Monday, April 28, 2008

Amigos íntimos

¿Qué es un amigo? Si intentásemos describir nuestro concepto de amistad, probablemente terminaríamos enunciando una serie de características que creemos que comparten todos nuestros amigos: nos caen bien, piensan como uno, compartimos intereses, lo pasamos bien con ellos, nos dan confianza, son leales, y así. Luego comenzaríamos a tachar algunas y a extender otras hasta terminar en la cocina preparándonos un té o un café habiendo dejado varias hojas arrugadas en el papelero. Difícil el asunto, y parecía tan sencillo. Cambiemos entonces la pregunta ¿Quiénes son nuestros amigos? Este listado fluiría mucho mejor; aunque hubiese dudas, terminaríamos con una lista frente a nosotros. Parece que definir la amistad es mucho más difícil que nombrar a quienes sentimos nuestros amigos. Extraño, pues a partir de lo segundo probablemente pueda resolverse lo primero ¿O no? Veamos.

Los amigos no se definen; van apareciendo: en el colegio, en el trabajo, en reuniones sociales. Es decir, todos han coincidido con nosotros en el tiempo y el espacio, y comparten con nosotros una historia común. Pero eso sólo determina el conjunto de los conocidos, aquel del cual salen los amigos. La interacción se establece con quienes nos caemos bien y con los que la voluntad o la casualidad nos va re-uniendo. Y dentro de este grupo están aquellos con quienes generamos una corriente mutua de empatía sobre la cual se desarrolla la confianza y su contrapartida, la lealtad. Pero la lista de amigos no suele ser la misma a los 10, los 25, los 40 o los 55 años. Es probable que cambie parcialmente, que salgan algunos y entren otros nombres. Y que algunos hayan salido debido a circunstancias externas y otros por voluntad propia, nuestra o de él o ella. El caso voluntario es muy interesante pues los espacios de interacción son múltiples y las influencias del entorno pueden ir cambiando la forma de relacionarse. Piense en la evolución de la lealtad, que adquiere dimensiones tan simples como la puntualidad y tan complejas como los aspectos erótico –emocionales.

Viejo tema el de las relaciones de amistad entre hombres y mujeres. Hay quienes creen que no es posible tal lazo afectivo pues la tensión erótica entregaría a tal relación una dimensión dominante, la sexual. Pero, si la empatía – condición necesaria pero no suficiente para la amistad – es una forma del gusto mutuo, es que todos nuestras amigas (y amigos) nos gustan de alguna manera. Y, efectivamente, esa componente contiene el germen de la atracción erótica, sentimental o amorosa con el sexo opuesto. Alguna vez dijimos que si su pareja ha de engañarlo o engañarla en algún momento, lo más probable es que sea con alguna amiga o amigo común, con quien no sólo hay gusto establecido sino también interacción frecuente y abierta.

Así es que la amistad – como el amor – nace, se cultiva, se debilita, se fortalece o se acaba. Y puede pasar de un extremo a otro, pues la lealtad tiene muchas dimensiones. Por eso la historia en común de individuos, parejas y grupos genera dinámicas tan complejas. Me pregunto si existe una suerte de “capacidad amistosa” que hace que el número de verdaderos amigos, esos con los que sufrimos sus penas y compartimos genuinamente sus alegrías, sea necesariamente limitado. Hago notar que, aunque lo fuese, no sería un obstáculo en la búsqueda del Bello Sino, sino al contrario. Necesitamos confianza y lealtad concreta, inmediata, para creer en la posibilidad de un mejor destino colectivo.

Posted by Argos Jeria at 00:57:29 | Permalink | No Comments »

Monday, April 21, 2008

Penas de Amor

Aunque fue hace cuarenta años, lo recuerdo como si hubiese ocurrido la semana pasada. Es que las primeras penas de amor no se olvidan. Y no es que la experiencia – porque el amor viene y se va varias veces – haga estas penas menos dolorosas. Es que uno ya ha aprendido que, precisamente, terminarán por desvanecerse con nuevos amores, a veces con la misma persona. Pero las primeras tienen sus dificultades, pues los amigos coetáneos andan en las mismas y saben o ignoran tanto como uno, y los mayores no se atreven – y con razón – a decirnos que un clavo saca a otro; es que en ese momento la causa de nuestros desvelos es subjetivamente irreemplazable. Y por eso no se olvidan esas primeras penas.

La primavera estaba en su apogeo, con su carga de faldas volátiles y cristalinas risas femeninas. Desde hacía un par de meses que mis salidas con ella habían superado la relación puramente amistosa de tantos años, dando paso a excitantes manifestaciones de cariño. Ya no era un asunto de compañía alternativa, de reemplazo; era compañía casi oficial, y ese cambio cualitativo me tenía por las nubes. Ambos nos habíamos titulado hacía poco y yo había comenzado a trabajar en la vieja Facultad. Ese día acababa de almorzar con un colega y decidimos pasar por las oficinas antes de ir a tomar un café. Al entrar a nuestro edificio la vi. No estaba sola. La acompañaba un tipo de cursos anteriores al nuestro, con quien había estado saliendo durante varios meses un par de años antes. Aparentando naturalidad la saludé cariñoso mientras se me nublaba la visión. Conversamos de cosas que no recuerdo pues mi mente se desconcentraba pensando desordenadamente que en realidad ella nunca había formalizado relación alguna con su acompañante; también pensé que tampoco lo había hecho conmigo. Malo. Muy malo.

Luego se hizo un silencio de esos largos. Ella no se movía del lado de él. “Bueno”, le dije, “paso en la tarde por tu casa”. Me miró fresca, rozagante, linda, deseable, volátil, carnosa, etérea, femenina. “Mejor que no”, me dijo, “voy al cine con…” Mientras el cielo se caía a pedazos murmuré una despedida y salí del edificio con mi amigo. Diablos, como dolía. Cuando cruzábamos la calle rumbo a la cafetería, con la mirada al frente, escuché a mi colega decir “A todos nos ha pasado”. Me volví para mirarlo mientras le preguntaba “¿Sí? Pero cómo, si te casaste con tu polola de varios años…”. “Pero esto me lo hizo varias veces, y de varias formas” me confesó. El dolor en el pecho siguió allí, pero me sentí algo más acompañado.

Nos casamos a mediados del año siguiente y desde entonces buscamos el Bello Sino acompañados, con muchos más altos que bajos. Nunca hemos hablado de lo que ocurrió esa tarde de primavera; y nunca supe qué película fue a ver ese día.

Posted by Argos Jeria at 04:23:30 | Permalink | No Comments »

Monday, April 14, 2008

En qué nos parecemos

En términos objetivos, no hay dos personas idénticas ni física ni intelectualmente. Y en términos subjetivos, cada uno de nosotros se siente distinto a los demás; parecido a algunos o afín al pensamiento de otros, quizás, pero distinto al fin. Sin embargo, si un ser extraterrestre tuviese que clasificar a los seres humanos en, digamos, diez mil clases o grupos relativamente homogéneos, cada clase tendría unos 657.000 individuos que deberían ser de alguna forma “parecidos” ¿Con qué otros individuos quedaría cada uno de nosotros clasificado? Evidentemente no hay una sola respuesta, pues son muchos los criterios que podrían utilizarse.

Una clasificación posible podría utilizar la cercanía geográfica como indicador de semejanza. Como los chilenos somos más de dieciséis millones, tal vez los habitantes de dos comunas contiguas pudiese dar mejor el número, digamos Ñuñoa y Macul ¿Y en qué nos parecemos quienes vivimos en alguna de estas comunas? Tal vez el ingreso familiar, la estructura del hogar, los hábitos urbanos o la asignación del tiempo. Pero si salimos de la familia como unidad y nos concentramos en los individuos, probablemente la edad y el nivel educacional entren a jugar un papel central en esto de las semejanzas: los muchachos de 15 a 18 años de colegios particulares, por ejemplo, o los profesionales de 40 a 45. Pero ¿Cómo consideramos a esos tipos que viven en otros países y con los cuales compartimos hábitos y percepciones relativamente íntimas? Podría ser el caso de un londinense como Nick Hornby (el de Alta Fidelidad) y un chileno que gusta de la música popular y que ha pololeado un buen número de veces.

Por otra parte, piense usted que las revistas con pretensiones sociológicas y sicológicas suelen hablarnos de la clasificación de los individuos – por ejemplo los hombres - en no más de cinco categorías atendiendo a sus hábitos de consumo, su relación con el trabajo o la actitud para con el sexo opuesto. Si no hubiese traslapo alguno entre los grupos resultantes de estas clasificaciones, pues habría cinco al cubo categorías de individuos en Chile, resultando en ciento veinticinco grupos para los varones entre los 20 y los 60 años. Y aún así ninguno de nosotros se sentiría bien descrito por ninguno de ellos. Pero alguno nos calzaría mejor.

Sucede que, a fin de cuentas, nos parecemos bastante más de lo que creemos, aún entre individuos que se sienten tan distintos. Por eso es sano el consejo de Michael Moore, el documentalista norteamericano crítico acérrimo de la administración Bush, cuando plantea que debemos interactuar con quienes no piensan como nosotros pues de lo contrario jamás serían expuestos a puntos de vista distintos. Probablemente los más parecidos a los estudiantes activos que no se sienten cómodos con los rumbos que se siguen en el país, sean los estudiantes no activos que ni siquiera piensan en el asunto. Por esa razón la discusión, la exposición de nuestro pensamiento o de nuestras inquietudes es una condición necesaria, aunque no suficiente, para hacer de la búsqueda del Bello Sino una tarea factible.

Posted by Argos Jeria at 04:18:50 | Permalink | No Comments »

Monday, April 7, 2008

Porcentajes

Los porcentajes suenan tan objetivos, tan convincentes. Si el quince por ciento de los estudiantes de Ingeniería en la Universidad de Chile son mujeres, pues entonces hay setecientos cincuenta niñas en una Facultad de cinco mil estudiantes. Pero no todo es siempre tan claro. Si el pasaje promedio subiese de 400 a 500 pesos, entonces el alza sería del veinticinco por ciento pues 100 es la cuarta parte de 400 ¿O no? Pues resulta que 100 - el alza - es también la quinta parte de 500 - la tarifa final – y por lo tanto se podría argumentar que las tarifas habrían subido sólo un veinte por ciento. Evidentemente todo se aclara si especificamos con respecto a qué se está sacando el porcentaje. Pero entonces el asunto empieza a ponerse relativo.

Acabo de leer una noticia en un periódico extranjero en el que se muestra que esto de los porcentajes es una herramienta fundamental en la democracia mentirosa. La administración central norteamericana echó a andar un programa educacional llamado No Child Left Behind (que ningún niño se quede atrás). Dado que el abandono de los estudios (drop out) por parte de los estudiantes de enseñanza media estaba llegando a niveles alarmantes, este programa fue concebido para aumentar la tasa de egreso del colegio, es decir, que los niños terminen efectivamente cuarto medio. Pues bien; para medir el avance del plan los estados norteamericanos deben reportar anualmente al gobierno central el porcentaje de chicos y chicas que completa su ciclo. Resulta que las tasas de graduación informadas oficialmente son mucho menores que las que los estados manejan al interior de sus propias jurisdicciones. Esto llevó al organismo central correspondiente a verificar las cifras entregadas, calculando la tasa de egreso de la manera más sensata, es decir, como la proporción de diplomas de lo que nosotros llamaríamos Enseñanza Media con respecto al número de alumnos matriculados en el equivalente a nuestro Primero Medio cuatro años atrás. En pocas palabras, se midió la permanencia y aprobación en cohortes o generaciones comparables, procedimiento que arrojó cifras de alrededor de un sesenta y cinco por ciento en estados como Mississippi, New Mexico o Alabama. Sin embargo, estos mismos estados reportaron bastante más que el ochenta por ciento de egreso al gobierno federal. Aparentemente la forma de medir simplemente no era la misma. El artículo consultado menciona que New Mexico calcula su tasa considerando como referencia sólo los matriculados en el último año de estudio, ignorando así los que abandonan el sistema educacional en los tres años anteriores. Es decir, se considera un denominador menor. En todas partes se cuecen habas.

A comienzos de año el ministro de Transportes anunció que desde el comienzo de Transantiago el número de buses, recorridos y paraderos había aumentado treinta y cuatro, cuarenta y dos y ciento sesenta y cuatro por ciento respectivamente. Recalcó que este notable aumento correspondería – en la práctica -  a “un nuevo diseño”. Por otra parte, enfrentados a la decisión relativa a la restricción vehicular, el ministerio de Transporte fue enfático al pronunciarse por dos y no cuatro dígitos de restricción en los automóviles catalíticos, argumentando que el sistema de transporte público no sería capaz de absorber a los nuevos usuarios, estimado en unos doscientos mil viajes más al día. Si usted considera que estos son un pequeñísimo porcentaje de los viajes totales en transporte público – unos cinco millones – la comparación resulta sorprendente. Efectivamente, un sistema que se echó a andar luego de seis años de estudio para llevar de manera competitiva con el automóvil a los usuarios, funcionó pésimo; un año después nos dicen que la flota, recorridos y paraderos han crecido de manera significativa pero que aún así el sistema no es capaz de hacerse cargo de un cuatro por ciento más de viajes. A pesar de que esto revela lo simplemente desastroso del diseño original, no se entrega mayor explicación del asunto. Es que tal vez no hay forma de manipular los porcentajes para dar una mejor imagen. Pero quienes buscamos el Bello Sino lo tenemos claro ¿O no?

Posted by Argos Jeria at 04:02:18 | Permalink | No Comments »