Saturday, September 27, 2008

Amores y asimetrías

Se dice que la relación entre dos elementos A y B de un conjunto es simétrica si el que A esté en relación con B implica que B también lo está con A. Después de muchas vueltas, conversas y observaciones me resultó evidente que “caerse bien” es una relación simétrica pues a uno no le caen bien las personas a las cuales uno no le gusta. Por decirlo en breve, las empatías son mutuas salvo casos de masoquismo, patológicos por definición. Tal descubrimiento me resultó muy útil para conversar más relajadamente con personas recién conocidas, apelando implícitamente a estas simpatías simétricas. Pronto lo extrapolé al cariño y más tarde al amor. Pero hay sutilezas, varias sutilezas.

En alguna crónica anterior escribí que preferiría ser pasajero en un vehículo conducido por un borracho que por un enamorado, una hipérbole que me servía para describir un estado – enamorado – en el cual hacemos cosas que nunca haríamos normalmente: locuras. Como lo sintetizara algún siquiatra invitado a la radio, el amor empieza cuando termina el enamoramiento. El cariño maduro sucede a la locura. Encontré una nueva aliada en esta percepción.

En su libro Love, Again – traducido como De Nuevo, El Amor – la escritora inglesa Doris Lessing describe las sensaciones del personaje central, una mujer de más de sesenta años, dramaturga, que se siente enamorada de un joven actor. Dice ella: “… las personas se enamoran con frecuencia y no se enamoran en condiciones de igualdad, ni tan siquiera al mismo tiempo. Se enamoran de gente que no está enamorada de ellas como si existiera una ley al respecto, y esto lleva a que… si el estado en que se encontraba ella no se viera seguido de cerca por el inocuo “enamorarse”, entonces sus síntomas habrían sido los de una auténtica enfermedad”. Elegante forma de plantear que una palabra que tienen buena prensa – enamorado – en realidad encubre un estado patológico. El enamoramiento primario es locura asimétrica.

Parece que las relaciones afectivas – amistad, cariño, amor, atracción, enamoramiento – tienen su propio vocabulario que legitima, encubre o endulza relaciones cuyo trasfondo es complejo. La muchacha que se abraza cariñosamente con el chico que no es su pololo es porque tienen “una amistad muy especial”; aquellos que bailan mucho en ausencia de sus parejas es porque “se complementan tan bien”. Es mejor confesar enamoramiento que locura, amistad que amor o armonía danzante que atracción física. Pero todo esto es búsqueda, exploración, autoengaño y revelación legítimas. Son las piedras del empedrado camino al Bello Sino.

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Sunday, September 21, 2008

Conexiones

La cantidad de gente que usted conoce es grande, tanto que probablemente le sea difícil escribir los nombres de todas las personas con las que alguna vez ha tenido al menos UN contacto personal. Imagínese si agregamos a esa lista a aquellos individuos que usted no conoce pero que sí han tenido contacto con sus conocidos directos. Tal vez en esa lista empezarían a aparecer nombres insospechados, aquellos que tienen alguna notoriedad y que, por esas cosas de la vida, son conocidos de sus conocidos. Pues bien; este tipo de elucubraciones nos lleva directamente a preguntarnos si estaremos tan lejos de personas muy famosas como, por ejemplo, George Bush, John Lennon o Maradona.

Definamos mejor el asunto y llamemos conocimiento directo o de grado uno al que se establece con quienes nos hemos saludado en forma clara, digamos, de mano; y llamemos conocimiento de grado dos a quienes no conocemos directamente pero que tienen grado uno con las personas que tienen con nosotros grado uno, y así. Bueno. Sospecho que en esta suerte de cadena de relaciones personales tengo grado dos con las tres personas mencionadas en el primer párrafo, pues he saludado a Marcelo Espina, que supongo ha saludado a Maradona; a Tony Sheridan, a quien conocí en Liverpool el 2006 y quien sin duda saludó a Lennon cuando grabaron ese legendario disco en Hamburgo en 1962; y también he saludado a una hermana de Bush padre durante alguna visita a Boston, quien con toda seguridad ha estado muchas veces con su sobrino. Sorprendente ¿No le parece?

Este juego puede extenderse en dos direcciones. Una es preguntarse por el grado de conexión con personas más cercanas geográficamente, como algún presidente de la república, algún animador de televisión local, un astro del deporte nacional o un personaje radial. Pero no deja de llamar la atención que, por alguna razón desconocida, a uno no se le ocurre preguntarse por el grado de relación con la señora que vive en alguna casa cualquiera de un barrio distinto del nuestro, o con el gordito que entrevistaron en la tele a la salida del partido del Colo con la U. Lo que pasa es que las conexiones casuales con personas anónimas son difíciles de retener salvo que sean permanentes. Y esto sugiere una segunda posibilidad de variación del juego, cambiando el tipo de vínculo que define la relación; por ejemplo considerar “ser amigo” en vez de “haberse saludado de mano”. Note que esto no significa que usted deba ser amigo de los amigos de sus amigos, pues si así fuese todos tendrían relación de grado uno. Bajo esta nueva definición de vínculo el grado dos lo conectaría con aquellos amigos de sus amigos que NO son amigos suyos.

¿Y qué sucede si establecemos las comunicaciones como vínculo? Hablar por teléfono o contactarse por correo electrónico son dos formas de relación muy comunes, tanto que hay virus computacionales que se expanden llegando a todos los contactos que aparecen en la bandeja de direcciones de quien ha sido infectado. Es también la forma de crecer de las nuevas cadenas de amistades como Facebook, que han llegado a ser peligrosamente invasivas. Es que las redes humanas nos acercan mucho más de lo que creemos, aunque no siempre en ambas direcciones. Defina por ejemplo la relación “escuchar por la radio”, lo que hace que usted tenga una relación de grado uno conmigo, pero no necesariamente a la inversa. Son las asimetrías del Bello Sino.

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Monday, September 8, 2008

Comunicación de la Ciencia

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­Si observamos lo que hacen las secciones o programas de ciencia en la prensa escrita, la radio y la televisión, es posible detectar al menos tres objetos de estudio: el conocimiento en sí, lo que conduce a la exposición de los resultados de la investigación científica; el proceso de creación, que lleva a mostrar los caminos que llevaron a obtener los resultados; y el creador mismo, donde el investigador es descrito por su trayectoria o por sus características más relevantes. De estos tres, el énfasis ha estado en los resultados y en los científicos.

 

Es frecuente encontrar notas que se refieren a lo recién reportado en una revista o congreso científico, cuando su contenido cumple con algunos requisitos genéricamente periodísticos, como son el que tenga interés inmediato y que la magnitud del problema “resuelto” sea grande. Así, la cura del cáncer o del mal de Alzheimer, o el calentamiento global resultan temas favoritos. Muchas veces esto requiere - por parte del periodista - de la lectura, comprensión y traducción muy sintética de un artículo científico al lenguaje coloquial. Pero ese artículo que comunica los resultados de una investigación, es, en si, una síntesis dirigida a quienes investigan en la misma área, construida utilizando un lenguaje y métodos especializados que suponen conocimiento de investigaciones y resultados previos. Esto convierte la labor de traducción – al lector, al oyente, al televidente - en una suerte de síntesis de una síntesis desde el punto de vista formal, pero con la intención de hacer comprensibles y creíbles los nuevos resultados. Así, la exposición sencilla al público necesariamente apela a la fe que el lector, auditor o espectador debe poner en quienes han producido el resultado. Paradójicamente, entonces, en vez de inducir una actitud científica en el lector, espectador u oyente, esta forma de construcción de la noticia induce, de manera estructural, una visión más cercana al dogma, afín al endiosamiento – voluntario o no - de quienes investigan.

 

Y esto nos lleva al tercer objeto periodístico: el proceso mismo de creación científica. En este terreno son los métodos, las formulaciones y la génesis de las preguntas lo que adquiere relevancia, terreno en el cual cuestiones tan disímiles como el estudio de la expansión del universo, de la propagación del calor o del comportamiento de los usuarios del transporte público se dan la mano. Creo que el desafío de hacer del conocimiento un aliado liberador no puede ser resuelto por la absorción dogmática de resultados ni por la divinización del científico. Sólo es posible enfrentarlo con éxito si se expone la actitud científica, si se revelan los procesos que llevan a conocer. Se trata de convertir al público en cómplices del conocimiento. El énfasis en el proceso creativo otorgaría al periodismo científico un papel social fundamental, cual es el de estimular la amistad entre los individuos y el conocimiento, haciendo de este último un aliado liberador que apunta al pensamiento metódico y riguroso para entender, para que no nos pasen tanto gato por liebre en ningún terreno ¿Qué tal exponer una discusión ilustrada entre científicos que discrepan fundadamente sobre el calentamiento global, por ejemplo? ¿O entre los investigadores cuyos resultados justifican o no justifican el subsidio en el transporte público programado? En ambos casos los resultados publicados son opuestos y se hace imprescindible exponer los fundamentos, los métodos.

 

El desafío, entonces, es el de ampliar los grados de libertad para pensar, el de estimular una forma no dogmática de mirar la creación de conocimiento, el de convertir a los admiradores en cómplices. Como cantó Víctor Jara “el hombre es un creador”. Hermosa tarea la de contribuir a la liberación de los creadores, parte de la búsqueda del Bello Sino.

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