanos de leche. O la nueva esposa de un hombre, quien se convierte en madrastra de los hijos que éste tenía; a su vez, éstos son hermanastros de los hijos de ella. Pero no existe un término para referirse a dos mujeres que han tenido relaciones sexuales con un mismo hombre o para dos hombres que las hayan tenido con la misma mujer. Como me pareció que podía llenar un vacío importante y constituirse en un real aporte al idioma castellano, propuse a mis auditores el desafío de crear tal término. Debo confesar que lo hice con muchas dudas, puesto que lo había propuesto en ambientes amistosos en ocasiones en que todos los contertulios ya nos habíamos convencido de la necesidad de la existencia de tal palabra; nunca logramos algo convincente, simple y claro a la vez. Pero los auditores no me decepcionaron.

 

Las proposiciones resultaron ser de tres tipos. Hubo quienes intentaron frases comprehensivas como “hermanas de amor” o de sexo. Otros simplemente crearon palabras nuevas sin consonancias particulares, muchas de ellas muy hermosas. De las varias proposiciones con contenidos sugerentes hubo dos – muy distintas como verá – que me resultaron convincentes. Una de ellas es “tocayero” o “tocayera”, palabra que descansa evidentemente en la idea de tocayo, que en buen castellano se refiere a dos personas que comparten el nombre pero que se ha extendido coloquialmente a tener algún gusto en común; note usted que también tiene reminiscencias de compañero y de tocar. La segunda construcción interesante fue la de “conhembra” y “conhombre”, que utiliza un prefijo que denota compartir (como en contertulio) seguido del sexo de quien es compartido. Debo señalar que la auditora que propuso estos términos me escribió luego para sugerir que el prefijo “co” podría ser más adecuado que “con”, como en cohabitante o copartícipe.

 

Dejo estas palabras propuestas para reflejar la relación entre dos personas que han compartido sexualmente a una tercera como sinónimos. Use la que quiera, lo que desde ya hará más fácil referirse a tan nítida aunque compleja conexión humana, pero le advierto que tiene sus dificultades. Una de ellas es la definición de una relación sexual, ya discutida en una crónica anterior, y otra es el carácter íntimo que tal acto tiene ante terceros. Es decir, no es sencillo andar por ahí diciendo que fulanito y usted son tocayeros por zutanita. Más aún si zutanita es la señora de fulanito o – imagínese – su propia  señora. Pero la verdad nos hará libres y aspirantes a un Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 20:39:08
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