Esperanza de Vida
Si usted saca el promedio de la edad a la que han fallecido las personas en un cierto año, tendrá una estimación conservadora - en general - de la edad que, en promedio, tendrán al fallecer las personas que nacieron ese año, debido a los avances tecnológicos que se espera ocurran de ahí en adelante, particularmente en medicina. Esta esperanza de vida al nacer (EVN) es una figura estadística que varía bastante entre continentes y países. Según las últimas cifras (2006), África tiene el índice más bajo (49,1 años) y el de Chile – 76,6 años – es comparable al promedio de los países en Norte América (77,6). Con afán ilustrativo, sepa usted que hay sólo nueve países con esperanza de vida superior a 80 años, entre los que se encuentran Japón, Suecia, Australia, Canadá y Singapur.
La EVN normalmente crece en el tiempo, con la notable excepción de varios países africanos que muestran un descenso en los últimos treinta años (atribuible al virus del SIDA). Así, por ejemplo, España y México más que duplicaron su índice durante el Siglo XX y Chile lo subió en un 30% en los últimos 40 años. Esto plantea nuevos desafíos en el terreno de las pensiones y los planes de salud, puesto que habrá más gente de mayor edad en la mayoría de los países. Viviremos más años desde la jubilación, y no sólo requeriremos alimentos, techo y abrigo sino también deberemos cuidar nuestra salud y ocupar nuestro tiempo. Ya que en nuestro país andamos al debe tanto en los planes de retiro – hoy mayoritariamente en manos privadas – como en los de salud para buena parte de la población, me pareció útil acudir al debate que se está llevando a cabo en el gran país del norte.
Quienes defienden la cobertura universal de salud en EEUU plantean que el resto de los países ricos ya tienen alguna forma de protección de salud garantizada para todos. Como es evidente, esto requiere de mecanismos solidarios que hagan que quienes ganan más aporten más al fondo común, lo que – según los detractores del sistema - no estaría en la naturaleza de los norteamericanos, quienes serían individualistas y amantes del riesgo, rechazando un sistema que hiciese de la salud una responsabilidad colectiva. El destacado economista Paul Krugman entrega evidencia de que esto no sería así, dando como ejemplo dos programas solidarios de salud, uno de nivel nacional en el que todos los que trabajan aportan para cubrir las prestaciones a los mayores de 65 años, y otro de nivel estatal en el cual han extendido la cobertura universal a todas las edades con arrolladora aprobación de la población a pesar de algunos problemas con su administración. Según Krugman, el principal problema para instalar este segundo plan a nivel nacional es subjetivo: superar el miedo al cambio hacia una actuación colectiva.
En el país de los votos monetarios, donde el autofinanciamiento “con ayuda” genera carreteras urbanas para los ricos y el sin ayuda resulta en sistemas de transporte público mal diseñados, donde los sistemas privados de salud se llevan el 7% de los ingresos más altos, donde los planes se encarecen a medida que nuestro ingreso baja y nuestro riesgo de enfermedad sube, donde la pensión se acaba en la práctica a los 75 años, en este país, digo, el aumento de la esperanza de vida al nacer hace urgente recuperar la democracia representativa para elegir a los buscadores del Bello Sino y construir un mejor destino colectivo.