Chile, hoy
Un querido y fiel auditor me hizo llegar un enlace a una nota periodística hecha en Chile donde entrevistaban – en la calle - a una señora en sus cincuenta y tantos. El fondo sugería que en el lugar había recién finalizado un acto; se trataba de la celebración del primero de mayo de 2007 en algún lugar de Santiago. La entrevistada, tranquila al comienzo y emocionada después, decía al entrevistador – quien estaba fuera de pantalla – que esto iba a explotar, que no daba para más. “Me voy a morir, como todos”, decía, “pero ya no me importa, no me importa ver crecer a mis nietos”. Como no lucía particularmente inestable ni fuera de sus cabales, seguí viendo la entrevista, intrigado.
Cuando empezó a contar de sus orígenes (su abuelo y su padre fueron trabajadores), pensé que su problema era de ingreso. Aunque esa idea se reforzó cuando habló de la enorme frustración que le producía la situación actual del país, mi imagen cambió cuando relató lo de La Traviata. Decía ella que había logrado ver la ópera en un DVD pirata recién la semana anterior, dándose cuenta de que el argumento correspondía a ese libro que ella había leído de pequeña, cuando hubo de hacerse cargo del quiosco de diarios de la familia, abandonando el colegio para poder ayudar a mantener a su gente. Claro, rodeada de libros y periódicos, con poco que hacer, curiosa, despierta, empezó a leer ¿Cuántos de los que van a ver esa ópera, pagando buen dinero, sabrán que fue la historia de Dumas la que prestó el argumento? La frustración de la entrevistada era la más profunda de todas: la imposibilidad material de realizarse intelectualmente, de haber podido acceder al mundo que los libros le abrieron.
Esto que malamente le acabo de transmitir – y que puede ver directamente buscando en http://www.youtube.com/watch?v=GJTTMw7xZaw – me golpeó por dos razones: la polémica actual sobre el derecho a la educación y la oscuridad infinita de la televisión chilena. Entrevistas como esa, donde quien la otorga es el real personaje del reportaje, sólo las había visto en el ya desaparecido programa El Factor Humano del también desaparecido canal Rock and Pop. Allí pude ver por dentro el desastre de la educación en una universidad privada (que ya no existe, pero que fue adquirida por otra) expuesto alegre y libremente por una alumna de evidentes pocas luces. También vi allí la celebración de una efeméride nacional en un colegio de esos carísimos, con la presencia de la crema de la derecha aristocrática; los muchachitos vestían el uniforme de la guerra del Pacífico y cantaban canciones ofensivas a nuestros vecinos, para delicia y emoción de los asistentes ¿Qué mejor manera de mostrar lo que ha pasado en Chile que exponer las genuinas percepciones de los miembros de las instituciones dominantes, sin los filtros tan usados hoy en nuestra mentirosa sociedad?
Tal vez por eso es posible ver la genuina frustración de una compatriota ante esta sociedad alienada sólo en YouTube. Tal vez por eso hicieron desaparecer ese canal pluralista, inteligente y desfachatadamente amigable, tan popular entre los jóvenes,¿Qué gran empresa pondría anuncios en un canal que despertaba conciencias tan alegremente? No baje la guardia; un Bello Sino es posible si logramos derrotar la pobreza y la alienación.