Piropos
Nunca he sentido ganas de lanzarle un piropo a una mujer en plena vía pública, pero la imaginación y el verso me florecen de manera sorprendente en ambientes más reducidos, cuando el contenido de una frase pretendidamente halagüeña está más cerca de la conversación que de la frase suelta. Al igual que en aquella historia de Kundera en El Libro de los Amores Ridículos, no me anima tanto el afán de conquista como el de provocar una genuina sonrisa placentera. Porque pocas cosas más lindas hay que una mujer riendo, cualquier mujer riendo.
He inventado buenos piropos. El que mas me gusta nació en un recital de Sabina en el Teatro Caupolicán de Santiago. Cuando salió a escena la chica que lo acompañó en segundas voces hasta hace unos años - Olga Román - le comenté al oído a mi mujer que tenía que ser definitivamente tonta. Cuando estaba a punto de retarme por prejuicioso, aclaré que una fémina tan atractiva y con tan bella voz no podía ser inteligente pues no existía la mujer perfecta, frase que convirtió el potencial reto en una sonrisa de colección. Luego he perfeccionado esta línea con distintas variantes. La usé hace poco mientras comíamos con unos estudiantes colombianos y apareció la chica que organizaba el evento y con quien habíamos estado conversando el día anterior. Cuando le dije que mi intuición me indicaba que probablemente cantaba muy mal, me miró sorprendida asintiendo. Luego de hacerme la pregunta de rigor y escuchar mi explicación – un chica hermosa e inteligente no podía tenerlo todo – llegó mi recompensa cuando ella, contenta y sonriente, me dijo que le había arreglado el día.
Hay veces en que siento que la frase galante puede ser contraproducente, que no logrará el resultado esperado. Me ocurre con aquellas mujeres que dan claras señales de su particular sensibilidad con los derechos femeninos, con quienes aflora la necesidad de igualdad en el trato para no arriesgar una ofensa. También en este terreno uno aprende. Comenté esto con una amiga, profesional de prestigio y muy conciente de sus derechos, a la que manifesté mis dudas ante posibles galanterías como retirar la silla en la mesa, ayudarle a descender de un bus, o cederle el asiento. “Me encantan esa atenciones”, me dijo, “yo también soy muy galante con mis amigos”. Obvio.
Así es que los piropos que fluyen naturales en medio de la conversación con jóvenes y maduras se han convertido en instrumento recolector de sonrisas, cazador de imágenes de hermosas mujeres sonriendo que me alegran, que me ayudan a creer que el Bello Sino está a la vuelta de la esquina.
El piropo es parte fundamental de la ternura entre los seres humanos.
Y además, no viene nada de mal sentirse admirada de vez en cuando.
Saludos.
El piropo es parte fundamental de la ternura entre los seres humanos.
Y además, no viene nada de mal sentirse admirada de vez en cuando.
Saludos.
Para mí muchas mujeres no dan esas “claras señales de su particular sensibilidad con los derechos femeninos” y convierten el “ser caballero” en un “ser machista”.
Como olvidar a la que hace alguno años le ofrecí subir sus maletas por la escalera del metro y me respondió con un “¿Acaso no ves que yo también tengo manos?” (me apesta la retórica de algunos).
Y así he aprendido cosas como que existen varias clases de machismos o que “adornar” no es un verbo adecuado para referirse a la existencia de alguna chica de buena apariencia.
Por último aprovecho la posterioridad de la red para recomendar un episodio de Curb (la serie de Larry David, co-creador de Seinfeld), específicamente el capítulo 5 de la temporada 1, donde por ser caballero se gana el peor día de su vida.