Dejarlo por cantado
Aunque gocé las novelas con el detective Carvalho como personaje central - de Manuel Vázquez Montalbán - porque son entretenidas, bien escritas e inteligentes, al leerlas me empapé simultáneamente de la historia de los últimos cuarenta años de España. No me parece que haya sido la intención del autor contarla, pero los personajes, circunstancias y ambientes contenían los elementos suficientes como para hacerse una buena idea de la evolución política y social de la Madre Patria a medida que Carvalho avanzaba en su vida, desde finales de los sesenta a comienzos del siglo XXI. No siempre la descripción del entorno inmediato del personaje permite tal cosa, como en los casos de las aventuras del inspector Maigret de Simenon o del comisario Montalbano de Camilleri, donde el énfasis está más bien en el carácter de ambos y en sus relaciones personales con colegas, amigos y parientes. Pero la escritura siempre deja algo del ambiente.
Una de las razones para aceptar el desafío que me planteó el director de la radio al solicitarme artículos para nuestro diario electrónico hacia fines del 2004, fue justamente que eso me obligaba a dejar las cosas por escrito, induciendo la necesidad de ordenar las ideas y expresarlas coherentemente. Luego de un tiempo me di cuenta de que el conjunto de crónicas se estaba constituyendo en un archivo que tenía elementos autobiográficos, descripción de lugares, algo de historia del país, y así. Como la conciencia es fruto de la experiencia, en estos escritos queda plasmada mi visión de las cosas pero no mi historia. Es decir, usted puede llegar a saber como pienso, pero no necesariamente como he vivido. Las crónicas no son un diario de vida.
Nunca llevé un diario pero si escribí canciones desde los catorce años, aunque no fue sino hasta los dieciocho que algunas letras comenzaron a tomar un tono directamente autobiográfico: la novia que emigró, los eventos en la universidad, los cambios en el país, mis amigos, el golpe, la serie de temas que cuentan la conquista de mi mujer, los hijos, los estudios fuera del país, las dificultades, y así. Claro que no es lo mismo dejarlo por escrito que dejarlo por cantado. Más aún, un amigo me dice que muchas de mis canciones son crípticas, lo que no tiene nada de raro si uno piensa que la letra de una canción combina historias, sensaciones y sentimientos en unos pocos versos que son sostenidos por una melodía que se prolonga entre dos y cuatro minutos. Piense también que un músico inmaduro puede optar por lo obvio (lo que las otras canciones dicen), por lo comercial (lo que todos quieren escuchar) o por lo panfletario (lo que promueve una idea o una venta). Tal vez lo que parece críptico sea una combinación de lo íntimo con lo metafórico, pero créame que es sincero. Ahora que lo pienso, las crónicas son para que ustedes las lean, pero mis canciones han sido siempre básicamente para mi y para mis amigos. Por eso incluir una de ellas en uno de mis programas es un acto excepcional pues me muestro demasiado. Tal vez pienso que ya nos tenemos confianza suficiente como para que me atreva a buscar el Bello Sino de manera más íntima.
que uena me gustaria verla masssssssssssss