Friday, August 4, 2006

Premios y castigos

Compleja tarea esta de tratar de entender el comportamiento humano (en particular de las humanas, diría algún conocido). Tan compleja como la de intentar cambiarlo. El personaje central de La Naranja Mecánica – novela de Anthony Burgess llevada al cine por Stanley Kubrick - hacía el amor al ritmo de Beethoven y salía con sus amigos a golpear mendigos o a introducirse en lujosas casas ajenas para intimidar a los dueños y violar a las dueñas. Cuando fue detenido, lo pusieron en un programa de rehabilitación que consistía en hacerle ver películas que mostraban el tipo de fechorías que él cometía, sometiéndolo simultáneamente a dolorosas torturas exactamente cuando la fechoría comenzaba. Una vez libre, cualquier intento de repetir los dañinos comportamientos anteriores fue frenado por el dolor físico que tal cosa le causaba, cual reflejo condicionado.

 

En el ejemplo anterior se muestra la posibilidad de modificar el comportamiento mediante estímulos y asociaciones que condicionan físicamente al individuo, tal como el perro de Pavlov producía saliva al oír la campana que sonaba cuando le traían la comida, aún si no venía comida. Este tipo de observaciones fue la base del Conductismo, teoría del comportamiento desarrollada por B. F. Skinner según la cual las conductas pueden ser condicionas según sus consecuencias positivas o negativas. Si bien esta escuela ha sustentado el uso de técnicas para corregir comportamientos considerados patológicos por siquiatras o sicólogos, su creador hizo notar también sus connotaciones sociales: “El grupo clasifica la conducta como buena, mala, correcta o incorrecta y usa estos términos como reforzadores condicionados para fortalecer o suprimir tal conducta.”

 

Terrible mecanismo, sobre todo si consideramos que puede ser el que describe la adopción individual de aquellos valores que, aunque terminen causando tensiones insoportables y angustia, son inducidos por un sistema económico como el nuestro justamente para sustentarlo y hacerlo sobrevivir. Premios al dócil, aislamiento al rebelde. Según Fromm, “la sociedad impone sus exigencias de represión amenazando con el ostracismo.” Pero el temor a quedarse solo no es el único mecanismo de domesticación (que puede ser combatido juntándose con otros “locos” que busquen el Bello Sino, para darse cuenta de que somos, en realidad, los más cuerdos). El mecanismo de control más efectivo actualmente fue bien descrito por Skinner hace ya varios años: el dinero. “Los trabajadores deben continuar recibiendo los reforzadores artificiales llamados salarios, y los ciudadanos deben continuar siendo amenazados con las consecuencias artificiales llamadas castigos.” En Las Invasiones Bárbaras, el viejo profesor que padece una enfermedad terminal es visitado por sus antiguos estudiantes, que le alegran la vida al decirle lo mucho que aprecian la formación que les dio. Terrible es la escena siguiente donde el hijo, un hombre de su época, entrega a los estudiantes la suma de dinero acordada para representar ese pequeño papel. Ánimo: la única chica del grupo se niega a recibir la paga. Seguro que ella es auditora de Bello Sino, o merece serlo.

Posted by Argos Jeria in 14:50:10 | Permalink | No Comments »

Saturday, July 29, 2006

Ni tiempo ni dinero (entre Auster y Fromm)

Buscando tiempo libre para escribir durante su juventud, el norteamericano Paul Auster no quiso acceder a trabajos estables con horario y sueldo fijo. Según cuenta en la breve autobiografía en que narra su vida ante de ser famoso (A Salto de Mata, 1997), osciló por varios oficios en una trayectoria sinuosa donde las traducciones y los escritos por encargo se intercalaban con trabajos en un barco petrolero, clases particulares o la labor de intérprete. Hasta que se dio cuenta de la necesidad de encontrar “un nuevo modo de abordar el dilema que me perseguía desde el principio: como conciliar las necesidades físicas y espirituales. Los términos de la ecuación seguían siendo los mismos: tiempo por un lado, dinero por el otro. Había apostado por mi capacidad de administrar ambas cosas, pero… me había empeñado demasiado en conseguir tiempo y no lo suficiente en ganar dinero, con el resultado de que ahora no tenía ni una cosa ni la otra.” No deja de ser notable que antes de llegar a esa conclusión, el autor de La Trilogía de Nueva York, El Libro de las Ilusiones y La noche del Oráculo, ya había lamentado haber tomado la decisión equivocada al aceptar asesorar a otra persona en la escritura de un libro pues “actué contra mi deseo, dejando que consideraciones secundarias influyesen en la claridad de mi intuición. En este caso, lo que inclinó la balanza fue el dinero.” Con cuanta razón Burruhs Skinner, el padre del conductismo, calificó al dinero como un “reforzador condicionado” (Reflexiones Sobre Conductismo y Sociedad, 1978).

 

Treinta años antes que Auster, Erich Fromm había escrito acerca de los aspectos sicológicos del sueldo asegurado. “Nadie tendría que aceptar condiciones de trabajo movido simplemente por el temor del hambre”. Uno de los obstáculos que Fromm visualiza para el paso de una sicología de la escasez a una de la abundancia es la transformación del hombre en homo consumens en la sociedad industrial contemporánea: el individuo voraz y pasivo que trata de compensar su vacío interior mediante un consumo permanente y creciente, que parece activo, pero en el fondo es ansioso, solitario, deprimido y hastiado. Como esta actitud es inducida por el sistema económico capitalista, el que a su vez se alimenta de ella, la sicología de la abundancia, premisa de la verdadera libertad creativa, no es posible pues el consumo no tiene límite. Fromm plantea como un avance hacia la libertad la sustitución de la producción de artículos de consumo individual por la de “artículos para uso público: escuelas, teatros, bibliotecas, parques, hospitales, transportes públicos, viviendas…”. Vaya, y aquí vamos destruyendo plazas, parques y barrios, favoreciendo al automóvil y pidiendo cheques en garantía.

 

Mientras recuerdo a escritores cuyo sueldo asegurado les permitió desarrollar sus habilidades creativas (Mario Benedetti y Jorge Edwards, entre ellos), escribo esta crónica sin recibir pago por ella, basado en los comentarios que hice en un programa donde tampoco hay dinero involucrado. Y siento un enorme placer al hacer ambas cosas, que puedo desarrollar libremente gracias a mi sueldo asegurado, buscando sin desmayo el Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 14:01:04 | Permalink | Comments (2)

Sunday, July 23, 2006

Autopistas despistadas

He citado varias veces la inversión en autopistas para Santiago como ejemplo de nuestra democracia mentirosa, ya que se habló de la imperiosa necesidad de detener la caída del porcentaje de viajes en transporte público (objetivo planteado por el propio presidente Lagos), pero se construyeron 150 kilómetros de autopistas urbanas para el automóvil. Este plan (porque fue un plan) fue descrito y justificado años atrás como complemento de la modernización del transporte público por un subsecretario de Obras Públicas. Hace unos días, una editorial de El Mercurio se refirió al postergado Transantiago como un complemento de las autopistas. El realismo trágico de las mentiras verdaderas. En nombre del transporte público se construyen autopistas y en nombre del desarrollo urbano se destruye la ciudad. Veamos.

A finales de los años cuarenta, Simone de Beauvoir hizo su primera visita a los Estados Unidos de Norteamérica. Gran escritora, Simone llevó un diario de vida que luego sería publicado con el título América Día a Día. Allí cuenta su paseo peatonal por la calzada elevada que bordeaba el East River en New York. El drive, como la llaman los gringos, es sólo para automóviles, pero para una parisina acostumbrada a pasear por las orillas del Sena tal idea era simplemente impensable. Cuenta en el libro de su arriesgada maniobra para alcanzar una plazoleta junto al río, atravesando la autopista y saltando vallas. Al leer eso, la complicidad que yo había establecido con la compañera eterna de Sartre a través de tantos textos autobiográficos, filosóficos y novelescos, se transformó en hermandad por experiencias como las que ahora expondré.

En mi segunda visita a Caracas, mis anfitriones tuvieron la gentileza de alojarme en un hotel más bien lujoso en la cima de una pequeña colina, a cuyos pies corría una avenida – ancha como todas – por sobre la cual discurría… una autopista elevada. Sostenida por anchos pilares, la enorme vía aérea conformaba una suerte de techo para los peatones que nos desplazábamos a nivel de la calle. Como yo quería volver a visitar la zona de Sabana Grande, espacio peatonal que recordaba con cariño - gente jugando ajedrez durante el día, comercio ambulante por las tardes y restaurantes por la noche -, pregunté cuánto demoraría caminando. “Mucho”, me dijeron en el hotel y en la calle; “tome un bus”. Lo hice y tardé unos 25 minutos en llegar. El penúltimo día de la visita tuve una nueva oportunidad y, guiado esta vez por un mapa, caminé hasta el lugar cruzando la avenida bajo la autopista, rodeado por las columnas durante un tramo y bajo el sol el resto. Demoré 10 minutos. Concluí que la fealdad de la mole de cemento aéreo había distorsionado la percepción de las distancias a los habitantes de Caracas.

En otra ocasión, una amiga me dejó en una enorme tienda de juguetes a un costado de una autopista interurbana que llevaba a Nueva York. Me señaló el único edificio visible al otro lado de la vía, desde donde salía un bus hacia la ciudad, donde nos encontraríamos más tarde. Luego de adquirir algunas cosas en la tienda, pregunté cómo llegar al edificio. “Debe tomar la autopista y recorrer tres de las cuatro hojas del trébol”, me dijeron. Expliqué que no tenía coche. Me miraron cual marciano, meneando la cabeza negativamente. Bien. Fue la primera y única vez que caminé por una autopista propiamente tal; la vista desde el tramo central elevado hacia el tramo perpendicular más abajo era simplemente espectacular. Luego supe que estaba prohibido hacerlo (bueno, hay poco espacio para caminantes) y que había corrido serio peligro de muerte (¡Cómo me costó cruzar las vías del trébol para llegar al borde opuesto!).

Para no aburrirlo demasiado, termino con una historia más urbana. Mi familia y yo habíamos visitado una estupenda librería en un suburbio de Boston, a la cual llegamos en auto. Notamos que también llegaba allí una de las ramas de la línea del metro. “Qué bien”, pensé, “cuando me quede solo vendré en transporte público”. Así lo hice un mes más tarde. La estación daba al estacionamiento abierto de un pequeño centro comercial. Desde allí veía mi objetivo, la librería, situado exactamente al otro lado de… una ancha avenida cuyas eje central era una alta reja continua de alambre trenzado que se extendía hasta donde mi vista alcanzaba. No vi paso peatonal alguno para cruzar. Debe haber un paso subterráneo, pensé. Tampoco lo había. Pregunté (normalmente me resulta muy bien eso); fui informado de que debía caminar varios kilómetros para cruzar. No podía creerlo, aunque a nadie parecía preocuparle. De pronto se me ocurrió que no podía ser ni el primer chileno, ni latino (como le dicen a los hispanos allá) ni persona sin auto que llegaba en metro queriendo atravesar. Debía haber un hueco en la reja. Crucé para llegar a ella y, a menos de cincuenta metros de allí, en la primera dirección que tomé, llegué a un lugar donde el alambre aparecía cortado y suficientemente flexible para permitir el paso de un cuerpo humano. Los libros y discos me estaban esperando.

El ministro de Obras Públicas, que quiere ahorrar algunos millones, acaba de nombrar una comisión para decidir si la nueva autopista en Santiago (que correrá buena parte entre Ñuñoa y La Reina) será elevada o en túnel. El consultor privado que avaló las decisiones de invertir los dos mil millones de dólares en los 150 kilómetros de autopistas para los autos como parte del plan para detener el deterioro del transporte público, ha sido nombrado presidente de la comisión. Ha dicho recientemente a la prensa que “la primera opción es túnel”, pero que “habrá que ver cuánto sale el peaje”. Pero se refería sólo a las comunas más ricas, ya que el tramo de Tobalaba al sur iría en superficie o elevada. Lo entendí inmediatamente, pues así funciona la democracia mentirosa: como la autopista ya está decidida (un error que ya hemos discutido), se usará como excusa a la gente (los consumidores) para no hacer el túnel y se terminará por destruir nuevas áreas urbanas. Una de esas comunas, Ñuñoa, fue calificada hace poco por el propio gobierno como “la de mejor calidad de vida” para la gente (los ciudadanos). No es que estén despistados, es que sólo creen en los votos monetarios. Es que estos tipos no escuchan ni buscan el Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 16:37:00 | Permalink | No Comments »

Saturday, July 15, 2006

Siquiatras y sectas: la revolución sublimada.

La supervivencia de todo sistema social requiere de comportamientos que tiendan a reproducirlo, o al menos a no combatirlo. Si eso no ocurriese, habría revolución. Por ello, estos comportamientos funcionales al sistema son promovidos por quienes son favorecidos entre quienes no lo son. En el caso nuestro, el apuro, la ansiedad y la liviandad son el resultado de una presión permanente, del estímulo - mediante varios mecanismos - de la búsqueda de fama, riqueza, poder, o de lo que más se asemeje a ello aún en sus remedos más vulgares. Como nada de esto tiene límite, la insatisfacción permanente provoca las visitas al siquiatra en los adinerados y la integración a sectas u otros consuelos en los más pobres; la necesidad de una “psiquiatría de urgencia” en la atención médica primaria muestra un síntoma generalizado en nuestro país. Pero ¿no son personales los problemas psiquiátricos? 

 

Dado que los comportamientos “normales”, la ideología dominante o el carácter social, responden a la forma de organización económica, resulta útil mirar a las así llamadas sociedades avanzadas cuando estaban en etapas previas. Afortunadamente siempre ha habido testigos agudos de su tiempo, como el norteamericano Christopher Lasch que, en “The Culture of Narcissism” (1979), describió el comportamiento en Norte América durante la década de los 70. Dice Lasch que “Después de la confusión política de los 60, los norteamericanos se han refugiado en preocupaciones puramente personales. Sin esperanzas de mejorar sus vidas de manera relevante, la gente se ha convencido a si misma que lo que importa es el auto mejoramiento psíquico: comunicándose con sus sentimientos, comiendo alimentos sanos, tomando lecciones de baile, sumergiéndose en la sabiduría del Oriente, trotando, aprendiendo a relacionarse, superando el temor al placer”. “Sus anhelos no tienen límite, pero no acumula bienes y cosas para el futuro, a la manera del individualista adquisitivo de la economía política del siglo XIX, sino que demanda gratificación inmediata y vive en un estado de deseo impaciente, perpetuamente insatisfecho”. Notable, ¿no le parece? “Vivir el momento es la pasión que domina – vivir para si mismo, no para sus predecesores o la posteridad. Estamos perdiendo rápidamente el sentido de continuidad histórica”.

 

Como si esto fuese poco, Simone de Beauvoir ya había descrito en su América Día a Día (1954) al norteamericano medio que observó en su visita del año 1947, en la post guerra conservadora. “La verdad es que la mayoría tienen problemas con ellos mismos, la bebida calma ese malestar interior cuya manifestación externa más común es el tedio…” “A pesar de todo, el alcohol no es ninguna panacea y algunos individuos se atreven a expresar en público ese malestar que cada uno sufre en silencio: es ahí cuando… el psicoanálisis entra en juego. Si el psicoanálisis está tan en boga en América… no se debe a que los americanos crean en semejantes disciplinas  porque les ayudan a encontrarse a si mismos… Al sentirse inadaptado uno puede caer en la tentación de cuestionar el mundo: esta actitud revolucionaria constituye una amenaza peligrosa para la sociedad y angustia al individuo, que afronta decisiones, riesgos y responsabilidades a los que hay que enfrentarse. Se admite de antemano que el inadaptado ha incurrido en falta; y él mismo está encantado de considerar su desasosiego como una especie de catarro cerebral que, como toda enfermedad, tiene curación segura”.

 

Releyendo los párrafos anteriores, pareciera que estoy sugieriendo que, si no fuera por el alcohol, los siquiatras, las sectas y la droga, el cambio a una sociedad mejor podría surgir de la canalización comunitaria de la energía liberada. Vaya, tal vez necesito un siquiatra, o un trago. O un Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 15:04:04 | Permalink | Comments (2)

Friday, July 7, 2006

De bibliotecas y librerías

Pedí ir al colegio para aprender a leer solito El Caballero Blanco en la revista El Peneca. Tal vez allí comenzó todo. ¿O habrá sido cuando leí mi primer libro propiamente tal, Papelucho Historiador? Bueno, quizás fue cuando adquirí La Isla del Tesoro, de R. L. Stevenson, editado por la Colección Amarilla de Zig-Zag; el primero con mis ahorros. Sólo sé que durante este proceso, vivido entre los tres y los ocho años, se abrió una compuerta que aún no cierro ni me interesa cerrar. Y por ahí empezaron a entrar muchos, muchos libros.

Todo lector sabe que las bibliotecas son entes vivos que comienzan con un modesto estante, continúan cubriendo una pared y terminan por adueñarse de cuartos completos ¿Terminan, dije? No, el proceso de expansión continúa como el de las raíces de un gomero, provocando en los que creemos ser sus dueños – cuando en realidad somos sólo los brazos armados de las bibliotecas - la necesidad de diseñar agudas estrategias de conquista de espacios ajenos dentro de la casa. Y crecen porque los libros llaman libros, porque si el primero de un autor nos gusta y el segundo también, pues termina uno con todos los de Vázquez Montalbán, de Kundera, de Eco, de Pérez Reverte, de Auster, de Marías, de Amado, de Hornby y de tantos otros. Sin prisa, pero sin pausa, la intuición, la curiosidad y las recomendaciones de amigos lectores confiables, continúan estimulando el interminable proceso de crecimiento del espacio dedicado a libros, agotando los anaqueles primero, las paredes después, y al resto de los habitantes de la casa por último. Pero hay pocas cosas tan lindas como una biblioteca linda. Hermosa la de Montaigne, que pude visitar en su castillo cerca de Burdeos; es un cuarto espacioso y alto, con hermosas puertas de vidrio en las estanterías que tapizan completamente las paredes y una hermosa escalera de mano con ruedas para acceder a todos los rincones. Majestuosas las de las Universidades de Salamanca (España) o de Coimbra (Portugal), simplemente indescriptibles.

La primera biblioteca que recuerdo fue la de educación básica (entonces llamada Preparatorias) en el Liceo Manuel de Salas. A poco de llegar al Liceo, me llevaron allí mientras debía hacer tiempo para rendir algún test. Era una sala más bien pequeña, con mesas y sillas pequeñas y muchísimos libros de cuentos, de geografía, de letras y números. La Bibliotecaria, doña Jovita Maldonado, me explicó que podía ir cuando quisiera y leer, en silencio, cuanto quisiera. No podía terminar de creer tal maravilla. Por supuesto que fue lo primero que le conté a mi madre al volver por la tarde a la casa: ¡había un lugar lleno de libros de libre acceso! Más tarde conocería la biblioteca de Humanidades, administrada por la señora Seisdedos, donde al egresar del colegio había acumulado un fajo muy gordo de tarjetas de lectura.

Pero así como recuerdo la primera visita a una biblioteca, también recuerdo la última a una librería. A pocos días del golpe de Estado de 1973, fui a dar una vuelta al centro de Santiago, donde siempre me ha gustado pasear. En el pasaje frente al Banco Central en la calle Agustinas estaba la librería Austral, de propiedad del Partido Comunista (hasta donde recuerdo). Para mi enorme sorpresa, dada la virtual toma de Santiago por las fuerzas armadas y en medio de una represión intensa cuyos alcances aún no eran conocidos en todas sus dimensiones, la librería estaba abierta. En su interior, dos señoras atendían a un público inexistente. Dudé: ¿sería una trampa? Con un grado no menor de ingenuidad, ayudado por el rostro de una de ellas que me parecía haber visto antes, entré al local. Mientras miraba las estanterías, se me ocurrió que podría completar mi colección de libros de Luis Enrique Délano, padre del escritor Poli Délano, de quien había leído un par de novelas que me habían gustado. Pregunté. “Allá, en la parte de arriba de ese estante”, me dijo una de las señoras. Y, subido a una escalerita, me hice de todos los que encontré, incluyendo El Rumor de la Batalla y El Viento del Rencor. Al pagar, pregunté si mantendrían abierta la librería. Imposible olvidar esa respuesta: “claro, hasta que nos vengan a detener”. Hoy no me siento capaz de juzgar esa decisión ¿Valor? ¿Ingenuidad? ¿Irresponsabilidad? ¿Impotencia? Sólo se que la siguiente visita a la librería no fue posible pues nunca más la vi abierta, ni volví a ver a las señoras.

Y mientras escribo estas líneas y recuerdo con emoción y cariño a las bibliotecarias y a las libreras, mi propia Biblioteca me rodea y me protege matriarcal, haciéndome guiños cómplices, apoyándome y confortándome, ofreciendo generosa sus rincones. Y sigue creciendo, sigue ayudándome a buscar un Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 19:41:50 | Permalink | No Comments »

Friday, June 30, 2006

Activistas y emprendedores

Según se reporta recientemente en la prensa, la Policía Internacional habría informado que “como turistas ingresan a nuestro país una cantidad no despreciable de activistas y representantes antisistema”, quienes “generalmente se acercan a chilenos con problemas sociales”. Así, un argentino habría colaborado con los pobladores de la toma de Peñalolén, otro habría participado en las protestas estudiantiles y varios brasileños habrían estado en la protesta en la planta de Celulosa Constitución en Nueva Aldea. Representantes locales de organizaciones de defensa del medio ambiente han dicho recientemente que “ellos vinieron a apoyar nuestra causa porque en sus países también hay problemas ambientales tan graves como en Chile.” Pero el Ministro del Interior ha dado instrucciones para expulsar a aquellos extranjeros que ingresen con visa turista y se involucren en actos que afecten el orden público ¿Será por la visa? ¿Por los actos? ¿Por la definición del orden público? Cabe preguntarse cuál es el fondo del asunto.

 

Aparentemente se trata de impedir que ciudadanos extranjeros participen (activamente) en protestas ante proyectos o acciones que, dentro de la legalidad vigente, tienen curso permitido: la instalación de una planta de celulosa, el imperio de criterios de mercado en la educación o la posesión de terrenos. Pero tanto los extranjeros como los chilenos que protestan estarían rechazando (activamente) estos proyectos perfectamente legítimos desde el punto de vista de la ley. Luego, la diferencia, la dimensión especialmente negativa, radicaría más bien en su nacionalidad: no son chilenos.

 

Por otra parte, hay muchos extranjeros que vienen bien pagados a hacer proselitismo por las políticas de mercado, que defienden la actividad monopólica e intentan expatriar la mayor cantidad de ganancia posible. Lo hacen porque es su papel, pues son ejecutivos de las empresas transnacionales que tienen cargos de alta responsabilidad. Pero actúan dentro de la ley, pues la política imperante hoy trata explícitamente de atraer la mayor cantidad de capital extranjero (recuerde Usted que algún dirigente de un partido de gobierno planteó alguna vez que toda la política salarial, arancelaria y laboral debería estar al servicio de ese solo objetivo). Estos buenos extranjeros pro-sistema son llamados emprendedores y son muy bien recibidos, mientras que los que “se acercan a chilenos con problemas sociales” son los activistas y se promueve su expulsión.

 

Brian May y Freddy Mercury, el alma de Queen, cantaron en Wembley en 1986 que “todos los días nace un niño desamparado que necesita algo de amor en una casa feliz mientras en alguna parte un hombre rico sentado en su trono espera que la vida pase ¿Es este el mundo que creamos? Lo hicimos nosotros mismos ¿Es este el mundo que devastamos hasta los huesos? Si hay un Dios en el cielo mirando, ¿Qué podría pensar de lo que hemos hecho al mundo que él creó?” Supongo que a mí no pueden detenerme por programar esta hermosa canción en la radio. Pero se me ocurre que, si estuviese vivo, Freddy Mercury no podría venir a cantarla pues alguien podría entender la letra y… protestar, lo que haría de Mercury un activista. Y sería expulsado del país por buscar el Bello Sino.

Posted by Argos Jeria in 21:05:29 | Permalink | No Comments »

Sunday, June 25, 2006

Democracia e Hipocresía

Aunque conocemos las razones tras la génesis de nuestro extraño sistema de representación popular, no está de más recordarlo. El rediseño de distritos y el establecimiento de dos representantes por cada uno fueron establecidos por la derecha entonces gobernante para asegurar su propia sobre representación parlamentaria a costa de la desaparición de representantes de pensamientos con menos del 30% de la voluntad del electorado. Sumado al diseño de la constitución del 80, con sus quórum para posibles modificaciones, se logró establecer así la supervivencia y afianzamiento de las políticas centrales impuestas en los 17 años de dictadura por muchos años más.

 

Cuando hoy, debido a múltiples presiones, se plantean posibles modificaciones a esta forma de elegir representantes para transitar de nuestra democracia casi representativa a una propiamente representativa, surgen críticas que poco tienen que ver con los principios mismos de la representación. Hay dos de ellas que me parecen particularmente inadecuadas.

 

La prensa privada dominante ha sido insistente en insinuar que los cambios en estudio al sistema de elección deberían ser juzgados por sus resultados. Como el resultado de aplicar reglas que garanticen la proporcionalidad no puede sino conducir a la disminución del número de representantes de quienes actualmente eligen más que lo que corresponde a su porcentaje de votos, y del aumento de quienes eligen menos, juzgar por los resultados sólo significa avalar la oposición a los cambios por parte de los hoy favorecidos.

 

Por otra parte, la misma prensa, sumada a parte del conglomerado gobernante, sostiene que la representación proporcional erosionaría la gobernabilidad. Extraño argumento, pues la idea misma de la democracia representativa es la de evitar la inoperante discusión entre muchos millones de personas para legislar, delegando en un número reducido de ciudadanos el deber de representar las diversas corrientes de pensamiento, discutiendo y acordando los caminos que resulten de alianzas establecidas en el camino de la legislatura. No veo por qué la omisión de las necesarias tensiones que produce la diversidad generaría un mejor gobierno; un acuerdo de mayorías es más legítimo aún con la presencia (potencialmente disidente) de eventuales minorías en la discusión.

 

Creo que la oposición a la democracia representativa sólo revela la voluntad no democrática de quienes la plantean. Percibo en esa actitud el deseo de sumar a la desigual distribución de la riqueza (los votos monetarios) y al unilateral dominio del poder financiero en la prensa (los votos comunicacionales), la sobre representación parlamentaria afín al actual sistema. La representación proporcional es parte de la búsqueda factible de un Bello Sino, aquí y en la quebrada del ají.

 

Posted by Argos Jeria in 02:54:12 | Permalink | No Comments »

Saturday, June 17, 2006

¿Invertir o Entender?

Debo confesar que mi primera razón para la lectura es el placer de paladear un texto hermoso, una historia bien contada, un argumento bien fundado o un punto de vista interesante y motivador. Pero leer por placer no impide que, al mismo tiempo, aprenda. Es lo mismo, dirá Usted. Creo que no, puesto que, después de todos estos años, sigo comprando novelas y cuentos de los que también aprendo, más que enciclopedias o libros de texto de los que termino extrayendo placer. Es que las motivaciones básicas van retroalimentando una forma de ver el mundo.
Algo semejante ocurre con la educación o, mirado desde la perspectiva del receptor, con el aprendizaje.

Guardé por mucho tiempo una revista universitaria en la que un director de escuela y un empresario se dirigen al alumnado para hablar de la enseñanza de la Ingeniería. Mientras el director se refería a la necesidad de entender bien las materias para hacer las cosas de manera adecuada, el empresario enfatizaba los años que habría que invertir para adquirir conocimientos que luego se traducirían en un buen salario. Nuevamente Usted podrá decir que es lo mismo, pues hacerlo bien va de la mano de un buen salario. Muchas veces es así. Pero estudiar para entender no genera la misma visión de la vida que hacerlo para ganar dinero. Entre otras cosas, la fuerza motriz que motive la adquisición de conocimiento generará una forma particular de relación con el trabajo, haciendo que el individuo elija un trabajo u otro (cuando puede elegir) motivado ya sea por el agrado o por el salario. Le hago notar que esta no es una decisión trivial, y que la ideología dominante hoy difícilmente permite a los individuos darse cuenta de que, dentro de ciertos límites, es más fácil hacer que le suban el sueldo en un lugar escogido por placer que hacer placentero un lugar escogido por dinero.

La adquisición de conocimiento tiene también otras dimensiones, como la responsabilidad en los estudios, por ejemplo. Aquí creo que todos los caminos conducen a Roma. Si Usted es un alumno conservador, que gusta del sistema de mercado y del status quo, que desea invertir en los estudios para aspirar a un mejor salario, tiene que estudiar clase a clase y hacer sus tareas. Y si Usted es una alumna progre, que desea cambiar el mundo y construir un mejor destino colectivo, pues me temo que también deberá esforzarse en los estudios pues de lo contrario puede que termine construyendo un destino peor. Así es que, por aquí o por acá, por dinero o para buscar el Bello Sino, hay que estudiar, entender y enseñar. Y también cantar, bailar, pololear, discutir, reclamar y abrazar, que lo cortés no quita lo valiente.

Posted by Argos Jeria in 09:33:03 | Permalink | No Comments »

Saturday, June 10, 2006

Objetivo y subjetivo

No es sencillo extraer información estadísticamente relevante acerca de aquellas dimensiones más íntimas del comportamiento humano como las sexuales. Si usted distribuye una encuesta donde consulta si el encuestado(a) ha engañado a su pareja en el último año, lo más probable es que reciba un cien por ciento de NO como respuesta. Pero infieles hay. ¿Cómo lograr respuestas sinceras? Una forma posible es pedir a cada encuestado que, antes de contestar, lance un dado y sólo él o ella mire el resultado. Luego deberá contestar, pero diciendo la verdad sólo si le ha salido ciertos números y mintiendo si le han salido los restantes. De esta manera, un si puede ser si o no con probabilidad conocida, a partir de lo cual puede inferirse el número de infieles, pero sin saber si cada cual lo fue. Se mantiene el anonimato y se mide lo buscado ¿Qué tal?

Hace poco leí acerca de un estudio sobre la percepción de la sexualidad en mayores de 45 años, hecho a partir de conversaciones astutamente diseñadas con varios grupos pequeños de personas. Lo notable de los resultados es la percepción distinta entre hombres y mujeres. Ellas declaran saber que pueden aspirar a una buena sexualidad y que esa demanda es legítima, por lo que la expresan con fuerza, en tanto que ellos comienzan a sentir una leve sensación de decadencia física y falta de deseo sexual más bien asociado a preocupaciones laborales. Además, se percibe que los hombres prefieren no hablar de sus problemas sexuales, en particular de la disfunción eréctil y, en menor grado, de la eyaculación precoz.

Notable diferencia, pues los fisiólogos concuerdan en que el apetito sexual disminuye en ambos sexos en la madurez. Lo más probable es que la positiva perspectiva subjetiva de las mujeres maduras radique en la superación de tabúes y la lejanía en el tiempo de ambientes sexualmente represivos como el hogar paterno, efecto liberador que en ellas resulta subjetivamente más fuerte que la aún moderada decadencia física: la mujer con experiencia.* No es el único caso en que lo subjetivo y lo objetivo apuntan en direcciones diferentes. Sabido es, por ejemplo, que el alcohol disminuye el deseo sexual, pero muchos despreciables machos acuden al alcohol para lograr los favores de su presa. Lo que parecería ocurrir en este caso es que la desinhibición provocada en ellas por la bebida supera la moderada baja de libido.

Todo esto me trae a la memoria una maldad cometida durante una comida de celebración del cumpleaños de un amigo hace unos quince años. Seríamos unos veinte comensales en torno a una gran mesa. El tema de conversación era la propaganda en el cine. Mientras tomábamos un consomé, señalé que me había llamado la atención un comercial donde, para promover el uso de algún medicamento que prolongaba la erección, se informaba al espectador que dos tercios de los chilenos eran eyaculadores precoces. “Y como yo no lo soy”, agregué, “la probabilidad de que cada uno de ustedes lo sea es bastante alta”. Lo notable fue que, más allá de algún atragantamiento y de la risa de algunos amigos y amigas, no hubo mayores comentarios posteriores. A veces me pregunto si la búsqueda del Bello Sino estará plagada de toqueteos debajo de la mesa.


*Tema ya tratado en el artículo “En brazos de la mujer madura”, http://www.radio.uchile.cl/interno.asp?id=24984

Posted by Argos Jeria in 04:13:21 | Permalink | No Comments »

Sunday, June 4, 2006

Forma y fondo en la democracia mentirosa

En este loco afán de hacer todo tipo de campeonatos y concursos, en algún lado se les ocurrió encontrar la palabra más bonita del idioma castellano. Pensé en términos puramente estéticos y se me ocurrieron varias: prístino, entusiasmo, terciopelo. Pero en la votación ganó la palabra amor, evidentemente por su contenido y no por su forma. Me pregunto si será posible separar ambas dimensiones en las palabras, tal como en la lectura de un texto parece factible distinguir entre lo que se quiere comunicar y la manera en que el mensaje es comunicado. Pero aún si uno quisiese juzgar sólo esto último, podría hacerlo tanto por su efectividad, es decir, por su contribución a la claridad del mensaje, como por la calidad de la prosa; incluso en este terreno se puede hacer análisis literario descubriendo las metáforas o las hipérboles, o mirando la ortografía y la redacción. De lo que me caben pocas dudas en el Chile de hoy es del uso de la forma para ocultar el fondo. Y digo uso, y no abuso, porque ya es claro que hay premeditación.

Se manifiesta preocupación por la inestabilidad en el empleo, principal fuente de angustia de mis conciudadanos, pero se impulsa la “flexibilidad” laboral. Se publicita el mejoramiento de la locomoción colectiva de superficie, pero se invierte dos mil millones de dólares en autopistas urbanas. Se predica la libertad de enseñanza, pero se privatizan los liceos fiscales. Y nos dicen que los cambios necesarios no pueden hacerse porque se necesita un quórum inalcanzable en el parlamento, pero no se desea cambiar el inadecuado sistema de representación popular. Y así, en nombre de la democracia y la libertad se ha terminado por establecer la dictadura del dinero, que sería fuente de todas las libertades. Y esto se ha hecho llamando pan al excremento y vino a la hiel.

En su obra de teatro “Nos tomamos la Universidad” Sergio Vodanovic mostró las luchas reformistas de los jóvenes universitarios a finales de los sesenta. Si bien nunca aparece en escena, el académico enemigo de los cambios, el “piojo” Henríquez, se metamorfosea para ser el triunfador del movimiento, ya desgastado. Hoy, con los estudiantes secundarios en las calles denunciando que el emperador y su sucesora están desnudos, los adalides de la destrucción del sistema de educación pública pretenden aparecer como los defensores de la necesidad de reformas en la educación, declarándose impotentes ante la falta de los consensos necesarios. No les creo. Esta vez no se trata de los ladrones persiguiendo a los jueces; son los ladrones travestidos en sacerdotes predicando la nueva verdad quince años después de haber dado la bendición al cuerpo legal de última hora que dio forma a tal engendro: la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza promulgada el 7 de Marzo de 1990. Pero nuestros actores secundarios son hoy, veinte años después de su derrota,* los verdaderos protagonistas de la búsqueda de un mejor destino colectivo para nuestro país, de un Bello Sino sin piojos en las comisiones.


* “…la batalla contra la municipalización de los colegios públicos, hasta entonces pertenecientes al Estado, la dieron los chicos durante el año 1986. Y perdieron. Esto ocurrió sólo a dos años del triunfo del NO y de la aceptación del marco constitucional de la derecha. Pero en 1989 nadie en el gobierno planteó corregir ese reciente desatino. Claro que a los muchachos les dieron tarifa escolar en el Metro, para que pudieran llegar a sus colegios municipalizados.” (ver ¿Y cómo llegamos a esto? en Buscando el Bello Sino, o en http://www.radio.uchile.cl/interno.asp?id=16180).

Posted by Argos Jeria in 19:03:54 | Permalink | No Comments »