Los unos y los otros
Un músico de los setenta me contaba de su viaje al norte con unos amigos. Saliendo de Santiago ese miércoles por la tarde buscaron música en la radio y se quedaron en la 102.5 oyendo un tema de su propio grupo (de raíz folclórica, se diría hoy) incluido en el único disco que grabaron a fines de esa década. Despertó su curiosidad la posterior descripción relativamente acuciosa de la apariencia física de los integrantes y algunos detalles poco difundidos de su historia. Más sorprendido quedó cuando, tras algunas referencias a la visita que ellos hicieron a Estados Unidos, el programa continuó con el sonido intenso del soul negro seguido de un rockero español contemporáneo y un twist al cierre ¡Si hubiese sabido que ese programa había comenzado con un bolero! Es que había escuchado Bello Sino por primera vez.
Sólo programo música que pueda describir con entusiasmo, sacada de cualquier rincón de mi colección. Con esa única condición, cualquier estilo y época puede llegar a la lista de temas que entrego todos los miércoles a quien esté en la mesa de sonido. No es extraño entonces que a Los Panchos le siga R.E.M. o que las guitarras de los Rolling Stones sucedan a Inti Illimani, Abba a Rubén Blades, Bersuit Vergarabat a Bob Dylan, Gilbert Becaud a los Eagles o Doménico Modugno a Police. Y que entre los unos y los otros se deslicen localmente desconocidos rockeros búlgaros, cantautores que he escuchado en salas de Austin o en actos multitudinarios en Paris, tríos yucatecas regalados por algún amigo mexicano, guitarristas armenios, músicos italianos contemporáneos de influencia medieval, poperas chinas, fadistas recomendados en Lisboa y agudos críticos australianos ¡Si hasta he intercalado piezas breves de Chopin, Satie y Debussy!
Usted lo sabe tan bien como yo: no hay razón alguna para tener que optar entre estos y aquellos, ni en el teatro nacional, ni en la literatura universal, ni en la música. Si la sensual letra y melodía de las Burbujas de Amor de Juan Luis Guerra nos conmueve tanto como la melancólica denuncia de Leonard Cohen en Everybody Knows, como la magnífica interpretación y arreglo de los Sinatra para Something Stupid o como la fuerza incisiva de Los Prisioneros en Por Qué no se Van, ¿por qué habríamos de tener que elegir? Las escuchamos todas, las cantamos todas ¿O no?
Agradezco el aprecio mostrado por Ustedes en los mensajes de celebración de las 300 emisiones de este programa. A doña Eugenia que se entretiene en su casa, a don Alberto que aprecia el sentido común y el respeto, a don Ricardo que nos percibe como un bálsamo, a don Juan Carlos que le sube el ánimo, a don Jorge que nos escucha desde más de una década, a don Carlos que descubre nueva música, a don Agustín que nos aporta buenos recuerdos, a don Sebastián y su agudo análisis de las crónicas, a don Heriberto y sus jóvenes colegas, a Julia, Marcela y a tantos cariñosos buscadores del Bello Sino, que no claudican, que construyen un mejor destino colectivo en su diario quehacer, aquí y allá, con los unos y los otros.