Separaciones
Un conocido comentaba que había descubierto una de las causas de la separación con su primera mujer: mientras el conducía el auto ella le daba indicaciones que ya no era posible seguir (dobla aquí, estaciónate allá). Según él, la continua tensión que eso le causaba terminó resultando insoportable ¿Serán los desencuentros domésticos la raíz del alejamiento y separación de un matrimonio? Si así fuese, un breve período de convivencia debería revelarlos, contribuyendo a decidir si queremos o no establecer algo permanente. Porque, por otra parte, la decisión de casarse lleva siempre consigo la esperanza de que sea para siempre; no conozco excepción alguna, independientemente de las creencias, posición política, nacionalidad o ingreso de cada miembro de la pareja. No digo que tal cosa sea buena o mala, fundada o infundada; simplemente es así, razón por la cual la separación se percibe subjetivamente – perdone usted la redundancia en aras del énfasis - como un fracaso.
¿Existirán condiciones estructurales que permitan evaluar la probabilidad de supervivencia de un matrimonio? Si bien el focus group que constituyen mis amigos y conocidos no permite establecer patrón alguno, creo que las hay. Alguna vez comenté cómo nace lo que podríamos llamar la cultura doméstica, que resulta de una integración creativa – no exenta de conflicto y acomodo - de los usos y costumbres que cada uno trae de su ambiente: la estructura de las comidas, la celebración de los cumpleaños, la distribución de los espacios. Pero en el largo plazo ambos deben necesariamente sentirse cómodos con el resultado; de lo contrario resultará inestable. Y eso dependerá de las culturas originales, incluyendo tanto los hábitos sociales como personales. Pero también está el entorno social, pues la familia y los amigos son parte de la historia diaria. Quiero decir que cada uno de nosotros tiene algún impacto en las vidas de las parejas amigas y en la de nuestros familiares; las podemos hacer, voluntaria o involuntariamente, más gratas o ingratas, contribuyendo a su estabilidad o inestabilidad.
Afortunadamente me di cuenta muy pronto de la relevancia de la opinión y actitud de sus amigas y amigos en las primeras etapas de acercamiento amoroso a quien hoy es mi mujer. Y creo que conquistarlos a ellos fue tan importante como a ella. No se trataba de engañar, claro, sino de darse a conocer; nunca canté ni toqué la guitarra con tantas ganas como entonces, ni cultivé la conversación con más placer. Y resultó tan bien que mantenemos la amistad con todos ellos. Más adelante tomé conciencia del impacto del ambiente familiar, aunque en este caso me tomó un tiempo darme cuenta de que aquí la cosa era unilateral, es decir, los hijos son en buena medida un reflejo de sus padres, lo que nos asigna a los mayores más responsabilidad en el carácter – amable u hostil - del ambiente que con ellos compartimos, tanto en el hogar como cuando lo dejan, o cuando arman sus propias parejas. Por supuesto que no se trata de hacer de celestinos; más bien de no contribuir a crear tensiones en la joven pareja. He conocido padres que espantan a los amigos de sus hijas y madres que presionan para que un cónyuge abandone al otro mediante expedientes brutales: o él o yo. Tales presiones no generan equilibrios armónicos en el largo plazo; aún si la pareja sobrevive el daño es profundo y permanente, pues quien es sometido a esa falsa disyuntiva termina por bloquear - inconscientemente - su contribución al crecimiento de la relación.
Vi dos veces Escenas de la Vida Conyugal, de Bergman; cuando muy joven me entretuve con una interesante historia ajena y ya madurito me pareció estar mirando a nuevos amigos por el ojo de la cerradura; debería verla una vez más. Cuando vi La Guerra de Los Roses ya había vivido lo suficiente como para apreciar la inteligente caricatura que su director logra construir a partir de un matrimonio que se desmorona, llegando a una batalla campal (Kathleen Turner está muy, muy bien). Y aunque no haya reglas, procedimientos ni condiciones claras para la estabilidad matrimonial, hablar de estas cosas es fundamental para buscar un Bello Sino.