Sunday, July 12, 2009

Original

Le debe haber pasado muchas veces: alguien plantea algo novedoso y usted siente que también lo había pensado; más aún, que se lo había dicho a esa persona. La originalidad es, en general, reconocida como un mérito tanto en el terreno de lo artístico – en todas sus expresiones - como de lo científico. Lo opuesto – el plagio, la copia – es usualmente condenado y quien lo comete cae frecuentemente en el descrédito como creador. En áreas como la música o la literatura se puede acudir a reglas o medidas para cuantificar el grado de semejanza entre una obra que se presume original y otra que le antecede; así, el número de compases o párrafos semejantes sería un indicador de un posible plagio. En el caso de la investigación científica el aporte creativo es normalmente juzgado por “pares”, escogidos de entre quienes se presume expertos en el área correspondiente, para analizar el artículo que describe la teoría o el experimento y pronunciarse acerca del grado de novedad que allí se ofrece. Sin embargo, ni ser original ni juzgar la originalidad de una obra parecen tareas sencillas.

 

Considerando que ninguno de nosotros actúa en el vacío, que todos estamos expuestos a las influencias del entorno, cabe preguntarse si una pieza completamente original es posible de concebir. Cuando George Harrison crea If I Needed Someone con el sonido de la guitarra de doce cuerdas tocada a la manera de McGuinn, poco tiempo después de que George y Paul visitaran a los Byrds (el legendario grupo de McGuinn), creo estar en presencia de una influencia evidente. Claro que no es lo mismo tener el estilo de algún músico o literato que hacer una canción o un cuento parecido a otro.

 

El asunto se pone definitivamente difícil cuando se trata de “una idea”, como el argumento básico de un libro o película que es imitado con matices, como en esa seguidilla de filmes acerca de individuos maduros e infantes que intercambian cuerpos. Más complejo es el caso de ideas que consisten en nuevas formas de mirar un problema científico o un fenómeno social, terreno en el que muchas veces se reclama originalidad donde una inspección cuidadosa revela construcciones más o menos simultáneas sobre elaboraciones previas en el mismo tema. Y qué decir de las conexiones entre varias ideas, como el consumidor consumiéndose a si mismo de Marcuse o la noción de ideología en Althusser que, si bien descansan sobre el materialismo histórico de Marx y el psicoanálisis de Freud, pareciesen exhibir aportes originales relevantes.

 

En su novela El LibroNegro, el escritor turco Orhan Pamuk explora la posibilidad de ser uno mismo, cuestión tributaria del existencialismo que había aparecido con frecuencia en la música popular y la cultura juvenil anglosajona a finales de los sesenta (“be yourself”). Pamuk sostiene ahí que cada turco en algún momento comienza a creer que ha escrito ese libro occidental que sólo él ha leído; luego inserta un personaje que enrostra a un popular cronista diciéndole que “no soy un enfermo mental, sino sólo un lector fiel” que “contribuía en esas brillantes frases que escribías, en la creación de esos acertados hallazgos e ideas”. Pamuk invierte la idea del lector-coautor en el penúltimo capítulo, donde narra la historia de un príncipe ofuscado por la incapacidad de tener ideas propias producto de sus muchas lecturas, razón por la cual destruye sus libros. Como no puede evitar que las cosas que lo han rodeado se los recuerden, las destruye también, sólo para constatar que lo aprendido no emigra de su mente; y decide leer más para restar relevancia a cada lectura aislada. Cree descubrir que el gran obstáculo para ser él mismo es la gente que lo rodea, los vulgares y los destacados. Finalmente dedica su vida a dictar historias a su secretario para agotarlas y acercarse así a su verdadero yo ¿Será por eso que escribo estas crónicas del Bello Sino?

Posted by Argos Jeria in 17:53:30
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