Amistosos abusos
Después de quienes viven con uno, los amigos y amigas son las personas que más nos conocen y a quienes más conocemos. La empatía, la historia común y el contacto frecuente hacen que sus percepciones y reacciones nos vayan siendo cada vez más familiares. Todos tenemos algún amigo que siempre llega tarde, y siempre con una excusa razonable que genuinamente cree. U otro que usualmente se ofrece para pasar a buscar a alguien o que aporta su casa para la reunión. También está el que nos hace reír con sus desatinos pero que puede resultar imprudente a veces, dependiendo de la compañía de terceros. Y, claro, el que encuentra todo malo, o el que se siente incómodo con las discusiones y dice estar siempre de acuerdo con todos, buscando los puntos de encuentro.
El conocimiento cercano de nuestros amigos provoca que, en algunas circunstancias, podamos predecir lo que harán, o lo que no harán. Y esto crea costumbres en nuestras relaciones con ellos. Al impuntual terminamos citándolo en el destino final – si vamos a algún espectáculo - o le pasamos su entrada para que no nos retrasemos todos. Y ante algún apuro logístico o financiero confiamos en que, al final, el generoso nos sacará de apuros. Al desatinado lo invitamos a casa con gente de buen humor o que lo conozcan y lo estimen por sus otras cualidades. Al crítico lo usamos como conejillo de indias; si encuentra algo bueno, nadie lo hallará malo. Y del componedor esperamos que arregle los desatinos del otro, y así.
Esta suerte de adaptación a las características del otro - o de la otra - plantea un problema de asimetría que me permitiré ilustrar con un ejemplo. Un joven amigo llegó tarde a nuestro encuentro. Ante mi amistosa queja, me contestó sonriente que yo sabía de su impuntualidad y que debería haberlo tenido en cuenta. Le hice ver que lo mismo ocurría en el caso inverso: el sabe que soy puntual. Como anécdota le contaré que al día siguiente llegó casi a la hora.
El quién se adapta a quién es un asunto espinudo que puede incluso erosionar amistades de larga data. Imagínese que algún amigo le pide dinero o, para introducir una variante, llega a algún arreglo laboral con usted y luego, cuando llega el momento de cumplir, él le plantea que usted, auditor fiel de Bello Sino, describe y denuncia frecuentemente las necesidades inducidas socialmente - fama, riqueza, poder – que terminan por domesticar y destruir a los individuos. Y de esto su amigo concluye que usted no debería pedir la devolución o el pago ¿Qué le parecería tal actitud? Bueno, las primeras reacciones esperables son las de enojo y denuncia de tal abuso de la amistad. Me permito, sin embargo, hacerle ver que, como dijese en una crónica anterior, nuestros amigos más vulnerables a las presiones ambientales son también – y en el sentido más riguroso - víctimas del sistema. Así es que, al mismo tiempo de exigir el cumplimiento del deber pecuniario, podemos intentar identificar los problemas en que nuestro amigo debe estar metido. De lo contrario la búsqueda del Bello Sino estará llena de decepciones.