Canción de Navidad
Hace 165 años Charles Dickens, el inglés autor de David Copperfield y Oliver Twist, escribió y publicó su muy conocida novela corta A Christmas Carol, título muchas veces traducido como Cuento de Navidad. Como carol – que viene de coro – significa canción popular festiva, la traducción más apropiada sería Canción de Navidad. Así como un buen cineasta logra delinear personajes y situaciones en menos de dos horas con medios audiovisuales sobre la base de un buen guión, en pocas páginas Dickens – un fino crítico social - utiliza la idea de la Navidad para resaltar y finalmente redimir a un personaje como Ebenezer Scrooge, adicto al trabajo y explotador inhumano cuyo único afán es acumular riquezas. Vaya, ¿nada nuevo bajo el sol después de un siglo y medio?
Creo detectar cuatro diferencias importantes entre este Scrooge - que es expuesto a su pasado inocente, su presente malvado y su futuro triste y solitario – y sus versiones modernas ya que el tiempo no pasa en vano y las técnicas de marketing se han desarrollado de manera muy efectiva. En primer lugar, la imagen del Scrooge contemporáneo es la de un héroe digno de imitar, un ganador cuya fortuna provendría de su trabajo e inteligencia. Segundo, no es un tacaño evidente pues comparte su fortuna de manera directa con sus colaboradores cercanos (regalos que le aseguran incondicionalidad) e indirecta mediante donaciones descontables de impuestos. Tercero, es encantador, usando la frase apropiada y el gesto preciso casi como un reflejo condicionado, asesorado por expertos en imagen. La síntesis, por último, es tan distinta: el Scrooge de Dickens se redime, cambia, se transforma en un hombre sencillo, comprensivo y generoso. Sabemos que tal cosa no es posible ya que la vida va creando formas de mirar la propia obra que justifican nuestras acciones; el Scrooge de hoy, alegre y dicharachero, se siente un creador de empleo, un emprendedor, un ejemplo a seguir. Y tal imagen será reforzada por una forma colectiva de mirar, una ideología dominante cultivada ya durante tantos años, que hace que buena parte de los pobres, alienados y explotados, lo admiren.
La versión local de las canciones de Navidad son los villancicos, que mi familia amplia – esposa, hijos, nueras, padres, hermanas, cuñados y sobrinos – interpreta en estas fechas todos los años. Nos gustan particularmente las del Cuncumén, ese grupo que integraban Silvia Urbina, Rolando Alarcón y Víctor Jara entre otros. Por eso la nochebuena llegué a la radio con mi guitarra, pues una vez finalizado el programa partí de ahí directamente a la casa de mis viejos, donde el mismo árbol y el mismo menú – tradiciones de más de cuarenta años - me esperaban cariñosos. Luego del pavo con salsa nogada y papas duquesa, cantamos villancicos y salimos al barrio a entonar Adeste Fideles, El Temperuley, Señora Doña María, El Mensaje de los Ángeles y, por supuesto, Noche de Paz, sin apuros y sabiendo que todo es parte de la búsqueda del Bello Sino.