Comunicación de la Ciencia
Si observamos lo que hacen las secciones o programas de ciencia en la prensa escrita, la radio y la televisión, es posible detectar al menos tres objetos de estudio: el conocimiento en sí, lo que conduce a la exposición de los resultados de la investigación científica; el proceso de creación, que lleva a mostrar los caminos que llevaron a obtener los resultados; y el creador mismo, donde el investigador es descrito por su trayectoria o por sus características más relevantes. De estos tres, el énfasis ha estado en los resultados y en los científicos.
Es frecuente encontrar notas que se refieren a lo recién reportado en una revista o congreso científico, cuando su contenido cumple con algunos requisitos genéricamente periodísticos, como son el que tenga interés inmediato y que la magnitud del problema “resuelto” sea grande. Así, la cura del cáncer o del mal de Alzheimer, o el calentamiento global resultan temas favoritos. Muchas veces esto requiere - por parte del periodista - de la lectura, comprensión y traducción muy sintética de un artículo científico al lenguaje coloquial. Pero ese artículo que comunica los resultados de una investigación, es, en si, una síntesis dirigida a quienes investigan en la misma área, construida utilizando un lenguaje y métodos especializados que suponen conocimiento de investigaciones y resultados previos. Esto convierte la labor de traducción – al lector, al oyente, al televidente - en una suerte de síntesis de una síntesis desde el punto de vista formal, pero con la intención de hacer comprensibles y creíbles los nuevos resultados. Así, la exposición sencilla al público necesariamente apela a la fe que el lector, auditor o espectador debe poner en quienes han producido el resultado. Paradójicamente, entonces, en vez de inducir una actitud científica en el lector, espectador u oyente, esta forma de construcción de la noticia induce, de manera estructural, una visión más cercana al dogma, afín al endiosamiento – voluntario o no - de quienes investigan.
Y esto nos lleva al tercer objeto periodístico: el proceso mismo de creación científica. En este terreno son los métodos, las formulaciones y la génesis de las preguntas lo que adquiere relevancia, terreno en el cual cuestiones tan disímiles como el estudio de la expansión del universo, de la propagación del calor o del comportamiento de los usuarios del transporte público se dan la mano. Creo que el desafío de hacer del conocimiento un aliado liberador no puede ser resuelto por la absorción dogmática de resultados ni por la divinización del científico. Sólo es posible enfrentarlo con éxito si se expone la actitud científica, si se revelan los procesos que llevan a conocer. Se trata de convertir al público en cómplices del conocimiento. El énfasis en el proceso creativo otorgaría al periodismo científico un papel social fundamental, cual es el de estimular la amistad entre los individuos y el conocimiento, haciendo de este último un aliado liberador que apunta al pensamiento metódico y riguroso para entender, para que no nos pasen tanto gato por liebre en ningún terreno ¿Qué tal exponer una discusión ilustrada entre científicos que discrepan fundadamente sobre el calentamiento global, por ejemplo? ¿O entre los investigadores cuyos resultados justifican o no justifican el subsidio en el transporte público programado? En ambos casos los resultados publicados son opuestos y se hace imprescindible exponer los fundamentos, los métodos.
El desafío, entonces, es el de ampliar los grados de libertad para pensar, el de estimular una forma no dogmática de mirar la creación de conocimiento, el de convertir a los admiradores en cómplices. Como cantó Víctor Jara “el hombre es un creador”. Hermosa tarea la de contribuir a la liberación de los creadores, parte de la búsqueda del Bello Sino.