Monday, July 20, 2009

Cine Íntimo

Toma tiempo conocer a las personas en sus dimensiones más íntimas, incluyendo a quienes vemos con cierta periodicidad como nuestros colegas en el trabajo o a quienes llamamos amigos. Es que el conocimiento no se nutre solamente de encuentros y conversaciones frecuentes; también se alimenta de ver a nuestros conocidos enfrentar distintas situaciones (laborales, familiares, domésticas) que permiten apreciar mejor sus reacciones, actitudes y reflejos, y que van revelando la verdadera huella de su historia, de su educación, de sus ambientes.

Hay cosas que no vemos y que es poco frecuente que aparezcan en conversaciones; cosas personales que se viven o se piensan, pero no se cuentan, constituyendo los aspectos más privados de la vida de quienes nos rodean fuera del círculo familiar. Por eso me maravillan esas películas en las que – en un lapso de entre 90 y 150 minutos – el director logra sintetizar situaciones y reacciones verosímiles que nos permiten escudriñar en el comportamiento humano y su génesis. Es más que una mirada por el ojo de la cerradura; es una visión necesariamente breve, pero cuya velocidad pasa frecuentemente desapercibida. A veces las creemos exageradas (“esas cosas no ocurren”) y nos sorprendemos cuando nos damos cuenta de que sólo lo parecen. Así, vemos al padre de la pequeña Miss Sunshine escribiendo las recetas para triunfar mientras fracasa según sus propios estándares en todo lo que hace. O al médico que se llena de honores y vive tranquilo consigo mismo habiendo inducido el asesinato de su amante en aquella película de Woody Allen donde, como en la vida real, los malos ganan. O la maravillosa narración de los avatares de una pareja en las Escenas de la Vida Conyugal de Bergman, tan fuerte, tan íntima, tan bien comunicada, que lo observado varía con la edad del espectador. La lista es interminable (El Frasco, por nombrar una reciente). Pero es cada vez más difícil acceder a esto que aquí llamamos cine arte, una de las pocas fuentes de material de análisis y discusión para quienes no somos siquiatras, pero sí observadores del comportamiento.

Cuando se instaló ese gigantesco multicine a pocas cuadras de nuestra casa, la desconfianza inicial fue superada rápidamente al recibir las buenas nuevas: cuatro de las salas estarían dedicadas permanentemente al buen cine de autor, como le llaman los españoles. El lugar se convirtió en punto de encuentro con amigos y conocidos, lo que aumentó su atractivo, generando conversas que se prolongaban, amenas, en alguna de nuestras casas. Esto se acabó hace más o menos un año. Por ahí nos enteramos de la venta del local y supusimos que los nuevos dueños estaban apuntando a la ganancia de corto plazo (el síndrome del país de hoy). Se acabaron las excursiones familiares al lugar de marras y retornamos al circuito relativamente disperso de salas que aún traen buen cine, sólo para constatar que las cosas han cambiado. Una de estas entrega las películas en formatos inadecuados, otra tiene serios problemas de sonido y una tercera descuida la luz que se filtra por el acceso. Quedan, sin embargo, un par de lugares confiables, tanto en lo técnico como en el material que muestran: el viejo Normandie y el Centro de Extensión de la U. Católica; puede que el Centro Cultural de La Moneda llegue a serlo.

Tal vez me puse demasiado cómodo. Tal vez los ganadores de la mayor cantidad de dinero en un plazo breve son los dueños del mundo y me cuesta aceptarlo. Tal vez debo encerrarme a ver cine en DVD. Tal vez me gustaba sentir que en ese multicine había buscadores del Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 18:02:24
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