Amores y asimetrías
Se dice que la relación entre dos elementos A y B de un conjunto es simétrica si el que A esté en relación con B implica que B también lo está con A. Después de muchas vueltas, conversas y observaciones me resultó evidente que “caerse bien” es una relación simétrica pues a uno no le caen bien las personas a las cuales uno no le gusta. Por decirlo en breve, las empatías son mutuas salvo casos de masoquismo, patológicos por definición. Tal descubrimiento me resultó muy útil para conversar más relajadamente con personas recién conocidas, apelando implícitamente a estas simpatías simétricas. Pronto lo extrapolé al cariño y más tarde al amor. Pero hay sutilezas, varias sutilezas.
En alguna crónica anterior escribí que preferiría ser pasajero en un vehículo conducido por un borracho que por un enamorado, una hipérbole que me servía para describir un estado – enamorado – en el cual hacemos cosas que nunca haríamos normalmente: locuras. Como lo sintetizara algún siquiatra invitado a la radio, el amor empieza cuando termina el enamoramiento. El cariño maduro sucede a la locura. Encontré una nueva aliada en esta percepción.
En su libro Love, Again – traducido como De Nuevo, El Amor – la escritora inglesa Doris Lessing describe las sensaciones del personaje central, una mujer de más de sesenta años, dramaturga, que se siente enamorada de un joven actor. Dice ella: “… las personas se enamoran con frecuencia y no se enamoran en condiciones de igualdad, ni tan siquiera al mismo tiempo. Se enamoran de gente que no está enamorada de ellas como si existiera una ley al respecto, y esto lleva a que… si el estado en que se encontraba ella no se viera seguido de cerca por el inocuo “enamorarse”, entonces sus síntomas habrían sido los de una auténtica enfermedad”. Elegante forma de plantear que una palabra que tienen buena prensa – enamorado – en realidad encubre un estado patológico. El enamoramiento primario es locura asimétrica.
Parece que las relaciones afectivas – amistad, cariño, amor, atracción, enamoramiento – tienen su propio vocabulario que legitima, encubre o endulza relaciones cuyo trasfondo es complejo. La muchacha que se abraza cariñosamente con el chico que no es su pololo es porque tienen “una amistad muy especial”; aquellos que bailan mucho en ausencia de sus parejas es porque “se complementan tan bien”. Es mejor confesar enamoramiento que locura, amistad que amor o armonía danzante que atracción física. Pero todo esto es búsqueda, exploración, autoengaño y revelación legítimas. Son las piedras del empedrado camino al Bello Sino.