Sunday, September 6, 2009

Bonito, Barato y Sabroso

Al menos en los lugares por los cuales circulo usualmente en Santiago – Ñuñoa, Santiago, Providencia, Macul - el número de restaurantes ha crecido de manera evidente. Intuyo que el crecimiento del ingreso por habitante, el aumento del hedonismo y – a pesar de los pesares – del tiempo de libre asignación, ha hecho crecer la demanda por los buenos lugares de comida. Pero en la mayoría de los presupuestos salir a comer sigue siendo una excepción en la rutina alimentaria familiar, lo que convierte en un interesante desafío encontrar restaurantes que combinen comida sabrosa, precio moderado y buen ambiente. Creo que no es una tarea tan difícil como podría pensarse, aunque tiene sus trucos y sus dificultades. Para empezar, lo que es bueno para unos no necesariamente lo es para otros, lo que precisamente genera un truco casi infalible y sus variantes; se trata de seguir a la gente como uno. Lo aplicamos con mi hijo mayor hace veinte años atrás en Buenos Aires; caminamos por las calles céntricas hasta notar un local con muchas mesas cubiertas por blancos manteles de papel, donde el flujo de entrada de gente que lucía como nosotros era constante. Así llegamos a Pippo, un clásico bonaerense, con carne bien preparada, buena atención y buen precio.

 

Pero no se trata sólo de seguir físicamente; las consultas también resultan si usted elige bien al encuestado. Los chicos y chicas que atienden en la Fnac de Callao, en Madrid, saben de música y libros y tienen un sueldo modesto; fueron ellos quienes me hicieron llegar a La Gloria de Montera, favorito de estudiantes y jóvenes en general, con un menú de precio fijo siempre bien elegido. Nunca me ha fallado este truco, también aplicado en múltiples ciudades y pueblos de nuestro país, donde la gentileza de nuestros compatriotas ha rendido sus frutos. Intentaré retribuir con algo de los sitios que conozco en Santiago y que están fuera del circuito tradicional, ni muy picadas ni muy cuicos, comenzando con la oferta de carnes a la parrilla. Es cierto que hay un par de sitios conocidos de buena relación calidad-precio, pero mi favorito es el Caminito, en la esquina sur-poniente de El Aguilucho con Chile-España, en la frontera de Ñuñoa y Providencia. He llevado ahí a familiares y amigos exigentes y siempre han salido felices: carnes en el punto pedido, ensaladas de ingredientes crujientes, masas y quesos como deben ser, buen surtido de vinos y útiles sugerencias de quien atiende. Recuerdo con placer el muy bien preparado asado de tira que pidió un amigo, pues es siempre un riesgo debido a la lenta cocción que requiere ese corte en un alto lugar sobre las brasas.

 

Entre los locales de comida peruana me quedo con el Olán - recomendación de mi hijo menor – en Seminario a media cuadra de Rancagua hacia el norte. Como es de fácil acceso y muy central, es probable que deba esperar para conseguir mesa, pero el corazón, los secos y el pisco sour valen cada uno de los minutos de espera. Si gusta de lo para nosotros exótico, el Rincón Árabe en Juan Enrique Concha a media cuadra de Irarrázaval (una cuadra al poniente de Plaza Ñuñoa, acera sur) es difícil de superar. Los tiernos rellenos de hojas de parra, el falafel, el humus y el tabule nunca me han parecido pre-hechos. Hace poco fuimos con mi mujer un sábado por la noche después de una función de teatro y estaba cerrado; nos instalamos en un local adyacente donde en algún momento vimos entrar al dueño del árabe quien nos dijo que cerraban cuando se les acababa la comida del día ¿Qué tal?

 

Ya que estoy en esto, debo mencionarle algunos platos particularmente bien logrados y de precio muy moderado en tres lugares de Santiago. Las morcillas dulces de La Uruguaya (dos locales; conozco el de José Domingo Cañas con Infante) que han cambiado mi negativo juicio acerca de las prietas; las pizzas del Golfo di Napoli (la de rúcula es una especialidad) en Irarrázaval a media cuadra al poniente de Pedro de Valdivia, acera sur; por último, y para mostrarle que las cadenas también tienen lo suyo, la ensalada César (un bowl con trozos de pollo, crutones y parmesano fresco rallado sobre una cama de lechuga) del Shopdog  me parece muy superior a muchas de restaurantes pirulos a la mitad del precio. Se que al contarle esto corro el riesgo de que mis lugares favoritos se llenen y que suban los precios, pero me pareció un deber: es que entre Bonito-Barato-Sabroso y Buscando-Bello-Sino hay un paso.

 

 

Posted by Argos Jeria at 19:56:01
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