Saturday, April 4, 2009

Compitiendo hasta morir

Leo en la prensa internacional que uno de los mejores beisbolistas de la liga norteamericana, jugador del equipo de Nueva York, ha admitido recientemente haber consumido drogas para mejorar su rendimiento en la época en que cimentaba su prestigio jugando por el equipo de Texas a comienzos de la década. Pero también entregó una explicación: “sentí una enorme cantidad de presión”… “como si tuviese todo el peso del mundo sobre mi y necesitase rendir a gran nivel todos los días”… “quería probar a todos que yo valía tanto como para ser uno de los grandes jugadores de todos los tiempos”. Otros tres jugadores igualmente famosos hoy son también sospechosos de haber usado estimulantes.


 

Cuando leemos estas noticias pensamos que estamos lejos de tales asuntos, que a lo más nos enteramos cuando algún famoso local es sorprendido en malos pasos. Pero en realidad estamos rodeados de actitudes que son perfectamente comparables a la de estos famosos jugadores, aunque no tengan que ver con el consumo de drogas. Veamos. ¿Por qué lo hacen, si son hábiles y tienen buen estado físico? Como dijo el primero que lo ha admitido, “todos lo hacen, así es que ¿porqué no experimentar con ello?” Me imagino que algo semejante ocurriría si un futbolista notase que, a pesar de su entrenamiento y habilidad, rinde menos que otro de igual capacidad pero que consume estimulantes. Y cuando entra en esta competencia ninguno de los dos puede detenerse; sería perder terreno, como el ciclista sano que ve alejarse hacia la meta al que usa esas substancias. Si otros lo hacen y él no, se queda atrás ¿Se ha preguntado usted por qué una chica linda y sexy se siente en la necesidad de intervenir su cuerpo para serlo aún más?

 

Ahora viene la parte más delicada: como nos parece un problema ajeno y lejano hacemos gala de amplitud y tolerancia para morigerar una posible crítica. Nos decimos que debemos ser más comprensivos, ya que – después de todo – los deportistas profesionales viven de su rendimiento y las modelos de su figura. Y ni usted ni yo somos lo uno o lo otro. Lamentablemente esto del “todos lo hacen” está presente en una enorme cantidad de actividades y personas. Lo está en el ya reconocido intelectual que siente que debe escribir más artículos que sus colegas, en el desprejuiciado joven que siente que debe usar lo que usan sus amigos, en la señora buena persona que quiere lo que tiene la vecina, y así. Parecer más o mejor es una actitud sin límite.

 

Lo peor de todo lo anterior es que tales actitudes son hoy normales y responden a necesidades inducidas socialmente con varios estímulos inocentes en apariencia: dinero, premios, figuración, poder. Y siempre tendremos una buena explicación para seguir en ello. Cierto: el jefe prefiere al que trabaja más y todos pensamos que el que sale en la tele es mejor. El resultado – en sus dimensiones menos graves – es la tensión, la úlcera o el colon irritable. En sus dimensiones mayores, toma forma en ataques al corazón, la dependencia de fármacos  y la pérdida de relaciones con nuestros amigos y familiares. Peor aún puesto que, cuando los resultados negativos se manifiestan, pensamos que son fruto del exceso o de problemas personales, lo que hace las delicias y las fortunas de siquiatras y predicadores. Cuando nos empecemos a dar cuenta colectivamente de los fundamentos sociales y políticos de tan desastrosa dinámica, habremos comenzado una nueva dimensión en la búsqueda del Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 12:00:27 | Permalink | Comments (2)