Sunday, May 25, 2008

Compre su localidad

Probablemente usted habrá notado la cantidad creciente de espectáculos itinerantes que están visitando Santiago durante este año. Desde las viejas glorias de la canción hasta los cantantes y grupos de moda, cubriendo todos los géneros musicales y artísticos en general. Y, aunque normalmente no son eventos particularmente baratos considerando estándares internacionales, las entradas se agotan. Sorprendente es el caso de un sofisticado circo que – aún con precios muy altos - ha vendido todas sus funciones con meses de anticipación. Esto resulta particularmente llamativo considerando que el ingreso en Chile está distribuido de manera extremadamente  poco equitativa, de forma tal que el veinte por ciento más rico de la población gana 15 veces lo que gana el quintil más pobre ¿Será que los ricos van a todos los espectáculos?

Me ha ocurrido que el mejor de los asientos de precio bajo resultara tener mejor vista que los peores del precio más alto. Fue en el concierto de Joao Gilberto, el padre del bossa nova y la música popular brasileña, donde en una gran carpa rectangular los asientos baratos estaban más atrás pero también un metro más arriba de los caros; esto dejaba a la primera fila de los primeros (donde yo estaba) una visión sin obstáculos, muchísimo mejor que la que tenían quienes ocupaban las últimas filas de los caros, que sólo veían la nuca de su vecino de adelante. Pero en general esto no es así; los asientos más caros tienen mejor visión, lo que es aprovechado por los organizadores para generar una gama de precios que normalmente aumentan con la cercanía al escenario aunque el costo de proveer cada asiento sea prácticamente independiente de la ubicación. Lo que se persigue con esto es extraer de cada asistente la mayor cantidad que está dispuesto a pagar. Esto da como resultado que en casos como el del circo antes mencionado los precios vayan más o menos de 22 a 100 mil pesos por asiento en nuestro país, dependiendo de la ubicación. Le sorprenderá saber que el mismo tipo de espectáculo en los EEUU se ofrece a precios que varían entre 80 y 150 dólares o entre 36 y 70 mil pesos chilenos. Es decir, el rango de variación es bastante mayor en nuestro país. En general, aquí cobran más por las entradas más caras y, por raro que suene, el promedio de precios suele ser más alto en Chile que en países desarrollados por el mismo espectáculo.
 
Otro elemento muy importante a considerar es el del tiempo del espectador. Muchos espectáculos contemplan la venta de entradas no numeradas con acceso a ubicaciones normalmente lejanas con respecto al escenario: la galería. Aquí los mejores asientos se logran simplemente llegando temprano, lo que no es necesario en las ubicaciones numeradas a las que se puede llegar unos pocos minutos antes del espectáculo. 
 
De esta manera, mediante consideraciones relativas al tiempo y al espacio, los organizadores de espectáculos intentan que cada espectador termine pagando lo máximo a que está dispuesto. Desde este punto de vista, soy muy afortunado pues a mi me entretiene respirar el ambiente previo e interactuar con los vecinos, lo que me permite comprar localidades baratas, llegar temprano, elegir un buen asiento y conversar. Así he conocido vecinos de asiento que han resultado ser oyentes de Bello Sino con los que comparto estas preferencias. Ojalá no lean este artículo los encargados de las finanzas de recitales, circos y espectáculos varios, pues nos van a subir los precios a los que gozamos la conversación y terminarán cobrándonos más por llegar temprano. Claro, si nos gusta interactuar con nuestros semejantes, hay quienes encontrarán justo que debamos pagar por hacerlo, lo que sería un verdadero atentado a la búsqueda del Bello Sino.

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Saturday, May 17, 2008

Notas al margen

Nunca rayé un libro antes de los veintisiete años. Hasta entonces me parecía lo más cercano a un pecado mortal. A poco de haber empezado mis estudios en el extranjero comencé a subrayar, con lápiz de grafito, aquellas líneas particularmente importantes por su aporte intrínseco o su contenido sintético en los libros de texto. El paso siguiente fueron las notas al margen, las que se fueron convirtiendo paulatinamente en complemento primero y en parte integrante luego de los libros de estudio. Esos comentarios críticos de caligrafía pequeña – aprobatorios o discrepantes – fueron fundamentales cuando debí construir de manera estructurada una visión personal sobre una idea o un desarrollo analítico expuesto por algún autor. Supongo que eso sería el comienzo formal de mi entrenamiento en la forma de comunicación usual en el campo de la investigación académica. Aunque seguí respetando los textos literarios por un tiempo, los libros habían dejado de ser intocables.

Hoy suelo marcar – aunque de forma discreta – los pasajes que, por una u otra razón, me interesan o atraen en cualquier tipo de libro. Sin embargo, aún después de treinta años no escribo mis comentarios directamente sobre las páginas en que el autor desarrolla su prosa. Lo que hago es anotar, en las hojas en blanco que siempre hay al comienzo del libro, el número de la página donde aparecen las frases o párrafos que me interesa recordar o destacar, con una nota relativa al particular interés que tales textos han despertado. Así, por ejemplo, en la primera hoja del libro que acabo de terminar* escribí “123: conhembras”, destacando en la página correspondiente el siguiente párrafo: “Vio como se acoplaba a la mujer y comprendió, con una náusea, que mezclar en ella sus simientes los hacía para los restos hermanos de algo que era más fuerte y definitivo que la sangre”. Claro; el texto hace referencia exactamente al mismo tema tratado hace un tiempo en Bello Sino cuando solicitara la colaboración de ustedes para crear un sustantivo que denotara la relación entre dos hombres (mujeres) que han compartido sexualmente a una mujer (hombre), recibiendo sugerentes creaciones como “conhembras” (y “conhombres”).

Mientras terminaba este artículo decidí permitir al azar jugar un papel ayudándome a ilustrar esta crónica. Sin moverme del asiento frente al teclado, tomé el primer libro a mi alcance, ubicado inmediatamente a mi izquierda en mi biblioteca. Resultó ser una selección de cartas-respuesta de Bertrand Russell – el conocido filósofo y matemático inglés - a sus lectores. La primera página tenía sólo una anotación, “121: la disensión”, ubicando y describiendo el párrafo que yo destacara hace unos veinte años atrás, parte de la respuesta de Russell – escrita en 1962 - a la consulta de un joven sobre el objetivo de la educación: “Es necesario… que los jóvenes tengan el mayor aliciente posible para disentir radicalmente de las estupideces de su época”. Notable. Si hubiese tomado el libro ubicado exactamente al lado del anterior, “An essay on liberation”, publicado por Herbert Marcuse en 1969, mi sistema me hubiese llevado a la página 15 donde el autor elabora en torno al “consumidor consumiéndose a si mismo al comprar y al vender…”. Como ve, las notas al margen ya no son marginales; son parte de nuestra búsqueda del Bello Sino.
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­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­* “Carta Blanca”, del español Lorenzo Silva.

** Ver crónica “Parentescos Complicados”, publicada el 3 de marzo de 2008.

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Sunday, May 11, 2008

Los mejores colegios

Las estadísticas, los promedios y sus interpretaciones dan para muchas equivocaciones. Y también para crear formas interesadas de mirar las cosas. Por ejemplo, el número de automóviles por habitante en la zona nor-oriente de Santiago – el así llamado barrio alto – es entre cuatro y seis veces superior al de las zonas norte, sur y poniente de la misma ciudad. ¿Se podría deducir de estas cifras que la gente de estas últimas zonas prefiere no tener automóvil? Lo más probable es que no se trate de un asunto de preferencias sino de ingresos, de salarios. También se ha observado que en las comunas del sur-oriente de nuestra capital el porcentaje de mujeres trabajadoras realizando labores domésticas en cualquier momento de la semana es siempre superior al de hombres, en tanto que el resultado es exactamente el opuesto si se analiza el porcentaje de personas en actividades de diversión fuera del hogar ¿Es que las mujeres prefieren hacer el aseo de la casa que divertirse?

En este par de ejemplos las inferencias que he planteado a partir de observaciones reales son evidentemente erróneas, pues hay otras cosas que explican la posesión de automóvil o la dedicación a tareas de diversa índole. Sin embargo, a partir de los promedios de las pruebas Simce en lenguaje y matemáticas que obtienen los alumnos que cursan octavo básico, la prensa ha popularizado una creencia en el ámbito de la educación que ha llegado a ser casi un lugar común: los colegios particulares pagados serían los que imparten la mejor educación. En efecto, el promedio de ambas pruebas en los alumnos de los colegios particulares pagados es casi 296 puntos (año 2004), en tanto que oscila en torno a los 258 en los subvencionados y es aproximadamente 239 en los municipalizados. La diferencia es dramática. Obvio, dirá usted; si todos sabemos que los primeros obtiene un ingreso mayor y contratan a los mejores profesores ¿Si? Veamos.

Si se realiza ese mismo análisis por tipo de establecimiento educacional atendiendo al nivel socio-económico de la familia del alumno (básicamente educación e ingreso de los padres, generando cinco niveles), resulta que los promedios en la prueba Simce suben con ese nivel cualquiera sea el tipo de colegio analizado*. Vaya, entonces cabe la duda: ¿Será la familia o el tipo de colegio lo que pesa más? Bueno, hay una forma de saberlo, cual es la de mirar si los resultados comparativos entre los distintos establecimientos se mantienen por estrato socio-económico. Pues resulta que el único estrato que está presente en todos los tipos de colegio (en número suficiente para que tenga relevancia estadística) es el medio-alto, ya que los particulares pagados prácticamente no tienen alumnos de los tres estratos más pobres y los municipalizados prácticamente carecen de alumnos en el estrato superior. Y en ese estrato medio-alto los resultados tanto en lenguaje como en matemáticas son exactamente los opuestos al promedio general: los colegios municipalizados presentan los mejores promedios, seguidos por los subvencionados de todo tipo. Si, así es: los particulares pagados tienen los promedios más bajos en este, el único estrato comparable. Este resultado puede sorprender, pero también es avalado por los promedios prácticamente iguales que presenta el estrato de mayores ingresos en los particulares pagados y en los subvencionados sin fines de lucro. Cabe señalar, por último, que estos últimos colegios muestran resultados sistemáticamente superiores a los subvencionados CON fines de lucro para todos los estratos.

Resistiré la tentación de extraer recomendaciones de política educacional, como por ejemplo que parece mejor intentar subir el nivel de ingreso y cultural de los padres que empujarlos a gastar lo que no tienen para matricular a sus chicos en los colegios caros. Sólo me interesaba mostrar que las estadísticas deben ser miradas con mucho cuidado. La posibilidad de un Bello Sino depende de ello.
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*La información presentada aquí fue extraída del informe de los Sres. Álvaro Mardones y Mario Aguilar (www.cehum.cl) y es posible de reconstruir a partir de la información entregada en los sitios del Mineduc y Simce.

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Monday, May 5, 2008

Mimetización amistosa

Entre las películas que ofrecían a los pasajeros durante un vuelo volviendo del viejo continente, elegí una cuya descripción en el folleto disponible me atrajo intuitivamente. Española, la cinta narraba el desarrollo de la amistad entre tres jóvenes - dos hombres y una mujer – que se habían conocido en la universidad, compartiendo ideales de cambio social. Cada uno había tomado rumbos que se veían posibles dentro de las reglas del juego que se habían ido afirmando en la naciente democracia española. Carlos había montado lo que él denominaba una cooperativa de trabajadores para armar partes eléctricas; la pequeña firma se encontraba en apuros financieros temporales y el joven decide acudir a sus amigos. Marta, que comenzaba a colaborar profesionalmente con una ONG, ofrece toda su ayuda en tanto que Santiago, quien se estaba incorporando a tareas docentes en la universidad, mantiene algunas reservas sin manifestarlo abiertamente. Es el comienzo de la inserción de los tres amigos en un sistema que parecía abierto a diversas formas de desarrollo individual. La empresita es finalmente absorbida por una transnacional, manteniendo a Carlos a la cabeza pero despidiendo a gran parte de sus compañeros. Santiago termina colaborando con los post grados vespertinos que se ofrecen como un rentable negocio y la ONG de Marta resulta restringida en su acción por la fuerte dependencia de los fondos gubernamentales. El título de la película, que parece reflejar una realidad más amplia que la española, es “Las razones de mis amigos”.

 
Si existe una ideología dominante, visible a través de actitudes y comportamientos afines a la supervivencia del sistema económico imperante, de alguna manera el entorno social nos debe influir para que incorporemos tales comportamientos y visiones a nuestra forma diaria de actuar y percibir. Por otra parte, vivimos rodeados de amigos que por alguna razón llegaron a serlo (vecindario, trabajo, conocidos de amigos, estudios, etc) y con quienes nos juntamos, nos visitamos, comemos, cantamos, conversamos o vamos al cine. Entre estos amigos, hay algunos más expuestos a adoptar los comportamientos dominantes simplemente porque hay tipos de trabajo (en todo nivel) que lo requieren para sobrevivir. Si tales comportamientos contradicen lo que el individuo piensa, la adaptación causa tensiones insostenibles que terminan por domesticarlo; y si se combate la adaptación también hay un costo por la presión del medio ambiente laboral y social: el salario, el éxito, la fama, y así. Y cada uno de nosotros, que tenemos nuestros propios conflictos fuera del círculo de amigos, recibimos la influencia de aquellos que nos importan más y que, a la vez, son más vulnerables en este sistema caracterizado por fuerte competencia, inestabilidad en el trabajo o imagen de éxito ligada al logro individual medido en dinero. Difícil situación, pues tenemos una relación afectiva con ellos, de forma tal que en la medida en que nuestros amigos son moldeados por el sistema, más difícil resulta para nosotros sostener opiniones alternativas o vivir de manera distinta.
 
La democracia mentirosa nos abruma y nos obliga a vivir más de la apariencia que de la consistencia con lo que pensamos. Es que el mundo es así, nos dicen. “Es lo que hay” se ha convertido en la frase de resignación por antonomasia. Es posible sobrevivir CON los amigos sin claudicar y a pesar de lo vulnerables que éstos puedan ser a las presiones ambientales. Salvo que nuestras amistades – o algunos de ellos – ya hayan claudicado en la búsqueda del Bello Sino, es necesario seguir intentando entender, razonar, replicar, discutir; recuerde que el sueño de la razón produce monstruos (Goya). Que no nos pasen gato por liebre. Recuerde que nuestros amigos más vulnerables a las presiones ambientales son también – y en el sentido más riguroso - víctimas del sistema.

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