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Probablemente usted habrá notado la cantidad creciente de espectáculos itinerantes que están visitando Santiago durante este año. Desde las viejas glorias de la canción hasta los cantantes y grupos de moda, cubriendo todos los géneros musicales y artísticos en general. Y, aunque normalmente no son eventos particularmente baratos considerando estándares internacionales, las entradas se agotan. Sorprendente es el caso de un sofisticado circo que – aún con precios muy altos - ha vendido todas sus funciones con meses de anticipación. Esto resulta particularmente llamativo considerando que el ingreso en Chile está distribuido de manera extremadamente poco equitativa, de forma tal que el veinte por ciento más rico de la población gana 15 veces lo que gana el quintil más pobre ¿Será que los ricos van a todos los espectáculos?
Me ha ocurrido que el mejor de los asientos de precio bajo resultara tener mejor vista que los peores del precio más alto. Fue en el concierto de Joao Gilberto, el padre del bossa nova y la música popular brasileña, donde en una gran carpa rectangular los asientos baratos estaban más atrás pero también un metro más arriba de los caros; esto dejaba a la primera fila de los primeros (donde yo estaba) una visión sin obstáculos, muchísimo mejor que la que tenían quienes ocupaban las últimas filas de los caros, que sólo veían la nuca de su vecino de adelante. Pero en general esto no es así; los asientos más caros tienen mejor visión, lo que es aprovechado por los organizadores para generar una gama de precios que normalmente aumentan con la cercanía al escenario aunque el costo de proveer cada asiento sea prácticamente independiente de la ubicación. Lo que se persigue con esto es extraer de cada asistente la mayor cantidad que está dispuesto a pagar. Esto da como resultado que en casos como el del circo antes mencionado los precios vayan más o menos de 22 a 100 mil pesos por asiento en nuestro país, dependiendo de la ubicación. Le sorprenderá saber que el mismo tipo de espectáculo en los EEUU se ofrece a precios que varían entre 80 y 150 dólares o entre 36 y 70 mil pesos chilenos. Es decir, el rango de variación es bastante mayor en nuestro país. En general, aquí cobran más por las entradas más caras y, por raro que suene, el promedio de precios suele ser más alto en Chile que en países desarrollados por el mismo espectáculo.
Otro elemento muy importante a considerar es el del tiempo del espectador. Muchos espectáculos contemplan la venta de entradas no numeradas con acceso a ubicaciones normalmente lejanas con respecto al escenario: la galería. Aquí los mejores asientos se logran simplemente llegando temprano, lo que no es necesario en las ubicaciones numeradas a las que se puede llegar unos pocos minutos antes del espectáculo.
De esta manera, mediante consideraciones relativas al tiempo y al espacio, los organizadores de espectáculos intentan que cada espectador termine pagando lo máximo a que está dispuesto. Desde este punto de vista, soy muy afortunado pues a mi me entretiene respirar el ambiente previo e interactuar con los vecinos, lo que me permite comprar localidades baratas, llegar temprano, elegir un buen asiento y conversar. Así he conocido vecinos de asiento que han resultado ser oyentes de Bello Sino con los que comparto estas preferencias. Ojalá no lean este artículo los encargados de las finanzas de recitales, circos y espectáculos varios, pues nos van a subir los precios a los que gozamos la conversación y terminarán cobrándonos más por llegar temprano. Claro, si nos gusta interactuar con nuestros semejantes, hay quienes encontrarán justo que debamos pagar por hacerlo, lo que sería un verdadero atentado a la búsqueda del Bello Sino.