Ni Popular ni Cupular
A mediados de los ochenta, de visita en la bella ciudad de Montreal, aproveché la tarde de un sábado para acercarme al cine de la Universidad de Concordia donde mostraban una película de extraño pero sugerente nombre, WR: Mysteries of the Organism. Concebida y dirigida en 1971 por el yugoslavo Dusan Makavejev, el film mostraba - desde varios ángulos - la liberación sexual como componente principal de la revolución socialista. Tres imágenes se me quedaron en la retina: la de una atractiva mujer con chaqueta y gorra militar sobre su camisa de dormir, contestando con fuerza a la arenga revolucionaria de un soldado ante una multitud uniformada distribuida en un gran patio interior y en los varios pisos que miraban a él; la de una escultora que obtenía un molde del pene erecto de un individuo que se prestaba a ello sin mayor aspaviento, lo que luego se transformaría en una pequeña escultura multiplicada en los escaparates de las tiendas; y la de un individuo que construye un aparato para retener la energía sexual liberada en el orgasmo. Este individuo era Wilhelm Reich, el WR del título.
Austríaco de nacimiento, marxista y neuropsiquiatra, Reich fue ayudante de Freud a los veintitrés años. A los treinta publicó “La función del orgasmo”, conteniendo postulados que fueron discutidos por su maestro. Participó en la creación de la Asociación Alemana para una Política Sexual Proletaria, desarrollando investigaciones acerca del conflicto entre la liberación sexual y los regímenes autoritarios, lo que le traería dificultades tanto con el Partido Comunista como con la Asociación Internacional de Psicoanálisis, organizaciones que pronto lo expulsarían de sus respectivas filas. Perseguido por el nazismo, terminó refugiado en los Estados Unidos, donde sus intentos por capturar, medir y utilizar la energía que él bautizara como “orgónica” despertaron la sospecha de la Food and Drugs Administration en la época de la caza de brujas; falleció en prisión en 1957.
El director Makavejev tuvo problemas para mostrar su película en su país natal - donde se le vio como una crítica a la Unión Soviética - y en muchos otros países por las escenas consideradas atrevidas para la época, a pesar de reflejar con algún retraso el afán libertario de los movimientos juveniles de fines de los sesenta, alimentados por el pensamiento de Reich y sus contemporáneos de la Escuela de Frankfurt, Erich Fromm y Herbert Marcuse. En esa misma época culminaba en Chile la estrategia de la construcción socialista a partir de la democracia representativa. La elección de Salvador Allende fue planteada como la posibilidad de generar una alianza entre obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y pequeños empresarios; este poder popular se desarrollaría en la base mostrando las ventajas que los cambios traerían para todos estos sectores. Tan sólo veinte años después el panorama sería exactamente el opuesto, habiéndose asentado en nuestro país el poder unilateral de las cúpulas partidarias. Se me ha ocurrido que tal vez el pensamiento de Reich nos traiga el justo balance entre el poder popular que nunca se alcanzó y el poder cupular que nos rige hoy. Se trataría del poder copular, entendido como manifestación indudablemente revolucionaria, casi utópica, de aquellos miembros de mi generación que aún creen que un Bello Sino es posible.