Sunday, June 22, 2008

Chile, hoy

Un querido y fiel auditor me hizo llegar un enlace a una nota periodística hecha en Chile donde entrevistaban – en la calle - a una señora en sus cincuenta y tantos. El fondo sugería que en el lugar había recién finalizado un acto; se trataba de la celebración del primero de mayo de 2007 en algún lugar de Santiago. La entrevistada, tranquila al comienzo y emocionada después, decía al entrevistador – quien estaba fuera de pantalla – que esto iba a explotar, que no daba para más. “Me voy a morir, como todos”, decía, “pero ya no me importa, no me importa ver crecer a mis nietos”. Como no lucía particularmente inestable ni fuera de sus cabales, seguí viendo la entrevista, intrigado.

Cuando empezó a contar de sus orígenes (su abuelo y su padre fueron trabajadores), pensé que su problema era de ingreso. Aunque esa idea se reforzó cuando habló de la enorme frustración que le producía la situación actual del país, mi imagen cambió cuando relató lo de La Traviata. Decía ella que había logrado ver la ópera en un DVD pirata recién la semana anterior, dándose cuenta de que el argumento correspondía a ese libro que ella había leído de pequeña, cuando hubo de hacerse cargo del quiosco de diarios de la familia, abandonando el colegio para poder ayudar a mantener a su gente. Claro, rodeada de libros y periódicos, con poco que hacer, curiosa, despierta, empezó a leer ¿Cuántos de los que van a ver esa ópera, pagando buen dinero, sabrán que fue la historia de Dumas la que prestó el argumento? La frustración de la entrevistada era la más profunda de todas: la imposibilidad material de realizarse intelectualmente, de haber podido acceder al mundo que los libros le abrieron.

Esto que malamente le acabo de transmitir – y que puede ver directamente buscando en http://www.youtube.com/watch?v=GJTTMw7xZaw – me golpeó por dos razones: la polémica actual sobre el derecho a la educación y la oscuridad infinita de la televisión chilena. Entrevistas como esa, donde quien la otorga es el real personaje del reportaje, sólo las había visto en el ya desaparecido programa El Factor Humano del también desaparecido canal Rock and Pop. Allí pude ver por dentro el desastre de la educación en una universidad privada (que ya no existe, pero que fue adquirida por otra) expuesto alegre y libremente por una alumna de evidentes pocas luces. También vi allí la celebración de una efeméride nacional en un colegio de esos carísimos, con la presencia de la crema de la derecha aristocrática; los muchachitos vestían el uniforme de la guerra del Pacífico y cantaban canciones ofensivas a nuestros vecinos, para delicia y emoción de los asistentes ¿Qué mejor manera de mostrar lo que ha pasado en Chile que exponer las genuinas percepciones de los miembros de las instituciones dominantes, sin los filtros tan usados hoy en nuestra mentirosa sociedad?

Tal vez por eso es posible ver la genuina frustración de una compatriota ante esta sociedad alienada sólo en YouTube. Tal vez por eso hicieron desaparecer ese canal pluralista, inteligente y desfachatadamente amigable, tan popular entre los jóvenes,¿Qué gran empresa pondría anuncios en un canal que despertaba conciencias tan alegremente? No baje la guardia; un Bello Sino es posible si logramos derrotar la pobreza y la alienación.

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Monday, June 16, 2008

La fuerza del ambiente

Siguiendo lo discutido en una crónica anterior,* he preguntado a varias personas de mi entorno profesional acerca de su percepción de la calidad de los colegios; la inmensa mayoría sostiene que son los particulares pagados los mejores pues sus alumnos logran los promedios más altos en las pruebas de rendimiento escolar como la Simce - de lenguaje y matemáticas realizada a los alumnos de octavo – o la PSU de ingreso a la universidad. Además todos aceptan que el nivel socio-económico de la familia también juega un papel fundamental en esos resultados. Luego de que los informo acerca de lo que ocurre al revisar los resultados por nivel, mostrando que entre los alumnos de un mismo estrato los colegios municipalizados presentan el mejor promedio y los particulares pagados los peores, mis encuestados tienen la misma reacción: eso está mal calculado, no puede ser.

Lo que le acabo de contar no está orientado a discutir cuáles son los mejores colegios sino a mostrar que el mismo índice – el promedio de los alumnos en pruebas comunes – es aceptado como medida irrefutable si refuerza lo que todos consideran obvio, y rechazado cuando indica lo contrario, aunque sea calculado de manera más adecuada. Es que el medio ambiente tiene una fuerza demasiado grande sobre la forma de mirar las cosas, sobre las percepciones y los valores que finalmente van asociados a ellas. Mas interesante aún es que si usted entrega buenos argumentos que apuntan en un sentido distinto al dominante, las más de las veces será usted el que finalmente quede relativamente solo. Combatir esto no es tarea menor, pues el aislamiento será más necesario mientras más certero sea el diagnóstico del disidente. Estamos hablando de supervivencia en todas sus dimensiones.

He observado que esta sensación de soledad tiene al menos dos formas de ser combatida individualmente. Una de ellas son las estrategias así llamadas de autoayuda, apoyada en una creciente literatura basada en recetas de comportamiento para ser asertivo, para triunfar, para comunicarse, para organizar el tiempo, y así. Al respecto, alguna vez mencioné el asombro genuino de Simone de Beauvoir en su visita a los Estados unidos a fines de los cuarenta, donde constató que el círculo de personas en el que ella se movía no manifestaba organizada y abiertamente su incomodidad con las formas que iba tomando la sociedad, acudiendo en vez al siquiatra o al alcohol. La segunda forma de sobrevivir parece ser la adaptación, estrategia que termina sumando al disconforme a la forma de mirar dominante.

Si bien manifiesto mi respeto por las estrategias personales de supervivencia – autoayuda y adaptación – creo que ninguna de ellas enfrenta el problema real, cual es el de superar formas estructurales de interacción social basadas en la búsqueda angustiosa – competitiva o mafiosa - de fama, riqueza o poder, búsqueda que por definición es eterna puesto que no existen límites imaginables para ellas. Recuerdo nítidamente el caso de un buen profesional que ejercía sus labores con alegría y efectividad. Se dio el caso que el puesto de su jefe quedó vacante. Quedó angustiado pues se sintió sin salida: si postulaba al cargo y lo ganaba quedaba vulnerable laboralmente, y si no lo ganaba se sentiría poco apreciado. Si no postulaba, sentía que sería visto como un mediocre. No había salida elegante.

No sucumbir a la ideología dominante, al carácter social, es difícil. El medio ambiente tiene múltiples formas de domesticación. No querer seguir las pautas lo deja a uno como pájaro extraño y provoca agresiones solapadas. Y si se adapta, se hace parte de la debacle colectiva. Sobrevivir en competencia es difícil para quienes no desean competir, aunque sean ganadores. Ni el siquiatra ni el psicólogo, ni las sectas ni el alcohol, son curas sociales. Mejor ejercer el derecho a discrepar - aunque se quede solo momentáneamente – pues es mejor pensar que no pensar, entender que no entender. Eso es lo que nos distingue como especie, pero puede ser abrumante. Peligroso, también ¿Será que todo el mundo tiene su precio? Sólo pensar en quienes serían los compradores debería bastar para no desistir en la búsqueda del Bello Sino.

­* Ver crónica “Los Mejores Colegios”, del 12-5-2008.

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Sunday, June 8, 2008

Buenas compañías

Acabo de terminar el último libro de Juan José Millás, El Mundo. Como es una autobiografía a retazos y ya he aprendido que, sin importar país ni edad, los hombres nos parecemos mucho en nuestras relaciones con las mujeres, me vi reflejado cuando el autor relata el comentario de la niña a la que acompaña desde hace días en su adolescencia: “Tú no eres interesante para mi”, dice ella. La asociación con la crónica Penas de Amor, donde termino revelando el episodio en que la chica de mis sueños se va al cine con un ex pololo, fue inmediata. Pero lo que quiero relatar son las circunstancias en torno a la recepción y lectura del libro de marras.

Razones profesionales me llevaron a Panamá, donde debí interactuar con un grupo de investigadores incluyendo a un biólogo mexicano, un agrónomo argentino, un ingeniero panameño y un bibliotecólogo español. Si bien todos eran lectores y melómanos, la coincidencia de vuelos con este último nos hizo departir por media hora en el trayecto al hotel; el aprecio revelado hacia ciertos escritores españoles y chilenos (y la distancia con otros) creó un interesante lazo de confianza que se fue asentando posteriormente, al calor del trabajo y las conversaciones durante los recesos. Como llevaba un par de ejemplares de mi segundo libro de crónicas para los anfitriones, decidí regalarle uno a mi nuevo amigo. Obvios reflejos profesionales lo llevaron a leer “De Bibliotecas y Librerías” y enganchar de inmediato con el estilo y el fondo de mis escritos. Un día antes de volver me obsequió el libro de Millás y, al indagar acerca de su origen, me comentó que en un pequeño y escondido centro comercial adyacente al hotel (lejos del centro urbano) había encontrado una estupenda librería que además tenía en liquidación textos de una buena editorial. Así fue como adquirí “Vita Brevis”, de Jostein Gaardner, donde el noruego del “Mundo de Sofía” narra los comentarios que la mujer de San Agustín hace sobre sus famosas “Confesiones”, las que incluyen una referencia a las ventajas de desposar una mujer acomodada para poder dedicarse a las reflexiones con más tranquilidad, cita que he manipulado algo durante varios años para reforzar mis elecciones amorosas y profesionales.

En el vuelo de vuelta, nocturno, me regocijé leyendo la acertada descripción que otro Agustín (Squella) hacía en su columna de un periódico nacional acerca de los personajes de los aviones; era como leer el guión de un documental. En eso estaba cuando noté que mi vecino de asiento sacaba un frasquito, un aerosol, que resultó ser algún medicamento para disminuir los ronquidos. “Es que así molesto menos”, me dijo, lo que me pareció una buenísima señal en un vuelo largo, considerando que nunca faltan los pasajeros estentóreos en su conversación nocturna, o los empujadores de respaldos mientras circulan por el pasillo. En la conversación durante la cena me enteré de la actividad de mi vecino: nada menos que profesor de literatura. Eso me llevó a narrarle en algún momento el episodio panameño antes descrito, lo que motivó su interés pues también resultó ser liviano de pluma además de lector incansable. El viaje se hizo breve debido a la conversación durante la cena, alguna película liviana, el sueño y el desayuno conversado nuevamente, hasta llegar muy animosos a suelo nacional. Pude cumplir mi parte de la promesa de intercambio de escritos pues me dejó sus direcciones física y electrónica, lo que también permitió la positiva retroalimentación.

Me maravilla la manera en que funciona el mecanismo del contacto casual, las más de las veces efímero, que revela coincidencias a veces no menores con quienes eran, hasta poco antes, desconocidos. Un vecino de asiento en un viaje o un colega temporal de trabajo no conocen nuestra historia, nuestras obsesiones, mañas ni reflejos condicionados, ni nosotros los de ellos ¿Será justamente por eso? Y la comunicación puede ser genuina pues no veo razón evidente para utilizar nuestras capacidades en ilustrar visiones compartidas. Claro que hay vecinos temporales que ponen barreras a la comunicación ¿Será que intuimos las afinidades? Guardo para otra ocasión la muy agradable interacción con esa chica que volvía de su luna de miel a su Atenas natal y que me dio tantos buenos datos durante el vuelo, lo que me permitió llegar a barrios y comidas relativamente ocultas al ojo del visitante ocasional. O la conversación que establecí con dos españolas justamente en uno de esos lugares ocultos, a partir de una pregunta muy simple de una de ellas: ¿Y cómo está Chile? Imagínese el entusiasmo con que pude ilustrar nuestro acontecer nacional con las muchas similitudes con la historia contemporánea de la madre patria. Y, claro, Vázquez Montalbán, Marías, Mendoza, Muñoz Molina, Rivas, Silva y Millás actuaron, una vez más, simbióticamente, de aliados. Así es la búsqueda del Bello Sino.

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Sunday, June 1, 2008

Su ganancia, mi tiempo.

Le ha ocurrido muchas veces. Usted ya ha elegido sus productos en el supermercado y debe dirigirse a una de las cajas para proceder al pago. No importa cual elija, le toca esperar mucho más de lo que usted quisiese. Mientras espera, observa que hay muchas cajas cerradas y se pregunta por qué no abrirán más para aumentar la tasa de atención y disminuir la espera, llegar antes a la casa, preparar la comida y acostarse más temprano, leer, conversar con su pareja juntando los pies para transmitir mensajes subliminales o simplemente calentárselos. Y a veces, en medio de esas cavilaciones la chica de la caja pone un cartel y dice que atenderá justo hasta la señora que está antes que usted. La historia se repite cuando va a cobrar un cheque al banco o a pagar una cuenta; fila única en este caso, pero igualmente muchas ventanillas de atención cerradas.

Finalmente resulta ser un dato del problema: si vamos a comprar al súper, a cobrar un cheque o a pagar una cuenta, sabemos que deberemos esperar pues siempre habrá cajas o ventanillas cerradas ¿Por qué no las abrirán? Lo más interesante es que usted y yo seguimos yendo al mismo súper, porque es el más cercano a la casa. Lo que parece ocurrir es que los dueños del súper también saben eso y han calculado que tienen una suerte de clientela fija que, salvo que las esperas sean demasiado largas, no se cambiará de lugar de compras. Lo mas asombroso es que si algunas veces elegimos comprar en otro súper, más lejano, pues resulta que en ese otro lugar… también hay cajas inactivas ¿Cuál es el problema?

Al dueño del centro de ventas le interesa maximizar su ganancia, es decir, la diferencia entre lo que entra por ventas y lo que sale por gastos. Estos gastos incluyen el salario del personal, parte del cual son las personas que atienden en las cajas. Si la clientela es más bien fija, entonces el dueño puede aumentar las ganancias si disminuye sus gastos reduciendo el número de horas aportado por quienes atienden las cajas o ventanillas. Y mientras menos atienden, más aumenta nuestra espera. Dicho brevemente: existe un conflicto entre el pago al personal y la espera en las cajas. Puesto de otra manera, las ganancias van de la mano de las esperas. Si se aumenta el personal, disminuyen ambas.

La escasa consideración del tiempo de los usuarios por parte de los empresarios conduce a sistemas con bajas tasas de atención o servicio. Lo mismo ocurrió con el diseño del sistema de transporte publico en Santiago, pues fue concebido para llevar la misma cantidad de usuarios con menor costo, terminando en una flota más pequeña, con buses más grandes y  mucho trasbordo. Mala forma de plantear el asunto. Por ahí no va la búsqueda del Bello Sino.

Posted by Argos Jeria at 18:23:07 | Permalink | No Comments »