Besos fértiles
Para explicar algunos elementos de su gramática generativa, Noam Chomsky entregaba el ejemplo de un niño que aprendía que ese bicho de cuatro patas, hocico largo y cola se llamaba perro; más adelante, en la primera ocasión en que ve un caballo lo llama también perro. Esto que nos puede causar gracia es, en realidad, una asociación y generalización bastante normal; llamamos silla a todo artefacto de cuatro patas, una plataforma para sentarse y un respaldo, o libro a muy diversas colecciones de hojas impresas y empastadas. Somos unos campeones de las asociaciones de todo tipo: visuales, auditivas, táctiles y así. Aquí va una muestra que también fue una lección en mi papel de padre.
Los viajes al cine con mis hijos fueron una ceremonia repetida que jamás me cansó y que nos deparó momentos que difícilmente saldrán de la memoria. Muchos tienen que ver con la película misma, como es el caso de Victory (conocida aquí como Fuga a la Victoria) que combinaba resistencia al nazismo y fútbol. Sólo la vi con mi entonces pequeño hijo mayor. La comentamos tantas veces que se convirtió en referencia obligada para el menor hasta que la consiguió en DVD; la volvimos a gozar. Otros momentos para mi inolvidables nacieron al calor de esas visitas, como aquella vez en que decidí aprovechar el comienzo de una película para entregar una lección de educación sexual a mi hijo menor.
Fue al comienzo de Look Who’s Talking Too, título que fonéticamente podría traducirse como Mira Quien Habla También, o Dos. Se trataba efectivamente de la secuela de una película en la que el narrador es el niño por nacer y el héroe es un taxista (John Travolta) que desposa a la madre. La segunda parte comienza con los escarceos amorosos de Travolta y su mujer en la cama; mientras se besan y acarician apasionadamente aparece en pantalla una animación en la cual un grupo de espermatozoides se va preparando para hacer su tarea. Los óvulos entran a escena y, finalmente, uno de ellos es fecundado. Aprovechando la magnífica representación animada de la concepción de la hermanita, le fui explicando a mi pequeño el mecanismo de la fecundación. Quedé muy satisfecho de haber aprovechado tan bien esa inesperada ayuda.
Una noche poco tiempo después mi mujer y yo leíamos en nuestra cama matrimonial cuando apareció el menor a preguntar algo. Por alguna razón en algún momento besé a mi mujer cariñosamente en la boca, ante lo cual el muchachito preguntó sonriente si íbamos a tener un tercer hijo. Luego agregó que no entendía bien cómo los bichitos esos llegaban desde mi boca a la guatita de la mamá. Recapitulé rápidamente y vi los besos y caricias de Travolta y su mujer superpuestos con los espermatozoides nadando veloces hacia los óvulos; la asociación no podía ser más evidente, pues ni las escenas ni mi lección incluían la forma real en que el puente entre unos y otros se establecía. Decidí corregir el asunto y completar la clase, ante lo cual el pequeño sentenció que el mecanismo le parecía muy difícil.
Entre los malos entendidos y las asociaciones sensatas fruto de explicaciones a medias hay poco espacio. Tal vez por eso tiendo a repetir algunas cosas en el programa, intentando coherencia y buena pronunciación; la búsqueda del Bello Sino requiere llamar pan al pan, coito al coito y democracia representativa a lo que nos gustaría tener.